Una de las regiones que mejor sabor de boca deja al viajero peninsular es el Algarve portugués. A lo largo de su extensión se puede disfrutar de playas de distinta índole y de paisajes variados, desde el interior, mucho más rural, al exterior, mucho más turístico e internacional. Desde las marismas de Faro se puede observar un paisaje común que se extiende desde las marismas de Doñana, en Huelva, donde muchas aves acuáticas habitan y otras descansan de su viaje migratorio a tierras más cálidas. Desde Portimao a Lagos, el turismo de playa es el denominador común que despliega todo un entramado comercial dedicado al ocio y al descanso. Sin embargo, la zona del cabo San Vicente cambia de nuevo el paisaje para ofrecer su zona más agreste, natural y viva, para extenderse por la facha atlántica hasta llegar a Lisboa.

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