Cuando la creación artística esconde un espíritu lúdico, divertido y travieso resulta de lo más atractivo para un espectador ávido de sorpresa e innovadoras propuestas. Provocar desde lo inesperado para ofrecer después una grata experiencia es la clave del trampantojo cuyo principal atractivo le aleja de la habitual funcionalidad de un arte figurativo para transgredirlo y buscar precisamente el extremo opuesto: fingir para aparentar que es algo totalmente diferente. Lo curioso de esta técnica es que tendrá éxito sólo si consigue engañarnos.

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