La rutina diaria marca por completo nuestro día a día. Desde por la mañana, solemos realizar los mismos procesos para ponernos en marcha: levantarnos, asearnos, desayunar… Las actividades cotidianas marcan nuestro horario semanal. A excepción del fin de semana. Es durante este tiempo cuando todo parece ir a una normalidad más acorde con nuestro biorritmo natural. Sin prisas, sin estrés. Y parece que todo fluye de una manera más dinámica, como si no tuviésemos que esforzarnos por realizar ciertas actividades que, de manera rutinaria, podrían parecer más tediosas.

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