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La sorprendente casa entre castillos de HOLA Design

Polonia es uno de los destinos favoritos elegidos por muchos europeos para conocer la zona central del continente. Sus bellas ciudades, como Varsovia o Cracovia, han podido conservar muchos de sus edificios históricos, a pesar de sufrir la invasión alemana en sus propias tierras durante la Segunda Guerra Mundial.

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Gente desnuda jugando desnuda en una cámara de gas: el arte que ofende a Israel

El arte es transgresor, si no no es arte. Si el arte no despierta emociones en el público, quizá no haya cumplido su cometido. Sin embargo, también hay que precisar que no todo lo que provoca emoción en el público es artístico. Con este debate sobre el tapete, quizá entiendan mejor la controversia que se ha generado en Polonia por la publicación de un vídeo en el que se muestra a un grupo de personas completamente desnudas jugando al pilla pilla en una cámara de gas.

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El tatuaje ‘animal’ de Joanna Swirska

En el mundo del tatuaje cada diseño es especial. Cuando el artista se pone manos a la obra no sólo está realizando un dibujo, copiando un boceto o reproduciendo una imagen.

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Las acuarelas arquitectónicas de Maja Wronska

Las pinturas denominadas “vistas” de una ciudad o de un monumento concreto fueron muy apreciadas durante el Barroco. Muchas de ellas servían para captar espacios y escenarios aislados para incorporarlos a obras mayores donde quedaban relegados a un segundo plano. La invención durante el siglo X de la denominada “cámara oscura” supuso un gran avance para la el campo de la pintura al proveer de imágenes mucho más potentes que el natural a los artistas que estaban interesados en los detalles y que las lentes de aumento permitían captar. Grandes artistas la utilizaron para capturar las vistas de ciudades como Delft, Venecia, Roma, Northumberland, Londres… y plasmar sus edificios y paisajes más emblemáticos y característicos, así como comprobar cómo han ido cambiando a lo largo de los siglos. La artista a la que dedicamos el artículo de hoy también es heredera de ese gusto por las ciudades y sus cambios de fisonomía, pero sobre todo por la arquitectura.

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Maja Wronska  nació en Polonia en 1989 teniendo muy claro que la arquitectura era su camino a seguir. Pero muchas veces cuando uno quiere hacer algo también se da cuenta que se le da bien alguna actividad complementaria. Cuando Maja estudiaba en la Universidad de Varsovia la pintura era una técnica complementaria a su formación como arquitecta. Dos años estuvo lidiando con los pinceles para poder sacar a la luz diseños arquitectónicos y proyectos que le exigían desde el resto de asignaturas. Pero como todo en esta vida está interrelacionado, y muchas veces te llevas grandes sorpresas, tuvo que alternar su pasión por la arquitectura con sus buenas dotes para la pintura.

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La artista polaca ejerce como arquitecta profesional pero trabaja como ilustradora freelance en sus ratos libres. Sus acuarelas han sido las más reconocidas a nivel de redes sociales pero también el dibujo a lápiz es uno de sus fuertes. La mayoría de las veces la arquitectura aparece como el tema central de sus composiciones pero bajo una mirada muy propia. Muy conocidos son los paisajes icónicos de ciudades como París, Praga, o Londres, donde muchos de sus monumentos o edificios emblemáticos son reconocidos por el observador que las identifica con un simple vistazo. El aura de ensueño y la propia interiorización de la artista le otorgan a estas pinturas un halo de melancolía muy característico.

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Actualmente ha realizado una serie sobre la ciudad polaca de Poznan, una de las más antiguas del país y que ostentó el título de capitalidad durante varios siglos. En ella la técnica de la acuarela deja ver un perfecto control del dibujo a través de los pinceles y del dominio completo del mismo. Se observa un trabajo meticuloso y perfeccionista, con una mezcla de colores variados, sutiles e irreales que permiten fijar la mirada sobre aquello que la artista quiere mostrar.

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Una obra única y con un sello personal muy peculiar, que ensalzan a esta joven y carismática artista como una futura promesa tanto del mundo de la pintura como del diseño.

Una lección de historia a pie de calle

La verdadera historia de un pueblo o una ciudad se encuentra escondida en sus propias calles. Cualquier trazado urbano puede dar una idea sobre el pasado histórico de un lugar echando un simple vistazo sobre su mapa. Pero existen otras muchas formas de mantener vivo el recuerdo de un lugar, ya sea a través de nombres de calles, de edificios monumentales, museos, fotografías… Una de las formas más comunes suele ser a través de la realización de esculturas que evocan un momento de gran importancia para un lugar o de algún personaje popular ligado a la vida del mismo. Muchas pasan desapercibidas, otras son reconocibles a simple vista, las más famosas son visitadas por los turistas. Pero, sin duda alguna, las mejores son las que traen a la memoria el recuerdo colectivo de un pueblo unido ante el dolor y la adversidad, ante la alegría y el júbilo, que no olvida que ese pasado les ha llevado a un futuro actual cuyas generaciones se sienten agradecidas por tanto esfuerzo, sacrificio y lucha.

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Paseando por las calles de Dublín se puede topar con las figuras de Rowan Gillespie, un tanto sobrecogedores e impactantes. Durante el año 1845 y 1849, Irlanda vivió la conocida como Gran Hambruna, un periodo en el que se sucedieron varias plagas que destruyeron el cultivo de patatas, junto con un sistema de explotación agrícola inhumano y una política inglesa poco favorable llevaron a la población a una catástrofe en todos los sentidos, tanto demográficos, sociales, políticos como económicos. Las impresionantes figuras realistas del artista irlandés  muestran el resultado de esos años de debacle y la situación de las clases obreras y campesinas que no tenían nada para comer. Esculturas broncíneas decrépitas y delgadas, rostros enjutos y cadavéricos, ropajes desgastados y raídos, niños desfallecidos o muertos, en el peor de los casos. Irlanda no olvida ni su historia ni su pasado.

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En la ciudad de Cracovia, muy cerca de la fábrica del famoso Óscar Schidler que salvó tantas vidas durante el Holocausto nazi, se encuentra el gueto judío creado durante la Segunda Guerra Mundial. En él se puede apreciar unas esculturas muy curiosas. Unas sillas metálicas se distribuyen por la gran plaza Bohaterów Gettase con una única finalidad: homenajear a la población judía polaca que fue enviada a este gueto y que, desde aquí, se trasladó al campo de exterminio de Auschwitz o Belzec para ser exterminada. Estas sillas representan el momento en el que los soldados nazis sacaban todos los muebles de las casas del gueto para comprobar que ni incluso los bebés quedaban escondidos en ellas.

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Una cara más amable muestra una serie de figuras que se encuentran a orillas del río Singapur, cerca del puente Cavenagh, en la ciudad de Singapur. “People of the river” son un conjunto de esculturas que muestran las costumbres de la población primitiva que se instaló en la ciudad singapurense, desde el siglo II de nuestra era, y, entre ellas, se encuentras estos niños que disfrutan del juego y del baño en la orilla del río. Alegría, gozo y diversión que se mezcla con el realismo broncíneo que lo representa.

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Viajando por Bratislava hay que estar muy atento por dónde se pisa. En el suelo de la calle Panská puede encontrarse, por sorpresa, con una alcantarilla abierta y de ella saliendo una simpática figura de un hombre, bautizado como el fontanero Chumil. Con ella, la población eslovaca recuerda el periodo de la Segunda Guerra Mundial cuando la población tenía que esconderse de los bombardeos y el asedio nazi en el sistema de alcantarillado de la ciudad.

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Por último, en la ciudad turca de Eceabat se levanta uno de los tantos monumentos que conmemoran la batalla de Galípoli o de los Dardanelos. Durante la Primera Guerra Mundial, las tropas francesas y británicas intentaron invadir y tomar el Imperio Otomano a través de los Dardanelos, con el fin de ayudar a las tropas rusas en su avance contra las potencias centrales, constituidas por el Imperio Alemán, el Impero Austro-húngaro y el Imperio Otomano. El resultado fue a favor de estas últimas gracias a la rápida respuesta del ejército otomano. Las figuras de los combatientes están realizadas a tamaño real y recrean la batalla con gran crudeza.

El encanto surrealista de Igor Morski

“Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna. Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo.Apollinaire dejaba claro con esta sentencia que el surrealismo nace como una necesidad de expresión del inconsciente. La consciencia no es capaz de censurar lo que llega de la inconsciencia del artista y esta vía le sirve para expresar libremente, y sin ninguna atadura, toda idea que nace, de una forma automática y sin restricciones. Pero, ¿y si se uniera bajo un mismo pincel el principio surrealista y un sutil encanto delicado? El resultado sería bastante claro: un artista de gran imaginación capaz de hacer atractivo cualquier pulsión inconsciente.

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Igor Morski nació en Poznán (Polonia) en 1960 y se graduó con honores en arquitectura y bellas artes. Empezó trabajando como diseñador para escenarios de teatro y para programas de televisión sobre cultura y debates. Después se dedicó a labrar una extensa trayectoria profesional dentro del diseño gráfico realizando portadas de revistas, posters, ilustraciones… en publicaciones de gran prestigio dentro del ámbito polaco, como Saatchi & Saatchi Singapur, Saatchi & Saatchi Sydney,  Abelson Taylor, WPROST, Newsweek, Bussinessweek, Manager Magazine o Charaktery. Actualmente el diseño 3D, el dibujo y la fotomanipulación están presentes en sus trabajos, que se realizan desde su estudio Morski Studio Graficzne.

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Entre los temas que recurrentes en sus ilustraciones aparecen la vejez, la naturaleza, los animales o la guerra. El intenso colorido que emplea le dota de gran fuerza visual tanto a las figuras que aparecen como al escenario en el que se integran. Además, es muy frecuente un cierto tono irónico y satírico con fuerte carácter crítico en todas sus composiciones.

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Para este artista, las ilustraciones que va creando sirven para dar soporte a los textos que acompaña dentro de las publicaciones de las que forman parte. Muchas veces las ilustraciones son claramente más convincentes que el propio texto. Con ellas intenta llegar al lector de manera concisa y directa para que con un único vistazo pueda comprender la profundidad de la historia que se narra.

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La sensación que causan todas y cada una de sus obras es la de despertarse en un mundo maravilloso, lleno de símbolos e imágenes que cautivan al espectador, con un toque de magia que envuelve por completo a quien lo contempla. La abstracción de cada uno de los símbolos parece conducir hacia un horizonte infinito que, de repente, colapsa y agita la mente del observador. Cada gesto y expresión del rostro nos lleva del momento de ensueño, puramente surrealista, a regresar a la realidad de nuevo, sobrepasando en muchas ocasiones lo carnal.

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El resultado es una obra donde todo lo que surge ante la mente del creador se lleva a la realidad a través del lienzo y lo impensable termina convirtiéndose en una realidad de un delicioso encanto que hasta el mismísimo Dalí hubiera alabado.

Un universo paralelo en 3D

Imagino el arte como un puente, un punto de conexión entre lo material y lo espiritual, entre lo vivo y lo ausente, entre lo personal y lo universal”. Con esta personal definición es fácil de comprender el trabajo del escultor polaco Adam Martinakis. Sus obras no pasan indiferentes ante el público que las contempla, que queda atrapado frente a una serie de figuras de forma humana de una estructura flexible pero a la vez estáticas y rígidas.

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Nacido en la ciudad de Luban, en 1972, con diez años se trasladó con su familia a Grecia. Estudió diseño industrial, artes decorativas y arquitectura de interior en Atenas para después empezar a experimentar y trabajar con animación por ordenador, imágenes digitales en 3D y nuevas tecnologías. Ha sido profesor de diseño interior, cerámica, diseño gráfico y artes digitales en muchos centros educativos, así como miembro de diferentes organizaciones dedicadas a las artes y de la Cámara griega de Bellas Artes. Actualmente, trabaja y vive a caballo entre Grecia, Polonia y Reino Unido.

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Lo que llama la atención de las figuras que crea este artista polaco es la fragilidad de sus formas y la búsqueda de luz combinada con oscuridad en sus composiciones. El concepto destaca por encima de la técnica en 3D utilizada. Para Adam, la técnica es el soporte para expresar la idea, ya que la idea es el verdadero espíritu de las artes. Si no hay un buen trasfondo o una buena historia, la técnica sobra.

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El trabajo en 3D requiere paciencia, dedicación, tiempo y desarrollo. El proceso que más tiempo requiere es el de crear los modelos que se van a utilizar. Para ello, y dependiendo del tipo de dificultad que requiera el modelo, utiliza software como Mudbos o Zhrush. Para los detalles generales destaca el uso de Autocad 3Ds Max, Vray para las representaciones, Photoshop para corregir los defectos y After Effects para editar vídeos.

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Sus obras tratan de explorar lo desconocido, a través de figuras que parecen congeladas en el tiempo y el espacio. Todas ellas parecen coexistir en un momento donde lo real y lo surreal se mezclan. Podemos observar una extraña mezcla entre la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, como si pudieran convivir en un universo paralelo ajeno a la realidad.

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Y así es como tituló su última exposición en Praga, Mundos Paralelos, para exhibir sus últimas creaciones. Un mundo que nace de la mente del autor y se materializa en forma casi humana a través del arte tridimensional, buscando intrigar a la vez que desasosegar al espectador.

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