En muchas ocasiones, por cuestiones laborables hay que trasaladarse a vivir a otra ciudad. Las motivaciones pueden ser distintas pero el cambio, en sí, ya supone toda una revolución en la vida personal de quien lo realiza. Más si el traslado se realiza a un país diferente, donde todo resulta nuevo y un tanto vertiginoso. Encontrar un piso para poder instalarse, aprender un poco mejor el idioma y sus giros para hacerse entender por los demás, adaptarse a las costumbres, las comidas, los horarios… Hasta que se produce la normalidad, todo puede resultar un poco caótico.

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