A estas alturas del mes de diciembre, todas las ciudades del mundo ya han inaugurado el encendido eléctrico de la decoración navideña para celebrar las fiestas más señaladas del calendario. Cada uno de los detalles ya ocupa su lugar. Y los árboles de Navidad ya han empezado a alumbrar los lugares emblemáticos de cada villa, aldea, pueblo o ciudad.  Fueron los celtas los que, para celebrar el nacimiento del dios del sol Frey que coincide con el día de Navidad, decoraban árboles para atraer la prosperidad y la fertilidad. Fue San Bonifacio quien cristianizó esta tradición para erradicar este culto pagano, aunque no fue hasta el siglo XVII cuando en Alemania aparece el primer árbol navideño que conocemos como tal en la actualidad. Muchas son las variantes para decorar este elemento tan imprescindible en esta época del año y muy diferentes y sorprendentes en los lugares más visitados y concurridos de todo el planeta. ¿Hacemos un repaso a los árboles más originales de estas Fiestas?

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Uno de los árboles más esperados cada Navidad por los parisinos es el que adorna las famosas Galerías Lafayette. Situado bajo la espectacular Cúpula Centenaria, el tema elegido este año es un tanto cósmico o sideral. La mismísima Vía Láctea ha tomado vida a través de adornos de oro y plata que representan meteoritos. El broche final corre a cargo de una lluvia de estrellas simulada que cae desde la cúpula principal.

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Otro de los árboles más famosos y celebrados cada Navidad es el que decora la ciudad de Río de Janeiro. Cada año, su inauguración se convierte en todo un espectáculo con conciertos y fuegos artificiales, siendo uno de los eventos más importantes después del Carnaval de Brasil. Con sus 85 metros de altura y unas 542 toneladas de peso, este árbol flotante se decora con más de tres millones de luces que alumbran la laguna de Rodrigo de Freitas sobre el que se levanta. La temática elegida para este año es el significado de la Luz, desde el nacimiento de las estrellas, pasando por la luz del Sol, la de la Navidad y la de las personas que han alumbrado la vida de cada uno de los habitantes de la ciudad carioca.

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Uno de los árboles que más han llamado la atención este año es, sin duda alguna, el que decora la Piazza Castello, en la ciudad de Turín. Realizado en cristal, sus luces emulan la decoración de las vidrieras de una catedral gótica medieval pero con un fin totalmente distinto: representan un calendario de Adviento.

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Sin duda alguna, el árbol más esperado por todos los niños es el que se levanta este año en la Plaza de la Federación en Melbourne y está realizado con piezas de LEGO. No podemos imaginar la cantidad de piezas que se han tenido que utilizar para alcanzar los 10 metros de altura y que ha llevado más de 2.000 horas de trabajo para levantarlo. Solo la estrella que lo culmina está formada por más de 13.000 unidades de estas famosas piezas. Además, todo el árbol se ilumina con unas 3.500 luces de LED. Toda una maravilla para los fans de estos juegos de construcción.

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A pesar de que esté feo comentarlo, el árbol más original y bonito de esta Navidad 2015 es el que decora la ciudad lituana de Vilna. Levantado en plena Plaza de la Catedral, en el corazón del casco antiguo de la ciudad, el árbol que decora este emblemático lugar, donde se celebra cada año el mítico mercado navideño, representa una casita de madera decorada con luces de colores que recuerda la mítica casa de los duendes de Santa Claus. A la vista, resulta tan acogedora que dan ganas de entrar en ella y quedarse a vivir.

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Y, aunque no fue realizado en este año, el árbol de Navidad más apetecible del mundo se encontraba en la ciudad francesa de Nantes. ¿Qué por qué era tan apetecible? Pues porque  estaba hecho, nada más y nada menos, que de chocolate. Imagínese 4 toneladas de chocolate alcanzando 10 metros de altura. En el salón de casa fijo que no entra. Pero lo mejor de todo fue el fin para el que se realizó: recaudar fondos para la investigación de enfermedades neuromusculares. El chocolatero francés Patrick Rogers puede estar orgulloso de esa golosa y dulce obra, aunque ya no quede ni un gramo de ella.

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