Desde hace unas décadas, la vida en el campo viene ensalzándose por encima de las virtudes de la vida en la ciudad. El estrés, el tráfico, la polución, el ruido, la sobrepoblación… han sido factores que van en detrimento de la calidad de vida en las grandes urbes. Esto hace que la vida a las afueras del centro urbano se haya idealizado de una forma o de otra, donde la calidad de vida es el principal argumento convincente para instalarse en él. Desde la época romana, las grandes fortunas solían pasar largas temporadas en villas de campo situadas fuera de la capital del Imperio, como en la célebre Pompeya. Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, las nobles familias inglesas solían vivir en grandes mansiones y palacios a las afueras de las urbes, gozando de una vida mucho más saludable y disfrutando de unos paisajes increíbles. Sin embargo, no todo es tan idílico. La mayoría de los autores olvidan los elementos secundarios que pueden convertir la vida en el campo en toda una quimera, desde las alergias, pasando por los animales  salvajes campestres, los insectos y sus inevitables picaduras… haciendo un verdadero infierno de un agradable día en la naturaleza. Aunque, con todo y con ello, la vida tranquila y apacible en el campo sigue manteniendo un especial interés, como para los protagonistas del artículo de hoy.

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En el condado de Cornualles se encuentra una antigua casa construida en 1680. Obviamente, la arquitectura de una casa de pueblo de aquella época no tiene nada que ver con la magnificencia de las grandes obras civiles  o palaciegas que se venían dando, siempre en estilo gótico florido. Vendría a recordar más a las casas de pueblo de nuestro país, levantadas con mampuestos y mortero, con grandes y gruesas paredes para proteger del frío, la humedad y el calor y pequeñas ventanas al exterior.

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Un matrimonio inglés ha decidido restaurar esta maravillosa casa de época para convertirla en una vivienda acogedora y diferente a las demás, siendo el resultado algo simplemente genial. El exterior ha sido revestido con cal blanca y el tejado se restauró por completo. El porche de entrada consta de un curioso jardín, realizado con piedras de gran tamaño que se adaptan e integran en la estética del edificio y del lugar donde se ubica, ya que se encuentra rodeado de una naturaleza muy típica de la campiña inglesa.

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Llama principalmente la atención la baja altura de la puerta de acceso y de la vivienda en general. La altura media de aquella época no era superior al metro y medio de altura y es lógico que las casas estuvieran acondicionadas a la altura de sus inquilinos. Al interior los espacios están adaptados para superar este contratiempo. Así, en el salón de la casa, hay un pequeño escalón que permite ganar algo más de altura para acomodarse en el sofá y disfrutar de una agradable velada junto a la chimenea. Además, las paredes están pintadas en color blanco para dar la sensación de mayor espacio y luminosidad.

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Muchos de los muebles que decoran el interior siguen una línea estética de antigüedad en madera para no perder contacto con el entorno en el que se hallan. Un gran baúl de madera en el salón o la chimenea que es original de la casa con algunas modificaciones, las mesillas de la habitación principal, el aparador de la cocina… todos guardan relación directa con la casa. Incluso el baño ha sido elaborado combinando elementos modernos que dan la sensación de antigüedad, con un resultado soberbio. Sin embargo, los muebles de la cocina son más modernos y está equipada con todo lo necesario para la vida diaria en el hogar.

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Cabe destacar que se han realizado obras de instalación de agua potable, calefacción central y fontanería para poder adaptarla a las necesidades actuales, ya que al ser tan antigua no contaba con los acondicionamientos para la vida en el hogar. Además, la casa cuenta con un pequeño pero acogedor patio interior que cuenta con un bonito pabellón para refugiarse en los días de lluvia.

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El resultado es, sin duda alguna, una casa acogedora y habitable, con todos los elementos necesarios para el día a día y con un encanto personal que mezcla lo antiguo y lo moderno en un entorno inconfundible como es el paisaje natural inglés.