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Pamela Anderson, una ‘abuela’ en lencería erótica

Atrás quedó ese ajustadísimo bañador rojo con el que Pamela Anderson cumplía las fantasías más ocultas de la audiencia, pero no por muchos años que haya pasado ella ha dejado de provocar sensaciones en aquellos que admiran su privilegiado cuerpo.

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Pull&Bear y Converse se visten de Navidad para recibir el 2021

Comienza la Navidad y las principales marcas de moda street style desplegan sus armas para mostrarnos las colecciones más navideñas de este 2020.

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Asistimos al showroom de Imoni París en la antesala de la Paris Fashion Week

Asistimos al showroom de Imoni Paris en la antesala de la Paris Fashion Week

Hace una semana tuvimos la oportunidad de poder asistir al showroom de la firma sueca Imoni Paris creada por Moni Rab, que aparte de sus propias colecciones de accesorios para mujer, presentaba las colecciones de otros diseñadores internacionales de moda y complementos. En un emplazamiento inmejorable, en la Rue Rivoli pudimos asistir a pequeños desfiles, photoshooting y la oportunidad de charlar personalmente con los diseñadores que allí mostraban sus diseños.

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¿Dónde está Irina? la supermodelo que no se deja ver

¿Dónde está Irina?, ¿Habéis visto ya a Irina?, ¿Cómo es Irina de cerca? Minutos después de lanzar en redes sociales el “aviso” de que estábamos siguiendo a Irina Shayk, la avalancha de preguntas (muy superior comparado con otros personajes), afirmaba el enorme interés que la carismática top model rusa despierta entre sus fans.

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Lady Gaga pone ritmo al desfile Victoria’s Secret

Este miércoles es el gran día para Victoria’s Secret con el desfile de moda más seguido de la historia. Un espectáculo de luces y color en el que las propuestas lenceras quedan relegadas a un discreto segundo plano por los impresionantes ángeles que los portan. También por los artistas que amenizan la jornada y que ponen banda sonora a la fiesta grande de la firma de lencería estadounidense que acapara toda la atención de los medios internacionales.

[Esto es lo que te podrías comprar por el precio de un Fantasy Bra]

Los afortunados que han logrado hacerse con un hueco en primera fila para ver el desfile de Victoria’s Secret en directo ya están compartiendo en las redes sociales las actuaciones de los artistas que ponen ritmo a los firmes pasos de las modelos.

Así, hemos visto a Lady Gaga:

Kendall Jenner y el erotismo en el ADN de Calvin Klein

calvin-klein-1Que a nadie le pille por sorpresa la última campaña publicitaria de Calvin Klein. La polémica que se ha generado alrededor de la firma de lencería pone de relieve lo erótico de su estética y sobre todo lo provocativas que son las imágenes que protagonizan Kendall Jenner, Klara Krisin, Abbey Lee Kershaw y Saskia de Brauw. Todas ellas bajo el objetivo de Harley Weir.

Pero distintos medios se han echo eco de una polémica que ellos mismos han ‘abortado’ para después acunarlo esperando el éxito. ¿Realmente no saben que en el ADN de esta firma la sensualidad y el erotismo son parte primordial de su estructura? Quizá sí sean conscientes de ello, pero ya saben lo que se suele decir en el mundillo: «Que la verdad no te joda un buen titular». Nosotros, por el momento, nos conformamos con que disfruten con la belleza estética que ha logrado plasmar Harley Weir, y también sonrojarnos un tanto viendo a este elenco de modelos en actitud provocativa.

¿Qué piensas que le diría una prostituta a su cliente?

¿Sabías que el 80% de las prostitutas en España ejercen la prostitución contra su voluntad? ¿y que en todo el mundo hay alrededor de 4,5 millones de personas que son víctimas de explotación sexual forzosa, la mayoría de las cuales son mujeres y niñas?. Cifras más que alarmantes que nos demuestran una realidad a la que se cierra los ojos.

«Esos hombres que sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas»

¿Dinero fácil?, eso es lo que muchos piensas cuando se habla de prostitución y nada más lejos de la realidad. ¿Os imagináis tener que dar placer a un hombre que sólo os provoca ganas de vomitar?, si os hacéis esta pregunta a vosotros mismos seguro que tendréis una respuesta sencilla, pero de ejecución complicada y, eso es lo que nos han querido mostrar Caroline Norma y Melina Tankard. Un ostiazo con la realidad, una declaración de intenciones, así es Prostitution Narratives: Stories of Survival in the Sex Trade‘ (Narraciones prostitutas: historias de las supervivientes del comercio del sexo), un recopilatorio de historias más que duras, en el que testimonios íntimos de trabajadoras del sexo nos hacen partícipes de qué se siente dando placer sin sentirlo. Historias duras, bizarras y que rápidamente nos hacen entender que no todo es lo que parece.

El testimonio de la exprostituta Tanja Rahm, que forma parte del libro, ha conseguido convertirse en todo un fenómeno viral al dejar con los ojos como platos a todo aquél que se atreve a leer los pensamientos de Rahm. Esta danesa que ahora es terapeuta y sexóloga, dedica en 19 párrafos todos sus vómitos hacia «esos hombres que sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas». Si quieres saber ¿qué le diría una prostituta a su cliente?, no te pierdas esta impactante carta.

Querido cliente,

Si piensas que alguna vez me he sentido atraída por ti, estás terriblemente equivocado. Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Lo único en mi mente era hacer dinero, y rápido. Que no se confunda con el dinero fácil; nunca fue fácil. Rápido, sí. Porque rápidamente aprendí los muchos trucos para conseguir que te corras pronto para poder sacarte de mí, o de debajo de mí, o de detrás de mí.

Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Porque mientras tú te tumbabas ahí, mi cabeza estaba siempre en otra parte. En algún sitio donde no tuviese que enfrentarme contigo acabando con mi respeto hacia mí misma, ni pasar 10 segundos pensando en lo que ocurría, o mirándote a los ojos.

Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. Preferiría que hubieses salido y entrado tan rápido como pudieses.

Cuando pensabas que eras mi príncipe azul, preguntándome qué hacía una chica como yo en un sitio como ese, perdías tu halo cuando pasabas a pedirme que me tumbase y centrabas todos tus esfuerzos en sentir mi cuerpo todo lo que pudieses con tus manos. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Estaba tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no quedarme dormida mientras gemía con el piloto automático. Cuando pensabas que podías estimular tu masculinidad llevándole al clímax, debes saber que lo fingía. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. ¿Qué esperabas? Eras el número tres, o el cinco, o el ocho de ese día.

¿De verdad pensabas que era capaz de excitarme mental o físicamente haciendo el amor con hombres que no elegía? Nunca. Mis genitales ardían. Del lubricante y los condones. Estaba cansada. Tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no cerrar mis ojos por miedo a quedarme dormida mientras mis gemidos seguían con el piloto automático. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. Me daba igual que tu mujer tuviese dolores pélvicos, o que tú no pudieses salir adelante sin sexo. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo.

Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Duda de si todos los hombres eran tan cínicos e infieles como tú. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. No veías a la persona bajo la máscara. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.

De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Básicamente, te daba igual. Porque solo tenías un objetivo, y era mostrar tu poder pagándome para utilizar mi cuerpo como te apeteciese.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Era porque mi cuerpo era una máquina que no podía ser interrumpida por el ciclo menstrual, así que metía una esponja en mi vagina cuando menstruaba. Para ser capaz de continuar entre las sábanas.

Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba.

Cuando venías con objetos, lencería, disfraces o juguetes y querías juego de roles erótico, mi máquina interior tomaba el control. Me dabais asco tú y tus a veces enfermizas fantasías. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. No ayudaba que tuvieses 50, 60, 70 o más. Cuando regularmente violabas mis límites besándome o metiendo los dedos dentro de mí, o quitándote el condón, sabías perfectamente que iba contra las reglas. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. Y lo disfrutabas.

A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Y lo utilizabas de manera perversa para mostrar cuánto poder tenías y cómo podías traspasar mis límites. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Cuando finalmente te regañaba, y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado.

Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus. Crees que tienes derecho. Quiero decir que las prostitutas están ahí de todas formas, ¿no? Pero solo son prostitutas porque hombres como tú se interponen en el camino para una relación saludable y respetuosa entre hombres y mujeres.

Las prostitutas solo existen porque hombres como tú sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas. Las prostitutas existen porque tú y la gente como tú sienten que su sexualidad requiere acceso al sexo siempre que les apetece. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque te preocupan más tus propias necesidades sexuales que en las relaciones en las que tu sexualidad podría florecer de verdad.

Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña. Y si no hay ninguna a mano, no tienes que ir más lejos que a la esquina de tu calle, donde puedes pagar a una mujer desconocida para ser capaz de vaciarte en una goma mientras estás dentro de ella.

Qué hombre frustrado y lastimoso debes ser. Un hombre incapaz de crear relaciones profundas e íntimas, en las cuales la conexión sea más íntima que tu eyaculación. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Qué masculinidad débil. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo.

En lo que concierne a tu humanidad, creo en la gente de bien, incluido tú. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o un pequeño masaje antes de penetrarme.

Pero ¿sabes qué? Se llama evadir tu responsabilidad. No estás enfrentándote a la realidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no ha sido comprada. No han sido forzadas a prostituirse. Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o me diste un pequeño masaje antes de penetrarme. No me hiciste ningún favor. Todo lo que hiciste fue confirmar que no merecía más. Que era una máquina cuya función primaria era dejar a los otros aprovecharse de mi sexualidad.

Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Ojalá hubiese podido evitar estas experiencias. Tú, por supuesto, te consideras como uno de los clientes buenos. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas.

Sinceramente,

Tanja Rahm”

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