El mundo sneakers no para. El ejercicio obligatorio de reinvención en la moda es constante y Converse sabe mucho de ello. Nuevas colaboraciones con grupos de música, adaptaciones al universo running o fichajes de las celebrities más cotizadas del momento, son algunas de las estrategias que la marca ha llevado a cabo en los últimos años para no caducar. Ahora, reinventa su icónica Chuck Taylor al crochet.
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Desde hace unos años hemos presenciado cómo de manera recelosa el bordado o crochet está volviendo a nuestras vidas. Una técnica que olvidamos en nuestras abuelas y que, como todo, ha vuelto para poco a poco imponerse a los amantes del vintage y el handmade. Una moda que ha conseguido tantos adeptos que ya no sólo libros, tutoriales de internet o cursos presenciales de bordado hacen realidad los deseos de sus seguidores, sino que ha conseguido invadir y adaptarse al universo del tatuaje.

A muchos de nosotros nos apasiona el marisco. Ése manjar del que, en la mayoría de las ocasiones, muy pocos pueden disfrutar, pero que cuando lo haces se queda grabado a fuego en nuestra memoria. Esto seguramente es lo que le ocurrió a la artista inglesa Kate Jenkins, cuya última serie se la ha dedicado íntegramente al marisco.

Cuando piensas en crochet seguro que te resulta inevitable imaginarte a una abuelita ovillo en mano haciendo calcetines para sus nietos. En cambio la artista de la que te vamos a hablar hoy no podría mostrar una imagen más antagonista. Agata Oleksiak, mundialmente conocida como Olek lleva años demostrando que coser con ganchillo es todo un arte.

Sabemos que aún te sientes saturado tras haber ingerido abundantes viandas y tras disfrutar de todas esas cenas copiosas estas navidades. Pero también sabemos que, como foodie declarado y practicante, no te resistes a manifestar públicamente por las calles tu pasión por la comida.

El arte de tejer a mano se ha vuelto a poner de moda desde hace unos años en muchos países, entre ellos España. Esta forma de creación textil existe desde el principio de los tiempos, pero nunca antes se había llevado al campo del diseño y de la arquitectura. Y mucho menos, para la creación de espacios de juegos infantiles.
Utilizando el crochet junto con otro tipo de fibras especiales, como el nylon, Toshiko Horiuchi MacAdam lleva creando parques de juego para niños desde hace tres décadas. Como ella misma relata, «fue durante una exhibición de una de mis esculturas textiles cuando unos niños se acercaron a ver mi obra, de repente empezaron a trepar y a jugar por ella«. Desde el punto de vista profesional, esta conexión con el espectador hizo que se sintiera más viva y emocionada que nunca. A partir de entonces, esta artista nipona se dedicó en cuerpo y mente a la creación de obras textiles para los más pequeños.
Las obras de Toshiko emanan alegría, color, diversión, algo que no podemos encontrar en los convencionales parques de columpios. Este aspecto, unido a la destreza manual con el que elabora sus proyectos (la mayoría de ellos son realizados a mano y el tiempo de realización mínima es de un año), configuran verdaderas obras de arte que nos trasladan a la época de la manufactura de los conocidos tapices flamencos que fueron tan importantes durante los siglos XVI y XVII en Europa.
Toshiko se formó en la Academia de Artes de Cranbrook después de graduarse en Bellas Artes en Japón. Su primer trabajo fue como diseñadora de interiores para Boris Kroll Fabrics, una de las firmas más importantes dentro del sector textil en Nueva York. Ha sido profesora en la Universidad de Columbia, en la Haystack Mountain School, en la Universidad de Georgia, en el Instituto Bunka de Tokio y en la Universidad de Artes de Kyoto. Ha impartido conferencias en Australia y ha asistido al Hawaiian Craftsman como artista invitada, también ha participado como jurado en varias competiciones internacionales sobre artesanía. En 1985 publicó dos obras literarias sobre sus trabajos textiles. Formó parte del grupo de artistas que crearon una serie de 16 artículos sobre tradiciones textiles y artesanía para la compañía Seshoku no bi, así como un libro sobre técnicas de bordado.
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Durante los últimos 40 años ha mostrado sus trabajos en museos y galerías de Estados Unidos, Europa, Japón y sureste asiático. Sus principales obras han sido diseñadas para los parques de Okinawa, Japón central y Malasia.
Su primer espacio de juegos para niños fue creado en 1979 para el Parque Nacional Okinawa Memorial. Después del éxito que cosechó ésta y sus posteriores obras, en 1990 Toshiko y su marido, Charles MacAdam, crearon una compañía, Interplay Design and Manufacturing, para promocionar y desarrollar estos espacios textiles infantiles de una forma más comercial. Sus principales creaciones se encuentran en el jardín del Zoológico de Singapur, el Moon River Art Park de Shanghai y en el JangHeung Art Park cerca de Seúl. En 2009 crearon el Knitted Wonder Space II en el Hakone Open Air Museum, que se convirtió en referencia internacional y cuyo eco fue recogido en muchas revistas especializadas en arte en Estados Unidos, Japón y Canadá.
¿Cuál es la principal fuente de inspiración para sus obras? Nada más y nada menos que el arquitecto español Antonio Gaudí. Toshiko tuvo la oportunidad de estudiar las obras del genial autor y establecer una conexión entre las formas curvas, creadas a partir del juego de la gravedad, y el arte de tejer. Cuando viajó a España para conocer a fondo los edificios de Gaudí pudo comprobar que, la geometría que dibuja los diseños de la mayoría de las construcciones no está separada del edificio en cuestión, creando un todo como si se tratase de una línea continua puesta en pie en forma de tres dimensiones. Esta idea es la base principal para la creación de sus obras: el tejido como una línea continua a partir de la que se construye una obra en tres dimensiones. La gravedad, el peso de sus obras y las técnicas de construcción que emplea ponen el resto para crear formas naturales fascinantes.
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Los niños que han tenido la oportunidad de jugar dentro de estos espacios se sienten como si flotasen en el interior del vientre materno, protegidos y mecidos suavemente por los movimientos que crea el crochet. La emisión de energía que se crea es tal que los niños conectan entre ellos y encuentran nuevas formas de juego, perdiéndose en el interior de este espacio durante horas. Asimismo, la sensación de protección lleva a que jueguen con mayor libertad sin el temor de sentirse amenazados por heridas o caídas. Una forma segura en la que desarrollar la imaginación de los más pequeños sin riesgos de ningún tipo.
Aquí podrás ver el video de las increíbles creaciones de Toshiko Horiuchi.