Con la llegada del verano, el calor y la búsqueda de un lugar para recuperar la energía y la tranquilidad se convierten en la prioridad de la mayoría de los seres humanos. Desde la playa pasando por la montaña y el turismo de interior, cualquier plan o idea es válida para poder tomarse unos días de descanso y buscar la armonía y el sosiego que se pierden por el desgaste diario. Desde muy antiguo, el uso de lugares balnearios a lo largo de nuestro país han sido empleados con esta finalidad. En España, la impronta de las termas romanas y poco después, en el medievo, la llegada de los pueblos árabes y la influencia judía trajo consigo la proliferación de baños públicos en todas las ciudades. Sólo la llegada de la terrible epidemia de Peste, que asoló toda Europa, fue la única capaz de detener ell auge de estos establecimientos. Hasta el siglo XVIII, no se volverá a desarrollar en nuestro país un interés patente por los lugares balnearios y sus propiedades terapéuticas.

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