Eva. Un simple nombre. Tres letras del alfabeto. Y un castigo universal dado por Dios a la raza humana. Ante este relato bíblico muchos se habrán llevado las manos a la cabeza. ¿Cómo por haber comido simplemente el fruto de un árbol Eva comete el mayor pecado de traición contra el Altísimo? Pobre Eva. ¡Pollito, la que has liao! En otra como ésta se habrá visto. Pero todos ya sabemos que la culpa fue de la serpiente. Sí, esa que no para de decirnos que hagamos cosas que no se nos hubieran ocurrido por nosotros mismos. A pesar de ello, Eva es un nombre que ya lleva implícito el significado de la tentación y el pecado por haberle hecho caso a esa serpiente. Y lo peor de todo: haber convencido al pobre Adán de comerlo también.

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