¿Y si la casita de Hansel y Gretel no fuera un mero cuento para niños? Scott Hove y Keith Magrude han debido de llegar a la conclusión de que las casitas de caramelo y dulces pueden hacerse realidad. Más de 7000 metros cuadrados helados y congelados han sido llenados de azúcar, caramelos, helado y frutas para crear una dulce acuarela de color y sabor que permanecerá durante más de un mes en la galería Think Tank.

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La instalación, bautizada como Cakeland, intenta ser una experiencia única que sumerja al espectador en un espacio diferente pero siempre con una búsqueda de la reflexión profunda. Tal es así que en este mágico espacio también aparecen elementos peligrosos como fauces de animales (de lobos y leopardos) hechos en plástico, así como otros objetos, que se mimetizan con el divertido mundo de las golosinas. No todo es oro lo que reluce o, más bien, no todo lo que puede gustar es bueno y puede estar rodeado de toda clase de peligros.

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Una curiosa crítica que puede extrapolarse a muchos ámbitos de una sociedad actual y que no deja de ser una amarga visión de la realidad diaria en la que vivimos sumergidos. Hansel y Gretel están de esta forma más vivos que nunca.