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Y tú que te creías toda una experta en decoración

Seguro que si eres un/a amante de la decoración, siempre andas buscando en blogs, revistas, ferias, etc…las últimas tendencias en interiorismo Hoy os mostramos cómo estar al tanto de las novedades en decoración, no es siempre ser el más cool. La arquitectura moderna o contemporánea, comenzó en el siglo XX. Algunos de los arquitectos más pioneros como Le Corbusier, Frank Lloyd Right… fueron los primeros en atreverse con la construcción de viviendas ultramodernas que jamás antes habrían sido posibles. Ahora os mostramos algunos de los ejemplos en diseño de interiores de aquella época. Muchos de vosotros seguro que pensáis que son actuales.

Le Corbusier

Como visionario veía la posibilidad de cambiar el mundo a través de la arquitectura. Si bien nunca se alió con un grupo político en particular, su postura estaba más cerca de una postura liberal y como tal, veía todo proceso de diseño con fines utópicos. Lo que le permitió contribuir al significado de la arquitectura.

Le Corbusier en 1926 propuso ‘Los cinco puntos de una nueva arquitectura‘:

1La planta baja sobre pilotes: para Le Corbusier, la planta baja de la vivienda, al igual que la calle, pertenecía al automóvil, ya sea para circulación o aparcamiento, por este motivo la vivienda se elevaba sobre pilotes para permitir el movimiento de los vehículos.
2La planta libre: a partir de la estructura independiente, aprovechando la tecnología del hormigón armado genera una estructura de pilares en la que apoyan losas, de esta forma el arquitecto decide dónde poner los cerramientos, siendo independientes de un nivel al otro.
3La fachada libre: el corolario del plano libre en el plano vertical. La estructura se retrasa respecto de la fachada, liberando a ésta de su función estructural y permitiendo libertad en su composición independientemente de la estructura.
4La ventana alargada: por el mismo motivo del punto anterior, también los muros exteriores se liberan y las ventanas pueden abarcar todo el ancho de la construcción, mejorando la relación con el exterior y permitiendo un mejor asoleamiento de los espacios interiores.
5La terraza-jardín: para Le Corbusier la superficie que ocupa la naturaleza en la vivienda, debía de ser devuelta en forma de jardín en la cubierta del edificio, convirtiendo el espacio sobre la vivienda en un ámbito aprovechable para el esparcimiento que, además permitía mantener condiciones de aislamiento térmico sobre las nuevas losas de hormigón.

Mies Van der Rohe

Durante los primeros años de su trabajo recibió muy pocos encargos, pero las primeras obras ya mostraban el camino que seguiría durante el resto de su carrera. Fue en 1929 cuando Mies recibe el encargo de proyectar el Pabellón nacional de Alemania para la Exposición Internacional de Barcelona, para el que diseñó también la famosa silla Barcelona, de acero cromado y cuero. Hoy en día esta silla es todo un icono del diseño moderno, ya que la puedes encontrar en muchos y diversos espacios.

Frank Lloyd Right

Wright creó un nuevo concepto respecto a los espacios interiores de los edificios. Esto consiste en rechazar el criterio existente hasta entonces de los espacios interiores como estancias cerradas y aisladas de las demás y diseña espacios en los que cada habitación o sala se abre a las demás. Una nueva organización que consigue una gran transparencia visual, una profusión de luz y una sensación de amplitud y abertura. Para diferenciar unas zonas de otras, recurre a divisiones de material ligero o a techos de altura diferente, evitando los cerramientos sólidos innecesarios. Con todo ello, Wright estableció por primera vez la diferencia entre «espacios definidos» y «espacios cerrados«.

¿Cuántos de vosotros pensaríais que estos diseños son actuales?

El minimalismo estético de Ajay Sonar

Durante el siglo XIX todo lo tildado de «exótico» provenía de Oriente. Incluso los cuentos populares contaban hazañas de héroes en tierras lejanas como la India, Arabia o el Lejano Oriente y recogían descripciones y relatos de lugares, paisajes, animales, flora, vestidos, alhajas, riquezas, alimentos… que nada tenían que ver con el mundo decimonónico de las ciudades que emergían en Europa occidental. Sin embargo, a veces esos cuentos pueden llegar a convertirse en realidad bajo un marco inigualable como la India y un proyecto constructivo novedoso para esas tierras.

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El arquitecto Ajay Sonar ha tenido la brillante idea de construir una casa en un lugar idílico. Bajo un marco inconfundible de naturaleza en estado puro, la construcción se alza cerca del lago Gangapur y cuenta con un formidable telón de fondo enmarcado por la cadena montañosa Sahydri. La influencia de Mies van der Rohe es patente en la incorporación del proyecto dentro de un escenario natural del que es partícipe en cada metro cuadrado que ocupa sobra la superficie del terreno.

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Las amplias cristaleras que se emplean permiten una comunicación directa con el espacio exterior, donde las estaciones del año y las variaciones climáticas pueden ser observadas en todo su esplendor. El espacio creado resulta así fluido y el diseño permite hacer partícipe al inquilino del exterior y a la naturaleza que lo rodea del interior de la construcción.

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La casa se concibe como un paralelepípedo con una estructura sólida de hormigón armado que se camufla con el terreno en el que se instala. Además, el saledizo que forma en la parte superior crea una especie de transición hacia el exterior para situar la piscina que comunica plenamente con el exterior. Por otra parte, el empleo del hormigón da la sensación de pesadez en la planta superior, pero al observarlo desde el frente y con el empleo de delgadas columnas de sujeción en el interior da una idea de ligereza y amplitud espacial.

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Y esa ligereza espacial sigue a pies juntillas el principio de mantener la pureza del espacio que se persigue con este proyecto y que queda totalmente materializada con el empleo de tres materiales en su construcción. Los colores naturales del exterior unifican este conjunto con su lugar de ubicación, creando un equilibrio y una sintonía muy armónica al percibirlo como una unidad.

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El resultado es un espacio minimalista donde los materiales participan del entorno que los rodea y la naturaleza juega un papel destacado al hacer partícipe a sus habitantes de su paisaje, su fauna, su flora y del agua que lo integran.

 

Fotos Hemant Patil

La «Casa del Infinito» de Alberto Campo

Una playa de fina arena que parece no encontrar fin. El océano Atlántico bañando su orilla. Muy cerca, las ruinas de lo que fue una vez una de las ciudades romanas exportadoras del garum a todo el Imperio y que, trágicamente, desapareció bajo la acción de un devastador maremoto y los acuciantes saqueos de piratas mauritanos y germanos. Aún quedan latentes en Baelo Claudia los restos de lo que fue la industria del salazón más potente de la Hispania romana. Y son estos restos arqueológicos los que, de alguna manera, han inspirado al arquitecto Alberto Campo Baeza para llevar a cabo la construcción de una casa, en Zahara de los Atunes, que busca ser una prolongación del maravilloso universo que, en un tiempo pasado, se desarrolló en esas playas gaditanas.

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Una gran plataforma de piedra sirve como base para una vivienda que se alza como un plano horizontal sobre ella. Líneas puras y rectas se extienden para ser la prolongación de un horizonte lejano que se avista mar adentro y que son testigos, cada tarde, de una impresionante puesta de sol. No es de extrañar que el arquitecto haya utilizado como material para esta construcción el travertino romano, no sólo para no perder la continuidad lineal con el esplendor que una vez le dio Roma a esa ciudad que hoy se entierra bajo la arena de la playa, sino también para mimetizarse con esa arena y crear un plano horizontal infinito que se une con el mar.

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La casa está construida sobre una parcela de 900 metros cuadrados de superficie, donde la vivienda ocupa 750 de ellos. El edificio consta de 20 metros de largo y 36 metros de fondo, con una altura de unos 12 metros. Su aspecto recuerda a los basamentos de época griega o romana sobre los cuales se levantaban grandes y esplendorosos templos para rendir culto a cada una de las divinidades que configuraban el panteón religioso. Como consecuencia, esta construcción se levanta como un monumento de la Antigüedad utilizando un material muy conocido en la arquitectura romana.

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La entrada a la vivienda se realiza por una explanada de travertino que la une con la calle que la comunica con la carretera. El acceso a la casa se hace “en trinchera” por unas escaleras excavadas en el plano de la plataforma. Además, la plataforma de piedra está protegida por tres muros que consiguen hacer de parachoques de los fuertes vientos que allí dominan.

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La distribución interior sigue la sencillez de las líneas exteriores. En la primera planta se distribuyen los cuartos de los niños y una salida al jardín. En la segunda se encuentra el dormitorio principal y las zonas comunes, como el comedor, la cocina o el salón. Aprovechando la iluminación natural del lugar, la casa cuenta con lucernarios con forma de óculos en el techo que dejan pasar la  luz a las estancias situadas en esta parte superior.  En la azotea no cubierta, protegida por unos muros orejeras,  se puede encontrar la piscina. Esta zona exterior ejerce de vestíbulo de entrada, ya que es el primer espacio que se puede apreciar desde la calle.

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A simple vista, la casa se ha construido como si de un muelle junto al mar se tratase. Pero lo que realmente Campos ha querido plasmar es la permanencia en la memoria y en el corazón de los hombres del pasado con su obra, como si fuese capaz de detener el tiempo con sus líneas simples y puras, a lo Mies van der Rohe. Por esta razón, la vivienda ha sido llamada la Casa del Infinito, un hogar que recupera el tiempo pasado a través de sus formas y sus materiales y que lo proyecta al presente para que convivan y se mimeticen en un espacio cuyo horizonte parece no tener fin.

 

Fotos de la web de Alberto Campo Baeza

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