Madrugar ya supone en sí un duro drama cotidiano semanal. El acto en sí supone alterar el estado de sueño en el que uno se encuentra para despertarse antes que el reloj biológico lo haga de forma natural. Hay personas que no les cuesta nada superar este duro momento del día. Hay otros que el esfuerzo les resulta una hazaña heroica. Pero todos terminan en la cocina preparando el primer café, cola cao, nesquik o vaso de leche con el que van a inaugurar su nueva jornada matinal.