Cada 15 de agosto, como viene siendo la tradición desde tiempos inmemoriales, Egipto celebra la crecida del Nilo. Durante el periodo faraónico, la crecida del río tenía lugar entre los meses de julio y noviembre. La celebración de este acontecimiento era un rito muy importante en el calendario y debía festejarse con todos los honores posibles. Si la crecida era buena, las orillas del Nilo volverían a ser fértiles y, con ello, las próximas cosechas estaban garantizadas. El limo acumulado permitiría que las semillas plantadas crecieran y se desarrollaran para dar de comer al agricultor que las plantaba y vender sus excedentes.  Si la crecida no resultaba óptima, el hambre podría tener efectos devastadores en toda la población.

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