Hablamos con la Dra. Sara Teller sobre su nuevo libro Neurocúidate, o la neurociencia como herramienta de uso diario.

Hoy, hay pocas fronteras del conocimiento que por el interés que despiertan pueden competir con la del funcionamiento del cerebro humano. El auge actual de la neurociencia responde a este interés, ya que en este órgano extraordinario reside la esencia de nuestros pensamientos, emociones y experiencias. Precisamente del cerebro y de nuestra capacidad para cuidarlo y al mismo tiempo «utilizarlo» más plenamente, habla la Dra. Sara Teller en su nuevo libro, Neurocúidate (ed. Aguilar). Se adentra en temas que van desde el placer, el deseo y la sexualidad hasta los misterios de la conciencia. Además, nos aconseja cómo entrar, poco a poco, en un estado de flow. En un lenguaje sencillo, Sara Teller arroja nueva luz sobre lo que nos ocurre tanto «dentro» como «fuera».

Sara Teller es doctora en Neurofísica por la Universidad de Barcelona. Ha estado investigando con grupos líderes en el campo de la Neurociencia y las Redes Complejas. Desde hace unos años se está dedicando a su pasión por la divulgación científica. Y más en concreto, por compartir el conocimiento sobre cómo funciona el cerebro. En paralelo, se ha formado como bailarina y como profesora de Yoga. Esta combinación hace que la doctora Sara Teller tenga la capacidad de transmitir el conocimiento científico de manera cercana y fácil, con el objetivo de impulsar el crecimiento de cada persona. Es coautora del best seller El cerebro de la gente feliz (Grijalbo), escrito junto con Ferran Cases, y traducido a 9 idiomas.

Hablamos con la Dra. Sara Teller sobre su nuevo libro Neurocúidate.

Hoy en día existen cada vez más posibilidades para buscar una mejora personal, tanto física, como mental, espiritual, etc. Entre ellas está su nuevo libro Neurocúidate. ¿Cómo orientarse entre una oferta tan amplia?

Es cierto que ahora los libros que hablan sobre el cerebro se han puesto muy de moda y es difícil saber cuál escoger. Creo muy importante, sobre todo mirar la formación académica de la persona que ha escrito el libro. Después, ver el tono en el que está escrito. Si el tono es demasiado serio, será muy aburrido. Es necesario que el tono sea ameno, entretenido y pedagógico para que llegue bien al lector.

¿Cuáles son los últimos grandes descubrimientos sobre el cerebro que nos sorprenderían y que mejorarán la salud y el bienestar en un plazo de tiempo de cinco a diez años?

Uy, ¡hay muchos! La neurociencia, la ciencia que estudia el cerebro, está ahora mismo en pleno auge. Por ejemplo, sobre la neurociencia de la felicidad y el bienestar aún hay mucho que descubrir. ¿Realmente nuestro cerebro está preparado para ser feliz?, ¿De qué manera? O, por ejemplo, todo el tema de la consciencia. ¿Dónde reside la consciencia? ¿Para qué sirve exactamente? Estos dos temas que, de hecho, toco en mi libro son temas muy interesantes y que aún queda mucho por explorar a nivel científico. 

¿Está el deseo de cambiar y mejorar siempre condicionado por el hecho de querer hacerlo?

Absolutamente sí. Tienes que estar motivado en querer cambiar y crecer. Tienes que tener un compromiso contigo mismo. Para ello puede ayudarte visualizar lo bien que estarás en el futuro tras ese cambio, o bien, día a día, recordarte por qué quieres realizar ese cambio, en qué sales ganando. El cerebro prefiere lo de siempre, lo conocido, es normal que los cambios cuesten, pero si tenemos presente nuestra motivación, esta puede llevarnos donde queramos.

En sus publicaciones vemos trabajos científicos (casi) indescifrables para el público general. ¿Tienen algo en común con su otra faceta, la de “traducirlos” y explicarlos a un idioma más popular?

Siempre me ha encantado el mundo de la educación. De hecho, al finalizar mi doctorado, me saqué el máster de profesorado, por si algún día quiero dedicarme a ello, cosa que nunca descarto. Desde bachillerato no he parado de dar clases en escuelas, academias, universidades y centros. El tema va cambiando, pero es algo innato en mí, el querer compartir lo que sé de manera llana y amena para que cualquier persona pueda entenderlo. Me llena mucho. 

¿Qué importancia tiene la divulgación científica a un nivel entendible, asequible e incluso ameno para un público mucho más amplio?

Para mí mucha. De hecho, a veces la ciencia fuera del mundo científico para muchos es densa, complicada y aburrida. Me encantaría que esta concepción cambiara porque realmente la ciencia tiene mucho que aportarte, por ejemplo, para ganar en calidad de vida y felicidad.

¿Cómo decidió dedicarse a la divulgación, los cursos de neurociencia, las clases de yoga, el baile?

Cuando presenté mi tesis doctoral, empecé a sufrir ataques de pánico. Todo ese proceso me hizo pensar mucho hacia donde quería ir, qué quería hacer en mi vida. Aunque seguí unos años más en el mundo de la investigación, empecé a adentrarme de manera muy profunda en el Yoga. Me ayudó enormemente a calmar mi ansiedad y reducir los ataques de pánico. Después fue el hecho de meterme de lleno a entender lo que le estaba pasando a mi cerebro (neurociencia de la ansiedad). Finalmente, es lo que hizo que pudiera salir de todo ello. Como decía Marie Curie, “nada en la vida debe ser temido, tan solo comprendido.” De ahí que empezara a compartir todo este conocimiento, que quedó plasmado en mi anterior libro, El cerebro de la gente feliz. Y que ahora me animara a escribir otro sobre cómo ganar en bienestar cuidando de nuestro cerebro.

Hasta aproximadamente una década, ya tan solo la palabra neurociencia a la mayoría de la gente nos sonaba casi a algo futurista. Hoy en día, en su libro propone que sea una herramienta de uso diario. ¿Cómo llegó a ser posible ese gran salto?

Quizás fue desde que la neurociencia se abrió a otros campos más conductuales, psicológicos y sociales. La neurociencia nos aporta no solo el funcionamiento “micro” de cómo actúan las neuronas y sus conexiones, sino que nos da respuestas a por qué los seres humanos pensamos como pensamos, actuamos y sentimos de una cierta manera y no de otra.

Cada vez más hay un acercamiento entre la ciencia más tradicional y las ciencias del bienestar, el desarrollo personal. ¿A qué se debe y qué ganamos con esto?

Por suerte así es. Y considero que este conocimiento es de gran utilidad para conocernos a nosotros mejor, para poder mantener una mejor relación con nuestra mente, liberarnos de culpas y aceptarnos tal cual somos. Aparte de que saber cómo funciona nuestro cerebro y saber cómo cuidarlo puede ayudarnos a mejorar nuestra salud mental. También, a prevenir según qué enfermedades mentales y ganar en gestión emocional.

Hace no muchos años ni siquiera era bien visto comentar con tu médico temas como meditación, yoga, etc. ¿Cree que hoy en día ese acercamiento entre la medicina convencional y el bienestar más holístico es un hecho?  Si es así, ¿se debe a algún descubrimiento científico al respeto o alguna nueva teoría?

Sí, yo creo que el hecho de que la ciencia esté dando respuestas a todo lo que sucede en el cerebro cuando meditamos, cuando realizamos yoga, qigong, etc. y esté viendo todos sus grandes beneficios para la salud, ha marcado un antes y un después en el mundo de la medicina. Por suerte, cada vez son más médicos convencionales que avalan todas estas técnicas antes considerada como “místicas”. Es gracias a todo este nuevo conocimiento científico. En este sentido estoy muy contenta de poder estar viéndolo, ya que siempre he navegado entre estas dos aguas.

La palabra flow se ha viralizado de una manera exponencial. Comenta en el libro que en realidad tiene base científica y que en estado de flow la creatividad puede incrementarse hasta un 700%, y la productividad hasta un 500%. Son porcentajes apabullantes. Cuéntenos un poco más sobre cómo funciona, cómo se ha podido medir y qué es necesario “hacer” para poder aprovecharse de ese estado de flow.

Cuando estamos haciendo algo y entramos en estado de flow, sentimos que todo nuestro alrededor desaparece. Perdemos la noción del tiempo y de nosotros mismos, estamos en un estado de profunda concentración y disfrute. Es algo que vemos mucho en músicos o bailarines.

Utilizando técnicas de neuroimagen en personas que están tocando un instrumento o resolviendo un problema matemático, los investigadores han podido ver qué es lo que pasa en el cerebro cuando entramos en ese flow.

Dos condiciones iniciales muy importantes si quieres entrar en este estado óptimo del cerebro es motivarte con aquello que estás haciendo. Que realmente sientas que tienes ganas de hacerlo. Lo segundo, que el nivel de dificultad sea el idóneo. Si la tarea es muy sencilla, perderás rápido la atención y te aburrirás. Si, por el contrario, es demasiado difícil, te sentirás bloqueado, procrastinarás y la acabarás dejando. Para que entres en flow, la atención tiene que estar presente en el proceso.

¿Cree que el cerebro humano podrá ser “copiado” y “reproducido” por los avances de la ciencia y la tecnología en los próximos años? ¿Ve la IA como una posible amenaza para el ser humano?

Por lo menos, aún estamos muy lejos de poder reproducir verdaderamente un cerebro humano. Sí que hay partes de nuestro cerebro que pueden ser reproducibles, algunas habilidades cognitivas, por ejemplo, la resolución de problemas matemáticos. Pero hay muchos aspectos de nuestro ser que las máquinas no pueden copiar. Entre ellos, nuestra capacidad de sentir, o de ser conscientes de nosotros mismos.

Igualmente, nada de los avances que se den dentro del mundo de la IA los considero amenazantes. Al revés, según el uso que le demos, podemos ganar mucho y que todo esto juegue a nuestro favor.

Una “amenaza” que ya está encima, son las redes sociales, a las que casi todos estamos enganchados, sobre todo a través de los móviles. ¿Puede pronosticar a qué nos va a llevar esta “dependencia”, puede ver un cambio significativo en ese sentido?

Como dicen, “las redes han venido para quedarse”. En mi libro hay un capítulo entero dedicado a ellas, ya que para mí es un “temazo”. Creo que si hacemos muy buen uso de ellas podemos sacarles mucho partido, pero claro, para ello tenemos que ser conscientes de lo que generan en el cerebro, y saber cómo gestionarlas adecuadamente.

Habla bastante de la ansiedad. Parece que la preocupación y la ansiedad es algo casi inherente a la vida moderna, incluso en personas que diríamos bastante felices. ¿Es así, se puede evitar, nos podemos acostumbrar a vivir asi?

La ansiedad es uno de los grandes males de la vida moderna, sí. Cada vez hay más personas que sufren de ansiedad y/o depresión. Mucho de todo esto es debido a que nuestro cerebro no ha tenido tiempo aún de adaptarse a todos los grandes cambios que hemos vivido recientemente, como por ejemplo, vivir rodeados de pantallas. Pero también el hecho de que el cerebro no distinga qué es real de lo que es imaginario, hace que muchos de nuestros propios pensamientos nos generen mucha ansiedad. Por ejemplo, la autoexigencia, tener un diálogo interno autocrítico, o pensar que no tenemos los recursos necesarios para combatir una situación (puede ser el no tener tiempo para llegar a todo), hace que sintamos mucha ansiedad.

Si limitamos un poco más los “inputs” que nos llegan de manera externa, y a la vez prestamos más atención a nuestros pensamientos para que estos sean más amables y optimistas, realmente podemos reducir, incluso evitar la ansiedad.   

En su libro habla del triángulo de la salud: ejercicio físico, yoga y nutrición. A primera vista parece totalmente lógico y básico, y aun así muchas veces no lo hacemos. ¿El cerebro tiene algún mecanismo para querer NO hacer todo esto? Perece que para estar bien, necesitamos hacer algún esfuerzo que desde la comodidad nos puede parecer incluso contra natura.

Está claro. Al cerebro en un inicio no le gustan los cambios, es algo costoso. Aprender algo nuevo, cambiar de rutinas, introducir nuevos hábitos significa crear nuevas conexiones por plasticidad neuronal, que consume muchos recursos. El cerebro tiende a ahorrar en recursos para ser más eficiente. Por eso es importante sobre todo al inicio persistir y realizar ese nuevo hábito al menos 66 días. No 21 días como se solía decir, ya que este es el mínimo de días que se necesita, pero la media está en 66 días. Si durante esos 2 meses te mantienes firme repitiendo ese hábito (utilizando tu motivación y disfrutando del camino), le será cada vez más fácil a tu cerebro realizarlo. Hasta que al final se convierta en algo automático. 

También se comenta bastante sobre la tiranía de la felicidad. Hay incluso gente que dice: no quiero ser feliz. ¿Cómo interpreta esta postura?

Puedo entenderla. Yo siempre digo que el objetivo principal del cerebro es sobrevivir, no ser feliz. Tenemos muchas “imperfecciones” en nuestro cerebro que hacen que a veces cueste estar bien. Pero considero que podemos hacer mucho al respecto para ganar en bienestar. Está bien tener el objetivo de ser felices o de ser mejores personas, está bien mantener esa dirección. Pero a la vez, es importante aceptar que no pasa nada si hay días que no lo conseguimos. Estamos diseñados para sentir todo tipo de emociones, unas más agradables, y otras menos. Todo forma parte de la vida y de nuestra naturaleza. Todas las emociones tienen su utilidad y han hecho que podamos estar aquí hoy, vivos como especie.

Una de sus recomendaciones es respirar. Es algo tan inherente a la vida, ¿necesitamos “aprender” a respirar de una forma distinta? ¿No es suficiente la manera instintiva de respirar? 

Sí, justamente a veces no le damos importancia a la respiración porque es algo que hacemos sin pensar todo el tiempo. Pero según los estudios, no sabemos respirar “bien”. La mayoría de personas respiran de manera corta y muy rápida. El desajuste que esto crea en nuestro cuerpo y mente es muy poco saludable. Lo mejor es intentar respirar largo y profundo. Largo en el sentido de que tardes al menos 3-4 segundos en coger aire y 3-4 segundos en soltarlo. Si puedes alargar más el tiempo de la inhalación y la exhalación, mucho mejor. Y profundo en el hecho de que el aire no solo se quede en las clavículas, sino que pueda bajar hasta las costillas y el abdomen.

De hecho, de manera instintiva sabemos respirar así. Un bebé, cuando nace, respira de manera larga y profunda, se puede ver cómo su barriga se expande al inhalar y se relaja al exhalar. Pero la respiración y nuestro estado mental y emocional están muy vinculados, una afecta a la otra, y parece ser que con los años, con el estrés del día a día, nos olvidamos de respirar “bien” y acabamos normalmente hiperventilando.

Es también coautora del libro “El cerebro de la gente feliz”. ¿Cómo es este cerebro? ¿Existen parámetros científicamente medibles y demostrables que destaquen en un cerebro feliz?

Cuando hablamos sobre la felicidad en el cerebro, se trata de conseguir la calma y el bienestar. Un cerebro que se siente protegido y amado, es un cerebro feliz. Si encima está lleno de una neuroquímica que te hace sentir bien (oxitocina, dopamina, serotonina y endorfinas), mejor que mejor. Todo esto se consigue gracias a las cosas que hacemos en nuestro día a día, con quién nos juntamos o de qué manera pensamos. Existe un parámetro que se ha puesto muy de moda para mirar este bienestar en el cerebro: la variabilidad de la frecuencia cardíaca.

Es decir, mirar cómo de variable es el tiempo que pasa entre latido y latido. De manera contra intuitiva, se ha visto que aquellas personas que presentan unos latidos del corazón muy periódicos (su variabilidad de la frecuencia cardíaca es nula) sienten mucha ansiedad y/o depresión. Mientras, personas que presentan una variabilidad de la frecuencia cardíaca alta son personas que viven en harmonía y felices.  ¿Qué dice este parámetro? Pues básicamente mira cómo de bien te adaptas al estrés, a los cambios de la vida, cómo de rápido eres capaz de pasar de un estado activo a uno relajado. Parece ser que tener alta esta adaptabilidad es clave para sentirnos bien. 

Imagen de la portada: © Nuria Aguade

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