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El arte «embrujado» de Abigail Larson

Una vez, en la lúgubre media noche, mientras meditaba débil y fatigado sobre el ralo y precioso volumen de una olvidada doctrina y, casi dormido, se inclinaba lentamente mi cabeza, escuché de pronto un crujido como si alguien llamase suavemente a la puerta de mi alcoba.” Con estas palabras comenzaba Edgar Allan Poe una de las obras más conocidas de la literatura romántica estadounidense  que le dio fama a nivel internacional.  Fue precisamente durante el Romanticismo cuando surge una estética nada convencional que enlaza con lo tétrico y lúgubre y de la que Poe se convertirá en su símbolo más reconocido. Lo cierto es  que sucumbir a la llamada del terror no es tan complicado, ya que el espectador tarde o temprano se deja arrastrar por una serie de emociones que llevan a un estado de ansiedad en el que su adrenalina le pide cada vez más. La ilustradora Abigail Larson no ha podido resistirse a la llamada de lo gótico y lo romántico. Y es de esta llamada donde nace una inquietud artística bastante original.

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Larson creció con la idea de convertirse en cantante de ópera algún día, al igual que sentía un profundo vínculo con el espectáculo circense al que pensó unirse. Cosas de niños. Aunque aún sigue rondando por su cabeza ambas ilusiones de la infancia. Sin embargo, ha sido la estética de lo gótico y bizarro la que ha ganado terreno en su vida profesional. Siempre se ha sentido atraída por la obra de Edgar Allan Poe y Dr.Seuss y sus películas favoritas son las de terror, como «Drácula» de Bram Stoker y «Frankenstein» de Mary Shelley. Desde el punto de vista artístico,  sus influencias más notables son Arthur Rackham, Edmund Dulac, Kay Nielsen, John William Waterhouse y Edward Gorey.

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Sus trabajos de ilustración llegan principalmente al público infantil y juvenil. De hecho, sus principales clientes son editoriales para ilustrar libros para este tipo de lectores. También ha expuesto en numerosas galerías de arte a lo largo de todo Estados Unidos e incluso en algunas exhibiciones europeas en Madrid, París y Londres. Actualmente, se encuentra desarrollando una serie de ilustraciones para una nueva edición sobre “La Bella y la Bestia”.

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Sus obras están realizadas en lápiz y acuarela pero con un ligero toque digital. Sus personajes surgen de un profundo análisis interior y exterior que hace la propia artista sobre los miedos  y supersticiones del ser humano. Estos elementos quedan perfectamente ensamblados a través de un toque de época que la artista les da, ambientando a sus personajes en el mismísimo siglo XIX, época del Romanticismo y de la estética romántica por antonomasia.  Lo gótico y lo romántico quedan entrelazados trasladando al espectador en el espacio y tiempo, en un mundo irreal que es fruto del nuevo género literario que aparece durante la época romántica: la novela de terror.  Sus personajes narran historias que parecen sacadas de cualquier obra de Poe. Y son precisamente esas historias las que enganchan al espectador.

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Lo macabro y lo tétrico que  unen en unas ilustraciones que envuelven al que las observa y les atrapa en un mundo particular y maquiavélico. Un arte “embrujado” propio de otro tiempo, de otro espacio y otro siglo pero que envuelve y engatusa a todo aquel que lo contempla.

Renegando del “brit art”

“El arte no debe representar lo nimio”. Cuando Goethe recogía estas reflexiones acerca de la disciplina artística las enlazaba con lo expuesto en su obra “Teoría de los colores” sobre el dibujo y la necesidad de representar la naturaleza, como fuente de observación y de inspiración, a través de él. Ya fuese por medio de vistas, marinas o cualquier otro tipo de representación artísticael paisaje ofrece una visión de la naturaleza que lo convierte en un objeto de contemplación y meditación por sí mismo. La reflexión obtenida de su contemplación era una práctica que enlazaba con los escritos místicos del siglo XVIII que circulaban por Europa y, en concreto, en la zona germana donde los elementos de la naturaleza se convertían en foco de admiración y reverencia que conducían a un estado sublime del espectador que los observaba. Ese estado sublime llegaba después de interiorizar la grandeza de la naturaleza en sí misma, la pequeñez del hombre como parte de ella pero también la comprensión de las limitaciones del ser humano como tal con el nacimiento de la psicología a través de estas reflexiones. El Romanticismo se convierte en el máximo exponente de esa búsqueda del paisaje-metafísico-reflexivo, que es idílico y acogedor pero a la vez ilimitado y sublime.

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Hoy en día, la pintura de paisaje no es la que un día brilló en los países germanos pero sigue sirviendo al espectador como elemento de reflexión y contemplación, de tranquilidad y de sosiego al observarla. El artista Peter Barker recupera el arte del paisaje en obras que destacan por una gran versatilidad, sinónimo del gran entusiasmo que emplea en su realización. El paso del tiempo y la captación del momento preciso en cada uno de ellos denota una gran calidad en el proceso de creación de sus obras y ofrece al espectador una completa visión del género paisajístico. Aunque la utilización del óleo es muy frecuente en sus trabajos, el pastel, la acuarela y la pintura acrílica también están presentes en muchos de ellos.

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Nacido en 1954, en Oxfordshire, pasó la mayor parte de su infancia viviendo en el campo. Este contacto inmediato con la naturaleza marcaría su necesidad de expresar el acercamiento a la misma a través de los óleos. Desde esos primeros años, el dibujo y la pintura fueron sus principales amigos. Su amplia capacidad de observación fue el elemento clave para plasmar en cualquier soporte todo lo que le llamaba la atención.

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Es curioso que siendo un adolescente decidiera cambiar la paleta de color por el palo de golf. Su gran afición a este deporte le llevó a convertirse en un profesional y a disputar campeonatos y torneos ganando el Trofeo Bedfordshire en 1979. Sin embargo, una vez retirado de este deporte retoma los pinceles a partir de 1983. El artista Caesar Smith le animó a dar a conocer sus obras en diversas galerías como Stamford Artists y la Ringstead.

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Pinta al aire libre y en el campo donde sus principales temáticas son, a parte del paisaje, las marinas, las naturalezas muertas, la fauna y los retratos. Además, Peter es un habitual en las exhibiciones del Pastel Society, el Royal Institute of Oil Painters y la Royal Society of Marine Artists. Sus últimos premios fueron otorgados en 2006 y 2009 gracias a la excelencia de sus trabajos. Australia y Estados Unidos también han sido testigo de sus trabajos y exposiciones, siendo poco a poco conocido en muchos otros lugares.

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Su máxima siempre ha sido poder vivir haciendo lo que le gusta y poder ganar dinero con ello. Un objetivo que ha conseguido a largo plazo y que este artista, que reniega del brit art y del arte moderno, ha logrado convertir en realidad. Sus pinturas son así herederas del paisajismo más romántico e idílico recuperando esas naturalezas idealizadas pero reales que una vez fueron exponente del siglo XIX.

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