Una de las características inconfundibles de la ciudad de Oporto son sus famosos azulejos. Se pueden encontrar por cualquier parte del lugar como seña de identidad. La creación de estos bonitos e inconfundibles elementos decorativos fue importada desde España a Portugal. Pero sin duda alguna, su fama se extiende por toda Europa durante el Barroco. La mayoría de edificios que se realizaron durante la época del Barroco en Portugal van ornamentados con azulejería, tanto al exterior como al interior. Incluso se realizó algún que otro retablo de cerámica, como el de la Iglesia de San Andrés de Lisboa. La destreza de los artistas portugueses en el arte de la cerámica alcanzó así el culmen de un oficio manual que importaron los árabes durante la invasión musulmana de la Hispania visigoda.

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