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¿Por qué el sexo de ‘ladito’ da tanto ‘gustito’?

No hay que ser un experto en el Kamasutra para encontrar el placer máximo en la cama. Hay posturas muy sencillas que deberían estar siempre en nuestro repertorio y de las que nunca te aburrirás, ya que a quién no le gusta alcanzar el orgasmo de forma fácil y sin miedo a dislocarse un hombro o sufrir contracturas imitando posturas imposibles del libro por excelencia en las artes amatorias. Tan sencillo como hacer el amor de ladito, para encontrar el mejor gustito.

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Del Tinder al amor en tres whatsapps

¡Hola! ¿Hola? Sí, tú. El que tiene los ojos incrustados en la pantalla del móvil. Levanta la cabeza y mírala. Tienes a la chica del Tinder que te acaba de interesar delante de ti en el asiento del metro… ¡Pero deja el móvil y mí-ra-la!

¿Por qué no la dices nada? Bueno claro, para eso tendrías que darte cuenta de que está ahí delante.

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El chico-pingüino que tenía un sueño

Hoy os traemos un corto que es necesario ver hasta el final, 1o minutos y 55 segundos nos cuentan una historia cargada de ternura y reflexión.

‘Todo Saldrá Bien, Pingüino’ es un cortometraje que nos muestra la cara más normal en la vida de un «bicho raro». Nuestro protagonista es una de esas personas pero esto, lejos de frenarle en su camino, le da impulso y le ayuda a comenzar su viaje en la vida en busca de sus sueños, recorriendo pueblos, ciudades y personas, siempre en busca de aquello que siempre había soñado.

pinguino texto 1-min¿Qué pasaría si ser diferente fuera más normal de lo que imaginamos?

Este docu-corto dirigido por Miguel Bosch narra la historia de Sergio, un chico pingüino que nos muestra con cada capítulo de su vida lo normal que es ser diferente.

En cada secuencia se libera cada vez un poquito más el entrañable corazón de este chico tan especial, abriendo las puertas de nuestro cariño hacia él también.  Tanto es así que, con su canto a la diversidad, consiguió ganarse los corazones y recibió el premio al mejor cortometraje en la Mostra Internacional de Cinema gay i lésbic 2016.

Con plumas o sin ellas, todos nos hemos sentido diferentes, incomprendidos o fuera de lugar, pero a veces se nos olvida lo que se siente en ese lado de la barrera. La distancia y los muros no suelen ser los mejores compañeros a la hora de empatizar y comprender a los demás, para poder quebrantar la línea de la «normalidad».

¿Serán tan diferentes nuestros sueños? 

Será quizá porque los sueños se construyen con el mismo material o porque, a pesar de todo, todos escondemos una esencia similar bajo nuestro disfraz. 

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¿Cuál es el precio del amor?

Sus mejores amigos eran un boli y un papel; al menos todavía le quedaba el brazo derecho para seguir escribiendo.

¿Conocéis la historia de cómo perdió el brazo izquierdo?  

Un día se lastimó, tenía una herida que le dolía de forma intermitente, cada día. A veces se sentía muy feliz porque estaba aprendiendo a vivir con esa cicatriz constante, sólo le daba calambrazos de vez en cuando.

Sin embargo, un día el dolor fue demasiado. Tan intenso y tan profundo que, tras meditarlo y haciendo de tripas corazón, se rebanó el brazo de cuajo. No podía aguantar más.

Así, mutilada y sin brazo, lloró y sangró hasta que consiguió suturar la herida. Sabía que no volvería a ser la misma persona. Se convenció de que se acostumbraría; tal vez, con el tiempo, conseguiría una de esas piezas ortopédicas que le ayudaría a manejarse mejor, aprendería a hacer las cosas de otra forma.

Le dolía mucho, a veces incluso le despertaban los fuertes pinchazos en la sutura.

«Se pasarán. Mejor un dolor agudo puntual que un dolor crónico», se decía.

Esa noche se fue a dormir tarareando una canción que le hizo sonreír  «Here, There, Everywhere» de The Beatles. Era consciente de que había perdido un brazo, pero quizá (ojalá) había ganado una nueva vida. 

Se desprendió de aquello que tanto quería pero que tanto le daño le hacía.  

¿Y tú? ¿Has tenido que hacerlo alguna vez?

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¿Cuántas veces mantenemos relaciones que nos hacen daño porque sentimos que somos incapaces de irnos o dejar ir? Pensamos que el dolor que vamos a padecer al sufrir la pérdida de esa persona que tanto queremos será demasiado grande, nos negamos a renunciar a lo que nos aporta, creemos que sigue mereciendo la pena luchar. Lo intentamos una y otra vez, pero algo no termina de encajar, no estás completamente cómodo ni feliz pero “¿y si…?”

¿Por qué continuar? ¿Qué nos empuja a quedarnos?

Confiamos en que esa persona o esa relación cambiará, queremos, lo deseamos y por eso lo peleamos contra viento y marea desgastando nuestras fuerzas en el intento.  “Si cambiara podríamos ser felices”, “las cosas pueden mejorar”, pero la realidad es que, a pesar de todo el esfuerzo, el puzzle no termina de encajar. No estás siendo todo lo feliz que podrías y la energía que necesitas para serlo se pierde en el “todo vale por amor”.

Imagina una cuerda atada a tu muñeca. En un primer momento no aprieta, nos brinda incluso cierta seguridad: si tropiezas tal vez te ayude a mantenerte en pie y no caer. Sin embargo, esa cuerda se va estirando cada vez más por el uso y ya no resulta tan cómoda; de hecho, por miedo a que se nos  escape y perdamos lo que nos ofrece, la agarramos con más fuerza aún, tanto, que acabamos tirando de ella hacia nosotros. La cuerda se tensa, cada vez nos aprieta más; la seguridad que te brindaba se desvanece, comienza a dejarnos marcas en la piel y a cortarnos la circulación. Hace daño y duele.  

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Cierra los ojos por un segundo, deja de tirar de la cuerda. El miedo a perderla te paraliza, te impide soltarla. Pero consigues sacar valor del mismo sitio de donde sale todo el daño, todas las lágrimas que el tira y afloja ha vaciado y… Sueltas. El miedo sigue ahí pero comienzas a sentir la sangre fluir por tu mano de nuevo, puedes ver las rozaduras que te ha provocado la cuerda.

Amor sí, pero ¿a qué precio? 

¿Por qué no soltar antes?

¿De qué miedo nace la cuerda? ¿Qué miedo se esconde detrás (de ti)?

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Madrid, ciudad de las citas rápidas

Hemos pasado de las cartas de amor a los ‘whatsapps’ con propuesta de plan ‘cervecil’ el domingo al mediodía, sin olvidar los, cuanto menos dignos de analizar y a veces traducir, mensajes de las 3 de la madrugada entre copa y balbuceo.

Las personas cambian, las formas de relacionarse o comunicarse cambian, en la era del 2.0 la forma de ligar no podía ser menos y también ha variado. Cada vez son más las redes sociales o aplicaciones que te permiten conocer a alguien -o varios-, con los que intercambiar más de una mirada; los filtros son de lo más variopinto, desde la simple apariencia física, hasta la música que se escucha.

En ciudades donde cada vez vamos más acelerados y el tiempo se reduce a la mitad, llegó hace tiempo una revolución: speed dating. Citas múltiples de unos minutos de duración en las que conoces a varias personas para después comprobar si has hecho click mutuo con alguien; es como el típico circuito deportivo con diferentes actividades (1minuto haciendo abdominales, otro haciendo flexiones… Pesas, sentadillas…) pero esta vez en vez de poner el cuerpo a punto, tienes una cita rápida y cuando se acaba el tiempo, pasas a la siguiente -de ahí el nombre-.

Pues con la llegada de la primavera se reunieron unas 780 personas en busca de su ‘medio limón’, concepto promocionado por Amstel Radler. Un total de  7800citas hizo que en una hora Madrid se convirtiera en «El Speed Dating Más Grande del Mundo» en el Palacio de Cibeles, batiendo así un récord mundial. El evento fue presentado por Dani Mateo y los pretendientes se agrupaban por grupos de edad, sexo y orientación sexual.

Solteros, emparejados… Había quien iba con ganas de encontrar al amor de su vida y quienes simplemente querían echar una canita al aire. Podría asemejarse a lo que te encuentras en una red social de ligoteo en la que los «me gusta» tenían un cara a cara.

La lectura que se haga de la noticia ya depende de vuestra opinión, habrá quien piense que eso es positivo porque Madrid está plagado de amor que repartir, o a quien le entristezca esa forma de apresurar y reducir el concepto de enamoramiento o cita a unos minutos de duración.

¿Vosotros qué pensáis? ¿A favor, en contra? ¿Sois adeptos u opuestos al uso de estas nuevas tendencias para conocer gente?

Corazones rotos con hambre de amor

Hay una frase ánonima que dice que «algún día, alguien te abrazará tan fuerte, que todas tus partes rotas se juntarán de nuevo»; pero mientras llegan esos brazos, vas a tener que estirar los tuyos todo lo posible para poder cubrir tu espalda con ellos y encajar las piezas al máximo.

No soy suficiente. Suficientemente buena, capaz, sexy, hábil, inteligente, divertido, guapo… No eres lo suficiente para esa persona que amas o admiras, para tus padres, para desarrollar esa tarea u ocupar ese puesto de trabajo con el que sueñas. Pero justo cuando miramos hacia los demás buscando la solución y el reconocimiento, encontramos el primer problema: no eres lo suficiente bueno, para ti mismo.

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Haber crecido en un entorno que te ha hecho sentirte querido y apreciado, ayuda a crear un sentimiento de amor y pertenencia, a echar raíces que ayudarán a sujetar el tronco de tu árbol cuando el viento sacuda con fuerza sus ramas el día de mañana. Un entorno violento, muy crítico, pérdida de personas importantes, discusiones o faltas de respeto continuas. ¿Qué pasa cuando, por el motivo que sea, no se ha podido experimentar ese sentimiento de amor y pertenencia?  ¿O qué ocurre cuando sin saber por qué hace ‘crack’ y se rompe sin querer? Incluso cuando mi árbol está creciendo fuerte y sano, criando ricos frutos, puedo tener la sensación de que son amargos, o que una ráfaga puede tumbarlo en cualquier momento; en el fondo siento que el tronco y las raíces no son lo suficientemente fuertes.

Brené Brown lo explica de forma fantástica en esta charla TED, el poder de la vulnerabilidad que, si no puedes ver ahora mismo porque no te carga el vídeo en el metro, o estás en tu oficina y necesitas disimular, te recomendamos que marques en la lista de imprescindibles.

Uno de los dolores más grandes en relación al amor surge no sólo cuando piensas que los demás reciben algo que tú no (celos, sentimiento de inferioridad… ¿Os suena?) , sino cuando además sientes que tú no lo recibes por ser tú: por ser quién eres, por ser como eres. La injusticia duele y enfada, pero no se clava tanto en las costillas ni cría nudos tan grandes en la garganta.

Y sin quererlo, de repente nos encontramos con el corazón vacío, nos encontramos muertos de hambre. Hambre de amor, que es como el hambre de los abuelos de la posguerra, que ahora llenan su plato de «por si acasos», «por todas aquellas veces que no tuvieron», aquellos que muestran un apetito feroz porque comen todo lo que nunca pudieron comer. Pero están buscando comida en el lugar equivocado, en la cocina de los demás, y han olvidado mirar en su propia nevera; tal vez ni siquiera saben que la tienen, porque les han hecho pensar que la suya está vacía o no merece la pena, porque la han abierto y han mirado con los ojos ciegos de un corazón roto.

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En busca de ese amor y reconocimiento que (creen que) les falta, inician una cruzada incluso a través de los amores más imposibles o tóxicos, generando relaciones de dependencia emocional, aguantando y permitiendo actuaciones que en un principio jamás hubieran imaginado. Los límites se vuelven difusos por el miedo a establecerlos y perder lo que más se desea. Cuando en la base de mi ser siento que no soy digno de amor, estaré dispuesto a permitir cosas intolerables.

<<Para que exista una conexión real, los demás tienen que poder vernos, vernos de verdad>> El miedo a la desconexión de las personas con las que queremos conectar, entorpece la señal de conexión.

Quizá es hora de empezar a pensar que somos suficiente, somos dignos de amor; vengamos de donde vengamos, a pesar del daño que nos hayan hecho, tenemos derecho a ser felices. No sentir dolor no me hace ser más fuerte, sólo endurece mi corazón; la llave de nuestros mayores miedos siempre estará dentro de esa coraza, y para conseguir la felicidad, hay que romperla.

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Hay que ser más amable con uno mismo, tienes derecho a sentir amor y dolor. Reconocerte como imperfecto y permitírtelo te hará relacionarte mejor con los demás, porque serás capaz de relacionarte mejor contigo mismo y poner límites a lo que no quieras tolerar. No es mejor profesor quien piensa que lo sabe todo, sino quien sabe que comete errores y trabaja para cambiarlos. No nos referimos a exhibir la vulnerabilidad, hablamos de aceptarla y no tratar de esconderla a toda costa, hablamos de considerarnos dignos de amor. Sin embargo, una cosa es decir algo desde la boca y el cerebro, y otra muy distinta contarlo desde el estómago y el corazón.

Una vez que entiendes esto -desde las entrañas- no hay vuelta atrás, ya no puedes engañarte. Ya no querrás jugar a fingir quien no eres. Amar sin garantías y permitirse ser vulnerable parece fácil, hasta que toca esa fibra sensible, ese miedo, tu miedo. Pero una vez que lo reconoces, empiezas a ser más auténtico y quererte un poquito más.

Cada persona lo afronta a su tiempo y en su momento. Muchos se irán, otros se quedarán, pero eso no significa que no hayas sido suficiente, o que no seas digno de amor. Eso sí, una cosa es decirlo, y otra, creérselo.

 

El Museo de las Relaciones Rotas

Has roto con tu pareja, de la que estabas enamorad@ hasta los huesos. Ahora ya no está, pero cada vez que miras las paredes están llenas de sus recuerdos, de sus abrazos y de todos los rastros que su ausencia ha dejado tras de sí. Es imposible despedirse -si es que ésa es tu intención-.

Las sobras del amor que quedan tras la ruptura. Algunos restos quedan enterrados en una caja en el fondo del armario, otros se queman en la hoguera de San Juan, hay quienes prefieren arrojarlas a la basura con rencor o indiferencia y quienes los recolectan como muestra del amor que un día existió. Pero también están aquellos que los exponen cual pieza de arte.

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Así nació el Museo de las Relaciones Rotas -Museum of Broken Relationships-, una galería un poco especial y que abre sus puertas en Los Ángeles en mayo de 2016. Sin embargo, al igual que ocurre con muchos remakes, el origen de esta idea nace de un proyecto itinerante desde el año 2006 y que finalmente instaló primera sede fija en Zagreb, Croacia.

Aunque muchos puedan pensar que se trata de una exposición creada desde el morbo del despecho, lo cierto es que la idea original pretende recoger la esencia y el trasfondo de una relación que se ha acabado, un proceso de separación simbólico. Las piezas son donadas y se pide que cada objeto vaya acompañado de la explicación y su significado, pueden ser anónimas pero se antepone como condición que no sean discriminativas.

Miles de historias de amor nacieron y murieron, pero merecen su lugar en este espacio tan particular.

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