Desde hace unas pocas décadas, la tecnología se está convirtiendo en unos de los adalides del nuevo arte del siglo XXI. Desde el diseño digital, pasando por todos los hardwares que permiten crear proyectos antes impensables, los ordenadores han llegado a la vida artística para quedarse. No sólo eso. Incluso van más allá de la vertiente artística, incorporando una visión más a la larga. El arte ya no sólo sirve para deleitarse o para identificar un estatus social. Ahora intenta hacerse duradero, sostenible e incluso busca la seguridad de aquel que lo adquiere.

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