Un espacio de salud y bienestar gracias a las aguas minerales, con una panorámica desde la piscina exterior que pocos balnearios urbanos pueden igualar

© Vincent Damarin

En pleno corazón del itinerario modernista de la ciudad, se levanta uno de los complejos de bienestar más ambiciosos de Francia. Nancy Thermal abrió sus puertas en la primavera de 2023 tras una remodelación de gran envergadura firmada por los arquitectos Anne Démians y Nicolas Chabanne. Reúne bajo un mismo techo un balneario termal, un centro de deportes acuáticos, una zona de tratamientos de salud y una residencia hotelera. El resultado es un espacio descomunal organizado alrededor de una piscina circular histórica de casi 900 m²,  que combina la elegancia arquitectónica de principios del siglo XX con instalaciones completamente contemporáneas.

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Además, Nancy Thermal se encuentra a un paso del corazón del Art Nouveau nanceino. Esto convierte el barrio en un «destino dentro del destino». A escasos minutos a pie están la Villa Majorelle, la residencia del ebanista Louis Majorelle y uno de los edificios modernistas más emblemáticos de Francia, y el Museo de la École de Nancy, dedicado al movimiento que convirtió la ciudad en referente europeo del Modernismo a finales del siglo XIX. Un mismo paseo (fácilmente de un día entero) permite así combinar el termalismo con una de las páginas más singulares de la historia del diseño europeo.

El agua es la verdadera protagonista del complejo. Se extrae a 800 metros de profundidad, brota de forma natural caliente y rica en minerales —especialmente hierro y potasio—, con temperaturas que oscilan entre los 18 y los 37 grados según la piscina. Su historia se remonta a 1909, cuando un manantial artesiano surgió durante la Exposición Internacional del Este de Francia; en 1911, la Academia Nacional de Medicina francesa reconoció oficialmente sus propiedades beneficiosas, empleadas desde entonces en el tratamiento de la reumatología y de trastornos digestivos. El primer balneario se inauguró en 1913, con la piscina de agua mineral más grande del mundo en su momento, aunque la Primera Guerra Mundial frenó el proyecto original. El edificio y su emblemática rotonda están hoy protegidos como Monumento Histórico.

De ese legado nace la actual división del complejo, que separa con claridad la parte médica de la lúdica. Por un lado está el balneario termal, homologado para el tratamiento de afecciones reumatológicas y secuelas de traumatismos, con curas termales supervisadas y una zona de bienestar alrededor de la piscina circular renovada: baños calientes y fríos, saunas, hammam, jacuzzis, masajes y tratamientos corporales y faciales, tanto en espacios interiores como al aire libre. Por otro, Aquasport, pensado para el ocio familiar, con una piscina de 50 metros, piscinas nórdicas y recreativas, juegos acuáticos y toboganes.

Un detalle práctico que conviene tener en cuenta antes de la visita: el acceso a las piscinas está sujeto a una normativa estricta sobre el bañador. Quedan expresamente prohibidos los bermudas, los bañadores tipo surfista o cualquier bañador ancho. Se exige un bañador técnico o deportivo, de tejido ajustado al cuerpo. Quien llegue sin uno adecuado puede comprarlo directamente en el propio complejo antes de acceder al agua.

© Nicolas Dohr

Pero la verdadera postal de Nancy Thermal se vive fuera. La gran piscina exterior de agua termal natural ofrece una panorámica que pocos balnearios urbanos pueden igualar: flotando en el agua caliente, la mirada se pierde en la vegetación frondosa del vecino Parque Sainte-Marie, que se extiende justo enfrente como un telón verde continuo, mientras a la espalda se recorta la silueta neoclásica de la cúpula histórica que corona el complejo. Es un contraste que funciona en ambas direcciones: desde el parque, el vapor que se eleva de la piscina; desde el agua, el paisaje urbano transformado en jardín. Esa vista abierta, sin nada que la interrumpa, es probablemente la imagen que mejor resume el espíritu de Nancy Thermal —bienestar contemporáneo con el peso histórico de un balneario centenario de fondo, todo enmarcado en un lienzo verde a cielo abierto.

© VIncent Damarin