Todas las prendas de Zara, la cadena estrella de Inditex, llevan una alarma. Se trata de un pequeño objeto de plástico, con una fina aguja que atraviesa la tela y se acopla a otra pequeña pieza por dentro de la ropa. No es nada nuevo para los clientes. Sin embargo, su interior oculta mucha innovación. Y es que las alarmas de Zara no solo provocan que se active una alarma cuando alguien roba un artículo, incluyen desde hace varias semanas un chip con datos sobre el producto, que le hace saber a la compañía en qué lugar están sus miles de productos hasta su venta.

El sistema que esconde la alarma es una antena RFID, tecnología de radiofrecuencia. Inditex lleva trabajando en ello los últimos 10 años y en la presentación de resultados económicos de la semana pasada, realizó una extensa explicación sobre su funcionamiento en su centro logístico de Zara Hombre en Arteixo, A Coruña, donde estuvieron presentes varios medios de comunicación. De momento han instalado el RFID en las tiendas de ZARA pero el objetivo es llevarlo al resto del grupo. En cuatro años han desembolsado en este y otros proyectos vinculados a avances tecnológicos 1.000 millones de euros. No está mal.

¿Cómo funciona el RFID?

Tiene dentro una especie de matrícula personalizada que Zara otorga a cada una de sus miles de prendas. Es única e incluye datos sobre la prenda, desde el modelo al color o la talla. La compañía, así, sabe todo lo que entra y sale del almacén y los detalles de cada prenda que se venden. El particular sistema logístico de Inditex hace que la inmensa mayoría de las prendas que fabrican en todo el mundo pasen por sus centros logísticos españoles antes de llegar a las tiendas. Al entrar en el centro logístico, se carga en todas ellas la matrícula del producto que acompañan. A través de unos túneles, en cajas o en percheros, las prendas pasan por una especie de escáneres que introducen los datos en solo unos segundos.

Las prendas abandonan el centro logístico con todos sus datos dentro de sus pequeñas alarmas. Al llegar a las tiendas, y ser descargadas, los empleados, con una pistola láser, pueden comprobar en segundos (sin deshacer ni las cajas) todos los artículos que han llegado, sin contarlos uno a uno. Porque las diminutas antenas RFID que esconden sus alarmas emiten en un radio de tres metros y le dicen al ordenador que han llegado.

En las tiendas los empleados saben en todo momento lo que se vende. Cuando el cliente escoge una prenda, al retirar un empleado la alarma, ésta traslada automáticamente a la caja registradora los detalles del artículo que se está vendiendo y el precio, sin tener que escanear una segunda vez el artículo. Una vez satisfecha la cuenta, el ordenador registra que ese artículo abandona la tienda. La alarma, una vez retirada por el dependiente, pasa a una caja. La información que contiene será borrada. Y de nuevo entrará en el sistema: será enviada a una fábrica, para acompañar a una nueva prenda.