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La belleza de la naturaleza unida por la doble exposición

¿Qué mejor manera de representar la belleza de la naturaleza que fusionándola en una sola imagen?, eso es lo que debieron pensar Tibias y Hanne Scheel Mikkelsen, la pareja de artistas mejor conocidos como WhatWeDo. El matrimonio con sede en Copenhague, Dinamarca, con una amplia experiencia en el mundo del diseño gráfico, web, ilustración e interiorismo; un día decidieron crear la serie ‘Faunascapes‘ como la manera perfecta de desconectar y escapar de todo el estrés generado por el trabajo diario y la rutina. Un concepto de fotografía de doble exposición, de la que ya os hemos hablado en Malatinta, sobre madera que invita al descanso, la reflexión y la relajación cuando uno las mira fijamente.

Animales y paisajes que tienen mucho que contar, ya que cada instantánea no está realizada aleatoriamente por un concepto estético, sino que cada fotografía nos muestra al animal y su hábitat natural.

Si te gusta alguno de sus trabajos, no te preocupes, porque puedes comprar en su tienda Etsy todos los que te gusten no sólo en contrachapado sino también en papel de gran formato.

 

#faunascapes #ram from the new geometric series

Una foto publicada por Faunascapes (@faunascapes) el

 

 

Renegando del “brit art”

“El arte no debe representar lo nimio”. Cuando Goethe recogía estas reflexiones acerca de la disciplina artística las enlazaba con lo expuesto en su obra “Teoría de los colores” sobre el dibujo y la necesidad de representar la naturaleza, como fuente de observación y de inspiración, a través de él. Ya fuese por medio de vistas, marinas o cualquier otro tipo de representación artísticael paisaje ofrece una visión de la naturaleza que lo convierte en un objeto de contemplación y meditación por sí mismo. La reflexión obtenida de su contemplación era una práctica que enlazaba con los escritos místicos del siglo XVIII que circulaban por Europa y, en concreto, en la zona germana donde los elementos de la naturaleza se convertían en foco de admiración y reverencia que conducían a un estado sublime del espectador que los observaba. Ese estado sublime llegaba después de interiorizar la grandeza de la naturaleza en sí misma, la pequeñez del hombre como parte de ella pero también la comprensión de las limitaciones del ser humano como tal con el nacimiento de la psicología a través de estas reflexiones. El Romanticismo se convierte en el máximo exponente de esa búsqueda del paisaje-metafísico-reflexivo, que es idílico y acogedor pero a la vez ilimitado y sublime.

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Hoy en día, la pintura de paisaje no es la que un día brilló en los países germanos pero sigue sirviendo al espectador como elemento de reflexión y contemplación, de tranquilidad y de sosiego al observarla. El artista Peter Barker recupera el arte del paisaje en obras que destacan por una gran versatilidad, sinónimo del gran entusiasmo que emplea en su realización. El paso del tiempo y la captación del momento preciso en cada uno de ellos denota una gran calidad en el proceso de creación de sus obras y ofrece al espectador una completa visión del género paisajístico. Aunque la utilización del óleo es muy frecuente en sus trabajos, el pastel, la acuarela y la pintura acrílica también están presentes en muchos de ellos.

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Nacido en 1954, en Oxfordshire, pasó la mayor parte de su infancia viviendo en el campo. Este contacto inmediato con la naturaleza marcaría su necesidad de expresar el acercamiento a la misma a través de los óleos. Desde esos primeros años, el dibujo y la pintura fueron sus principales amigos. Su amplia capacidad de observación fue el elemento clave para plasmar en cualquier soporte todo lo que le llamaba la atención.

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Es curioso que siendo un adolescente decidiera cambiar la paleta de color por el palo de golf. Su gran afición a este deporte le llevó a convertirse en un profesional y a disputar campeonatos y torneos ganando el Trofeo Bedfordshire en 1979. Sin embargo, una vez retirado de este deporte retoma los pinceles a partir de 1983. El artista Caesar Smith le animó a dar a conocer sus obras en diversas galerías como Stamford Artists y la Ringstead.

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Pinta al aire libre y en el campo donde sus principales temáticas son, a parte del paisaje, las marinas, las naturalezas muertas, la fauna y los retratos. Además, Peter es un habitual en las exhibiciones del Pastel Society, el Royal Institute of Oil Painters y la Royal Society of Marine Artists. Sus últimos premios fueron otorgados en 2006 y 2009 gracias a la excelencia de sus trabajos. Australia y Estados Unidos también han sido testigo de sus trabajos y exposiciones, siendo poco a poco conocido en muchos otros lugares.

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Su máxima siempre ha sido poder vivir haciendo lo que le gusta y poder ganar dinero con ello. Un objetivo que ha conseguido a largo plazo y que este artista, que reniega del brit art y del arte moderno, ha logrado convertir en realidad. Sus pinturas son así herederas del paisajismo más romántico e idílico recuperando esas naturalezas idealizadas pero reales que una vez fueron exponente del siglo XIX.

Un diseño de altos vuelos

Cuando un proyecto se levanta desde cero surge del cerebro creador miles de ideas que tienen como fin último conseguir que el mismo llegue a su término y que todas las soluciones arquitectónicas sean posibles de llevarlas a cabo sobre los cimientos. A lo largo de la historia, grandes arquitectos han tenido de ir resolviendo a medida que creaban un edificio pequeños o grandes problemas que iban surgiendo. En algunos, como en la torre de Pisa, las soluciones nos fueron satisfactorias y con el paso de los siglos se agravaron. En otros, teniendo parte de la obra ya construida había que finalizarla. La cúpula de la catedral de Florencia es un claro ejemplo de ello. Bramante tuvo que lidiar con la construcción de la misma partiendo de un edificio casi completo. Su ejecución estuvo llena de dificultades pero el genio creativo del artista fue capaz de solventarlas una a una y legarnos una de las obras más fascinantes a nivel constructivo y la más emblemática no sólo de la ciudad en sí, sino también como el símbolo del gobierno de una de las familias más importantes para el mecenazgo en la historia del arte, los Médici.

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La pregunta que se plantea es sencilla. ¿Qué es más fácil, construir un edificio desde cero o partiendo de una parte ya edificada? El estudio de arquitectos Maziar Behrooz puede que tenga parte de la respuesta o su totalidad. Siendo uno de los más galardonados en el área de Manhattan y de East Hampton, sus diseños y construcciones son muy conocidos en la ciudad de Nueva York. Hasta ellos llegó el encargo de crear una casa partiendo de la estructura de un hangar de aviones. Un verdadero reto a adaptar e integrar en una zona residencial del área más oriental de Long Island. El resultado es más que satisfactorio a juzgar por las fotos que aquí se muestran.

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El solar ocupa unos 2,5 acres de extensión y se encuentra rodeado por un bosque de pinos que delimitaban un antiguo asentamiento indígena de una ancestral tribu americana. En él se sitúa el hangar, un frío edificio de amplias dimensiones que hay que transformar en un hogar cálido y confortable. La filosofía de la firma que diseña el proyecto tiene como base integrar el edificio en su entorno, donde la naturaleza circundante sea parte del mismo y le complete. Por ello sus diseños van más allá de la creación de simples edificios para crear ambientes integrados en su totalidad dentro de un espacio. Su hoja de trabajo pasa por realizar conjuntos arquitectónicos donde la naturaleza se aproxima al diseño y es parte fundamental del mismo.

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Ese acercamiento del diseño a la naturaleza y viceversa puede observarse en el empleo de una amplia cristalera, tanto en la parte frontal como trasera, que permite una completa comunicación con el exterior y la arboleda que lo rodea. El hangar se convierte así en el núcleo que unifica y articula los espacios adyacentes que componen el edificio. Así, en su interior acoge el salón y la cocina, las zonas comunes y más transitadas del hogar. A partir de ellos se distribuyen el resto de estancias, habitaciones y aseos. El empleo de la madera y de los tonos cálidos tanto en el mobiliario como en la iluminación contribuyen a crear la sensación de confort necesario y que contrasta con el frío metal exterior, la huella visible de la función que un día albergó.

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El uso de plantas de la familia sedum en parte de uno de los tejados da una sensación de naturalidad y adaptación al medio únicos. El uso de plantas naturales para cubrir el tejado contribuye a que la temperatura interior se mantenga constante y estabilizada, ahorrando en el consumo de energía.  Y esa adaptación al medio se ve reforzada gracias a la decoración del jardín y al empleo de elementos como agua y piedras como parte del mismo.

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El resultado es una casa que es parte del paisaje en el que se integra, por medio de una maximización del cercano hábitat natural y una adaptación de los elementos artificiales que lo componían. Todos ellos se aglutinan, se mezclan y acomodan para ofrecer un edificio cuya parte aérea y subterránea queda articulada, adaptada e integrada tanto en el paisaje como en el conjunto residencial del que forma parte.

 

Fotografías web Maziar Behrooz Architecture

Arte y paisaje en APGALLERY

Este fin de semana se inaugura muy cerca de Riaza una nueva galería: APGALLERY. ¿Qué tiene de especial este espacio que lo hace diferente a los demás? Muy sencillo. Es la primera galería en España que intenta profundizar en la relación que existe entre arte y paisaje y donde el arte aparece asociado a un espacio natural. Con ello se busca que el espectador conecte con el principio de belleza que emana de toda obra y así establezca un diálogo permanente con el paisaje. La obra se interpreta en su totalidad, interiorizándola de forma intelectual y sensorial a través de la observación de sus elementos y la escena y ritmos cotidianos donde se ubica.

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Para celebrar su puesta de largo, APGALLERY se estrena con una exposición titulada “Metales translúcidos”. En ella se recoge la obra del escultor Amadeo Gabino con dibujos, collages, grabados, esculturas y maquetas nunca antes exhibidas y que muestran su trabajo más personal e íntimo. Está comisariada por la arquitecta Marta Maíz que, además, ha contado con la colaboración de la viuda del artista, Elke Stelling.

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El escultor expresa un mundo interior que se deja entrever a través del lenguaje de las veladuras que emplea. El metal le hace posible mantener un diálogo entre lo transparente y lo opaco, lo efímero y lo imperecedero, lo visible y lo oculto, gracias a los diferentes grados de transparencia y de flexibilidad formal que le ofrece este material. Una obra híbrida y diferente que podrá visitarse, en este espacio bucólico y campestre, hasta el próximo 8 de diciembre.

Un paraíso de arena en un vaso

Algo tan sencillo como llenar un vaso de arena, algo que todos hemos hecho de pequeños en la playa, puede convertirse en un auténtico arte por pocos dominado. Al menos eso se desprende de este vídeo que muestra cómo un paradisiaco paisaje va tomando forma gracias a la calculada ejecución de este artista de la arena de colores. Unas creaciones que cuentan con una única limitación: la imaginación, puesto que los artistas de la arena son capaces de dar vida con distintas tonalidades de arena a verdaderas obras de arte.

El paisaje más modernista y geométrico de la historia

Porque de la naturaleza sale el hombre y del hombre nace el diseño, no podía faltar entre nuestras páginas virtuales un artículo sobre arquitectura paisajistica o paisajismo. La arquitectura del paisaje no es otra cosa que el arte de proyectar, planificar, diseñar, gestionar, conservar y rehabilitar los espacios abiertos, el espacio público y el suelo en general.

Este año se conmemora el centenario del nacimiento de uno de los más importantes y influyentes de los arquitectos modernistas del paisaje del siglo XX, Dan Kiley. Es por eso que el Museo Nacional del Edificio situado en Washigton organiza una exposición con una selección de fotografías de los proyectos de este diseñador.

«Esta exposición se organizó para conmemorar que hace cien años nació Kiley, subrayar su extraordinario legado y la fragilidad de sus trabajos iconicos en paisajes», comenta Charles A. Birnbaum, fundador y presidentes de la Fundación de la Cultura del Paisajismo Américano.

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El orden, la geométrica y el infinito barrido de los paisajes en Versailles son los conceptos bases que determinan la obra de Kiley. Para él, la geometría era el corazón de sus diseños. Como sus predecesores, Le Corbusier y Le Notre, Kiley creía que la geometría era inherente al hombre. Era la herramienta que el hombre podria utilizar para comprender y crear su entorno. Él también creía fervientemente en que el hombre es parte de la naturaleza y que tiene que estar en ella en lugar de apartarse de ella. Así que Kiley en vez de copiar o intentar imitar las formas curvilíneas que forman parte de la naturaleza, impregnaba de matemáticas sus paisajes.

Los paisajes de Kiley sobrepasan sus propios límites creando relaciones ambiguas entre los elementos de sus espacios.

Kiley, que no finalizó sus estudios en la Universidad de Harvard, diseñó su primer paisaje para el Museo de Arte de Indianapolis en 1955. Llegó a trabajar en más de 900 proyectos que recibieron incontables premios. En 1997 se le premió con la Medalla Nacional de las Artes.

Kiley no solo era diseñador de paisajes. Entre sus trabajos también se encuentra la sala del juzgado donde se celebraron los juicios de Nuremberg, Alemania.

Si no teníais planeado ir a Washington estos meses en los que la exposición estará abierta al público, aquí teneis una selección de las fotografías de estos paísajes que quitan el hipo.

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Paisajes a pedir de boca

Día 5 de enero. Víspera de Reyes. Millones de roscones están horneándose en las pastelerías de toda España. Rellenos de nata, chocolate, trufa, cabello de ángel o sin relleno, cada cual tiene su favorito. Pero en un día tan especial, la sección de Cocinarte quiere dedicar su artículo a todos los niños que esperan ansiosos la llegada de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, aunque no precisamente hablando de roscones. La mejor manera de homenajearles es con un artista que es capaz de crear maravillosos paisajes con golosinas, galletas, helados o incluso caramelos.

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En el año 2008, el Sunday Times publicaba un artículo sobre un fotógrafo llamado Carl Warner que acaparó la atención de todos los medios nacionales e internacionales. Reportajes, documentales, entrevistas, programas de televisión y radio empezaron a sucederse reconociendo su trabajo a nivel mundial. Tal fue el boom que su creciente fama  le ha llevado a colaborar con las firmas de alimentación más importantes de todo el planeta y a publicar dos libros en Estados Unidos. Pero, ¿quién es Carl Warner?

Nacido en Liverpool en 1963, empezó a dibujar y crear paisajes de su propia imaginación a muy corta edad. Desde siempre se ha sentido fascinado por la obra de Salvador Dalí, así como del grabador y dibujante inglés Patrick Woodroffe y del ilustrador inglés Roger Dean, cuyas influencias son claras en toda su obra. Siendo adolescente comenzó sus estudios de pintura y dibujo en el Maidstone College of Art aunque pronto se dio cuenta que sus habilidades e ideas creativas eran más afines a las posibilidades que le ofrecía la fotografía como medio de expresión. Por este motivo decidió pasar al London College of Printing para graduarse en fotografía, cine y televisión.

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Al finalizar sus estudios trabajó como asistente para el fotógrafo londinense David Lowe realizando anuncios publicitarios. Poco después montó su propio estudio fotográfico realizando paisajes para gran variedad de productos y marcas de diferentes agencias de diseño y publicidad.

Sin embargo, el tedio empezó a apoderarse de él y comprendió que su capacidad de creación y su campo de actuación no eran suficientes para desarrollar todas sus ideas. Un día, comprando en el supermercado observó unos interesantes champiñones y comprobó que parecían árboles sacados de un planeta extraterrestre. Una gran idea pasó por su cabeza por lo que compró arroz y otros productos y creó su primer paisaje, al que tituló Mushroom Savanna. Su éxito fue tal que se convirtió en un solicitado fotógrafo de paisajes destinados a la industria publicitaria de marcas y productos comestibles.

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¿Cómo realiza el proceso creativo de sus paisajes? Cada fotografía requiere de dos a tres días de trabajo completo. Primero, Carl dibuja la escena. El equipo de modeladores y estilistas gastronómicos  que dispone le ayudan a recrear el paisaje en la realidad. El principal obstáculo para la toma de las imágenes es la rapidez con la que los alimentos que emplea se deterioran a la luz de los focos. Este motivo hace que Carl y su equipo fotografíen en estratos sus paisajes, del primer plano al fondo de la composición. En el trabajo final de posproducción de la imagen cada elemento se va colocando uno al lado del otro. Principalmente, para capturar todas sus fotografías utiliza luz de flash que parece natural, recreando posteriormente en su estudio colores y texturas para dar una mayor sensación de luz real.

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Las temáticas de sus creaciones son tan variadas como los alimentos que utiliza. Desde arquitecturas como el Taj Mahal, las las pirámides de Egipto, la pirámide de Chichén Itzá, la Gran Muralla China, la ciudad de Venecia o el Empire State Building, pasando por desiertos, ríos, puertos, selvas, volcanes, pueblos franceses, la campiña italiana, pagodas chinas o paisajes nevados, hasta castillos, vaqueros, retratos, naturalezas muertas, estampas navideñas, las estaciones del año, trenes, parques de atracciones…  Tanto la variedad como la capacidad de creación y modelaje de los alimentos que utiliza es impresionante: helados, gominolas, caramelos, galletas, queso y embutidos, tomates, brócoli, calabazas, apios, ajos, lechugas, pimientos, perejil, remolacha, espárragos, calabacín, almendras, avellanas, pan, crackers, cereales, pasta, calabazas, limones, moras, fresas, frambuesas, cocos, mangos, manzanas, naranjas, uvas, plátanos, higos, melones, peras…

Sus imágenes han sido recogidas en dos libros. En el primero, Carl Warner’s food landscapes, recopila todas sus obras y muestra trucos, técnicas y secretos de sus composiciones. El segundo libro, A world of food, está destinado a los más pequeños y va acompañado de poemas con la finalidad de educar a los niños en hábitos alimenticios buenos y saludables.

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Actualmente, podemos ver sus últimas fotografías, de temática muy navideña, en el local Ripley’s believe it or not! de Londres hasta el día 8 de enero.

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