Vuelve Concéntrico, el laboratorio urbano que prueba hipótesis en tiempo (y espacio) real en Logroño

Javier Peña Ibáñez, creador de Concéntrico, delante de la intervención La Serrana (Matilde Cassani Studio) durante la inauguracíón de la XII edición del festival

La arquitectura y el diseño pueden dejar de ser una conversación entre profesionales y convertirse en algo que ocurriera en la calle. A escala uno a uno y accesible para cualquiera que pasara por allí. Con esta intuición el arquitecto Javier Peña Ibáñez creó el festival Concéntrico en su ciudad natal, Logroño, en 2015. Lo que entonces no sabía era “hasta qué punto esa accesibilidad iba a transformarnos a nosotros más que a la ciudad”. De hecho, las instalaciones del festival transforman la relación que la gente tiene con los edificios y con las plazas que cruza cada día. Y para esto, según Javier, hace falta el juego entre realidad y ficción.

“Trabajamos desde el rito, lo escénico y el relato, entendiendo el espacio público como un lugar capaz de construir experiencias compartidas. Cada edición propone, en el fondo, pequeñas ficciones que ocurren en la ciudad”, comenta Javier Peña. Así, Concéntrico fusiona la larga tradición de ocupar la calle con la idea de laboratorio urbano efímero. “Probamos hipótesis a tamaño real, en el espacio público, con todo el riesgo y toda la riqueza que eso supone: una vez que la intervención está en la calle, nadie controla cómo se usa, y es precisamente ahí donde aprendemos”.

Una de las pruebas más llamativas este año de que Concéntrico se ha convertido en una relevante referencia la encontramos entre los participantes de la edición 2026. El arquitecto chileno Smiljan Radic había confirmado incluso antes de que llegara la noticia de ser galardonado con el Premio Pritzker, el Óscar de la Arquitectura. A Logroño trae un circo itinerante de escala humana.

Frontones Danzantes (2050+)

Frontones danzantes propone una infraestructura efímera que convierte el juego en una herramienta de transformación urbana. A partir de un gesto elemental —un muro y una pelota—, recuperan el espíritu colectivo de la Pelota Vasca. La intervención actúa sobre el Aparcamiento del Revellín, hoy caracterizado por su condición de espacio de tránsito, para transformarlo en un paisaje dinámico donde arquitectura y movimiento se entrelazan. El proyecto introduce 3 frontones móviles que amplían las posibilidades de uso del lugar, incorporando distintas prácticas deportivas como el baloncesto, el fútbol o la escalada. Inspirado en la lógica de lo temporal y lo adaptable, el sistema se construye mediante elementos modulares en seco, combinando paneles de madera y estructuras metálicas móviles. Esta configuración permite que los dispositivos se desplacen y reconfiguren.

Un Tercio de la vida (Suomi-Koivisto & IC-98)

Con Un Tercio de la vida los finlandeses Suomi-Koivisto & IC-98 continúan la investigación iniciada en la anterior edición del festival. El jardín secreto pero abierto vive su propia vida y tiene doble función: ofrecer resistencia a la sequía y el fenómeno de isla de calor. Además, actúa como escenario de un templo de incubación itinerante que busca superar la polarización política y el desapego de los vínculos naturales a través de un ritual de sueño y sueños compartidos.

Circo (Smiljan Radić)

Smiljan Radić traslada y colorea un circo pobre chileno de 20 metros de diámetro para instalarlo sobre un terreno blando de Logroño. Se inspira en el artista chileno Eugenio Dittborn quien, durante los años de la dictadura, enviaba de contrabando grandes pinturas plegadas dentro de sobres grises a distintas partes del mundo: sus Pinturas Aeropostales. Entre las arquitecturas posibles, pocas admiten con la misma naturalidad esa condición de ser plegadas, transportadas y reinstaladas en pocas horas. El circo —en su escala menor— es una de las formas paradigmáticas de esa economía del movimiento.

Resonancia (PPAA)

El Ayuntamiento de Logroño, proyectado por Rafael Moneo, fue concebido como un fragmento de ciudad más que como un edificio aislado. Su arquitectura plantea una plaza abierta, entendida como un espacio público donde la vida urbana se manifiesta y donde la institución se acerca a los ciudadanos. A partir de esta premisa la propuesta de PPAA no busca introducir un objeto en la plaza, sino trabajar con su vacío. El proyecto nace de la retícula del propio edificio, cuya geometría se extiende hacia la plaza como una prolongación silenciosa de su orden. Más que ocupar la plaza, la intervención teje nuevas conexiones entre el edificio, la ciudad y quienes la atraviesan. El vacío se convierte así en un lugar activo, donde el movimiento de los peatones completa la arquitectura.

Cathedral For One (Aau Anastas)

Cathedral for One es una arquitectura de piedra para un único visitante. Suspendida sobre el suelo, invita al cuerpo a retirarse momentáneamente de su entorno y a adentrarse en un interior tallado en una masa de piedra. A través de una abertura bajo la estructura, el visitante se desliza al interior de una cavidad lisa y envolvente, en la que suena música de varios artistas.

Un espacio para la soledad, la contemplación y el desapego temporal. El proyecto está construido íntegramente con losas desechadas, recogidas de una fábrica de piedra. Aspirando a la intensidad espacial de un santuario, Cathedral for One propone un lugar donde piedra, sonido, cuerpo e imaginación se encuentran en una celebración compartida de la arquitectura.

A Soft Embassy (DF_DC)

A Soft Embassy es un pabellón temporal para activar 5 acciones clave en la revitalización de una calle: producir, encontrarse, jugar, manifestarse y recircular. La propuesta adopta la estructura simple del andamio, normalmente asociada a la restricción del acceso, para transformarla en un espacio abierto, poroso y permeable. Reconfigurado cada día, el pabellón acoge eventos públicos dirigidos por un invitado o invitada —un Embajador— que propone una acción concreta en la que los transeúntes pueden participar e incorporarse al propio dispositivo. El pabellón permanece abierto todo el día e invita a usarlo de forma intuitiva y personal. Sus superficies de madera contrachapada y tela reaccionan al uso y a las condiciones climáticas del festival, de modo que la forma cambiante del pabellón se convierte, en sí misma, en una acción más.

Terroir (Boltshauser Architekten & Garbizu Collar)

Terroir es un pabellón construido con tierra compactada y barricas de vino reutilizadas. Una vez finalizado su ciclo enológico, las barricas se reutilizan primero como encofrado para compactar los muros de tapial y, después, como soporte estructural de la cubierta, quedando plenamente integradas en la arquitectura. El resultado es una construcción de emisiones de CO₂ prácticamente nulas: la tierra procede del propio lugar, se compacta con un consumo energético mínimo y puede volver al suelo al final de la vida del edificio sin generar residuos.

Más allá de su dimensión constructiva, el pabellón funciona como una Cámara de Cata Climática: un espacio donde el vino no se degusta dentro de las mismas variables ambientales que lo originan. Desarrollado por Roger Boltshauser — referente internacional de la construcción con tierra y profesor en la ETH Zúrich— junto a Garbizu Collar, el proyecto subraya el paralelismo entre arquitectura y vino: ambos dependen del tiempo, del cuidado, de la materia local y de una gestión precisa de los recursos.

Imágenes Sara Cuerdo y Josema Cutillas