Cuando la belleza tiene sabor a fresa

olores fluorescentes que dan vida a unos retratos que parecen interactuar con el espectador, consiguiendo crear una particular intimidad entre el público y la obra. Emociones captadas hasta el más mínimo detalle en los que curiosos y «críticos» se pierden para sentir y dejarse llevar por la mágica obra de Jen Mann