Con la llegada del otoño, el paisaje comienza una transformación donde una eclosión de colores tiene lugar para marcar la transición hacia la llegada del frío y de las heladas. Los tonos verdosos de las hojas de los árboles pasan a tomar un color amarillo o rojizo para después adquirir un tono terroso y terminar cayendo por su propio peso de la rama donde nació.  Los bosques adquieren esa nueva tonalidad melancólica, típica de la época que marca el final del verano y de las cosechas. A muchos, contemplar este cambio en la fisonomía del paisaje les resultará algo fascinante y bello. Algo así fue lo que concibieron en su imaginación los dueños de una casa muy peculiar, donde la naturaleza forma parte de sus vidas y de su día a día.

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En una estructura ya existente, situada en la zona de Dnepropetrovsk, en Ucrania, la firma de arquitectos Azovskiy-Pahomova ha realizado una verdadera obra de integración y adaptación que resulta muy agradable a la vista del espectador. En una de las zonas boscosas de éste óblast ucraniano, bañado por las aguas del río Dniéper, se levanta una vivienda única gracias a las exigencias de su propietario que ha conseguido otorgarle un carácter diferente y particular.

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Bajo una estructura de hierro y hormigón se encuentra construido un hogar que busca traer la naturaleza exterior que lo rodea al interior. La elección de los tonos tierra en paredes y suelo, así como la utilización de madera en paneles y tarimas tiene como fin integrarse en un paisaje propio y característico de esta región europea del este. Además, dota al interior de una calidez inusual para adaptarse a las heladas y hielos invernales tan usuales en la zona.  La sencillez de la decoración, donde sólo los elementos más indispensables forman parte de la misma, y las amplias cristaleras, que se extienden por todo el edificio, son dos de los elementos clave de esta construcción, donde la luz y el contacto con el exterior son fundamentales para entender la vida en el interior.

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El primer elemento que llama la atención es el salón principal. Un amplio espacio ha sido concebido para el disfrute de los árboles y vegetación que se sitúan en el exterior. No hay paredes, sólo amplios ventanales cuyo principal motivo es la naturaleza. Tal es así que junto al amplio cheslong de tonos terrosos se sitúan unas pacas de paja que dan la impresión de pertenecer más a una granja que a una casa normal. El efecto en sí es algo chocante pero dentro de una lógica entendible si se quiere hacer partícipe al exterior en el interior. Llama la atención la chimenea principal que aparece colgada del techo en vez de resultar una estructura de ladrillo o piedra convencional, típica de las casas de campo. Otro elemento que resulta novedoso es la rampa exterior de piedras que se sitúan justo frente a la cheslong y que tiene como fin último buscar la serenidad y la relajación del inquilino que, durante los días de lluvia, puede disfrutar del efecto que causa la caída de las gotas de lluvia sobre ellas.

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La cocina es tan minimalista que da la sensación de ser sofisticada y elegante. Un elemento clave es fundamental en ella: la escalera de madera que conduce a la planta superior y que carece de asidero o barandilla alguna. Lo inusual está presente constantemente en esa vivienda y llama poderosamente la atención que esté concebida para crear ese efecto.

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También el baño resulta peculiar y original, con una pila de mármol grisáceso que hace juego con el frontal donde se sitúa un espejo  de madera, que a su vez hace juego con el armario de baño. Al igual de originales resultan los dormitorios, tan sencillos que sólo necesitan de las paredes, que imitan los colores del otoño, una cama y una alfombra.

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La Home 360, como así ha sido bautizada por sus creadores, resulta un ejemplo de cómo se incorpora el elemento visual exterior, el paisaje natural, en el interior del hogar, convirtiendo el espacio en algo continuo,  sin romper el equilibrio y mimetizándose con el lugar en el que se ubica.