El tiempo pasa, y pasa sin tan siquiera darnos cuenta. Como si fuéramos espectadores viendo las horas pasar a través de nuestra ventana.

Acumulamos experiencias, años y segundos sin apenas ser conscientes, asumiendo el mañana como un derecho, y no como un privilegio o una oportunidad.

Alper Yesiltas, sin embargo, se dió cuenta de que el reloj acumula segundos en los corazones de todas las personas, pero también en el caso de ciertas ventanas. Y puso especial atención a una ventana en particular.

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