Durante estos días, la ciudad de Palmira está siendo conocida por una serie de atrocidades que se han estado cometiendo sobre su suelo en ruinas, debido a la ocupación a la que ha sido sometida durante el último año por las tropas terroristas del EI. Hace unos días se conocía la recuperación del territorio por las fuerzas armadas del gobierno sirio, no exenta de polémica. El terreno donde se ubica esta joya arqueológica ha sido sembrado con minas en toda su extensión para dificultar, en cierto modo, el control sobre la misma por parte del gobierno sirio. La máxima de “un pueblo sin historia es un pueblo sin identidad” parece ser el lema por el que se intenta imponer a la fuerza una ideología o una forma diferente de entender la vida, intentando llevar al olvido la grandeza de un lugar cargado de gran significado histórico para una región en particular. El asesinato del ilustre arqueólogo Jaled Al Assad el pasado año es sólo la muestra del interés por hacer desaparecer ese legado.

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