En MalaTinta sabemos a ciencia cierta que el paraíso se esconde en las Azores. Es por eso que siempre que tenemos un hueco en nuestras agendas hacemos las maletas y nos disponemos a descubrir alguno de sus regalos. Cada vez que cruzamos el charco -realmente solo a medias- nos topamos con uno de esos rincones que te acarician el alma por su belleza, pero en nuestro último periplo por este enclave privilegiado del Atlántico, también tuvimos la suerte de encontrar un lugar único que además estimula el paladar. Una combinación perfecta para que tus sentidos entren en un bucle de placer del que es difícil despegarse y del que, sin dudas, te acabarás enamorando para más tarde señalar en el mapa otro puerto al que acudir para visitar un amor que encima se deja querer.

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Nos referimos al restaurante Cella Bar, situado en la costa oeste de Pico, una isla de cuyo vino seguramente dieron buena cuenta los dioses. Este local que nació de un antiguo granero que aún conserva las paredes originales de piedra volcánica. Para la ampliación, nada de más muros. Viajar a las Azores es tener línea directa con la naturaleza y, como no podía ser de otra forma, el diseño que el equipo de la firma de arquitectos portugueses FCC Arquitectura tenía preparado para el Cella Bar tenía como principal premisa fundirse con armonía con el enclave sobre el que se sustenta. Es por ello que decidieron realizar una extensión realizada a partir de madera bulbosa y que representa algo a medio camino entre el cuerpo de una ballena, animal que ha supuesto una de las principales fuentes de ingresos del pueblo azoriano, y un barril, donde se conserva el vino que consumen en todo el archipiélago y también exportan al mundo.

 

Así lo explicaban los propios responsables del proyecto que, junto al diseñador de interiores Paulo Lobo, han sido capaces de captar como si de una fotografía se tratase la esencia misma de la isla y la pasión de sus gentes. “Varias características del entorno están presentes en la arquitectura del edificio, incluyendo el contorno de la isla, las rocas, las ballenas y los barriles de vino”, así como la elección de la madera, cryptomeria, una variedad de madera del ciprés presente en el archipiélago.

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Una curiosa iniciativa con la que pretendían no solo explotar económicamente un edificio que ha permanecido décadas abandonado a su suerte, sino también una forma de honrar aquellos elementos naturales que conforman las nueve islas, especialmente a Pico, a través de “un lenguaje completamente diferente, con una construcción orgánica que contrasta con el lenguaje ortogonal clásico del edificio en el que está incrustado”.

Boceto del Cella Bar

Boceto del Cella Bar

Y aunque la estructura tenga dos elementos diferenciados, en su interior existen cuatro ambientes. La planta baja del antiguo granero está reservado para recibir al público con una buena copa de vino. Decorado todo en madera y con barriles por doquier para la disposición de los clientes, cuenta con una escalera por la que se accede a la segunda planta, en la que está el salón principal del restaurante. Eso sí, no es el único salón y ni mucho menos el más solicitado. Todos quieren probar la experiencia de saciar el apetito en la ‘barriga’ de la ballena de madera, que por su decoración y su iluminación ofrecen un ambiente más íntimo en el que medir con mimo cada matiz de su amplia propuesta gastronómica y su carta de vinos. Una vez finalizado el festín, la parada obligatoria está en el cuarto espacio de este rincón: la terraza. El lugar perfecto para sentarse, admirar el horizonte y reflexionar sobre la vida y cómo dar un giro a nuestras existencias para que la paz que se siente ahí arriba nos acompañe el resto de nuestros días. Tarea difícil, pero no imposible si un día los astros se alinean a tu favor y puedes comprobar en persona que es cierto.

* Imágenes del perfil de Facebook de Cella Bar.