Yogasmo: la mejor corrida no lleva deportivas

En Malatinta ya os dejábamos caer hace unas semanas el potencial de la mente en la diversión sexual a la hora de alcanzar el clímax pero vayamos al grano, ya que en cuestiones de sábanas, lo que más importa es el cómo. ¿Queréis conocer formas de mejorar vuestras relaciones sexuales? Si la respuesta es no, escribidnos, conocemos psicólogos que pueden ayudaros; pero si la respuesta es sí, sacad las palomitas y sobre todo, las ganas de pasarlo bien.

Seguramente la mayoría de vosotros/as tiene el típico amigo/a quizás algo más místico o espiritual que la media, practicante de yoga con regularidad, asiduo al té y las infusiones en vez de tanta farmacia para curar malestares. ¿Alguna vez le habéis preguntado si ha experimentado algún orgasmo mientras practicaba yoga (fundamentalmente en el caso de las féminas)?

¿Qué pasaría si os contáramos que un grupo de 40 mujeres casadas volvió a recordar lo que eran los fuegos artificiales en la cama además de sentir mayor deseo, excitación, lubricación y orgasmos (75%), mejorar su digestión y el estado de ánimo, después de practicar diariamente durante 3 meses unas 22 poses de yoga? Casi podemos escuchar las risitas y los comentarios incrédulos desde aquí, pero esto no es magia como el anuncio del Herbal Essences, sino un estudio publicado en ‘The Journal of Sexual Medicine’ que dice que la práctica regular de yoga puede mejorar la vida sexual de la mujer, en parte por la mejora de la tonificación muscular de la pelvis y abdomen.

Con un poco de miedo a que nuestras clases de yoga se inunden de personas y necesitemos semáforos para organizar las esterillas en el suelo, queremos hablaros de cómo el yoga y el yogasmo (yoga + orgasmo) puede facilitaros la escalera el séptimo cielo.

Se dice, se comenta, que la práctica hace que líbido y deseo se incrementan considerablemente, el placer durante los encuentros sexuales no hace más que aumentar; se genera también un agudo aumento en testosterona -hormona asociada con el deseo sexual tanto en hombres como mujeres-. Científicos checos han mostrado cómo algunas de las poses del yoga generan picos en la actividad de las ondas cerebrales similares a los que ocurren en personas enamoradas.

El yoga ayuda a ejercitar la musculatura que interviene a la hora de alcanzar el orgasmo, surge de ahí el ‘yogasmo’, una versión picante del yoga centrada en estimular las zonas más relacionadas con el éxtasis sexual cuyo objetivo es trabajar los músculos que rigen los órganos sexuales, con el fin de estimularlos y hacerlos más fuertes.

Aunque no se pregone porque da un poco de vergüenza sentir un orgasmo en plena clase de yoga rodeada de personas y sentirte como el eyaculador precoz de American Pie, no es poco frecuente que esto ocurra, especialmente a las mujeres y en ciertas posiciones. Por un lado, la contracción de los músculos involucrados en el ejercicio puede ayudar a provocar el orgasmo, y por el otro, el estado de la mente en blanco contribuye; y és ésa es una de las claves, ya que una de las cosas que aprendemos a hacer en yoga es precisamente ‘desconectar’: olvidarte de los problemas de goteras con la maruja del quinto, la foto que acaba de subir tu ex con un ligue nuevo en Instagram, el estrés del trabajo y el tirano de tu jefe, la discusión que acabas de tener con tu pareja…

Curiosamente, el orgasmo activa la misma parte del cerebro que el dolor: la corteza cingulada anterior y la ínsula; el placer comienza con una desconexión del cerebro, ya que los impulsos nerviosos que se generan a través del roce de la piel o la estimulación del cuerpo pueden correr libremente hacia los centros de placer en el cerebro y disparar un orgasmo solo en el caso de que la amígdala esté desactivada, centro del temor y la ansiedad de este órgano, principalmente en el caso de la mujer  según la doctora Louann Brizendine.

Si no me encuentro seguro/a con mi pareja o estoy pendiente de todo lo que me queda por hacer al día siguiente, si no soy capaz de encontrar ese confort interno, puedo boicotearme a mí mismo/a; si no sé cómo callar a mi cabeza resultará mucho más complicado apagar el botón de la amígdala que permite que me relaje, excitarme al máximo y conseguir una fuerte erección o disfrutar como Sharon Stone en Instinto Básico, por ejemplo.

La mente es uno de los órganos más poderosos en cuestiones de sexo y más cuando hablamos de disfrutar o tener orgasmos: ayuda a intensificar el placer y alargarlo. La buena noticia es que igual que la mente influye en el estado de tu cuerpo, ocurre lo mismo al revés: tu cuerpo puede influir en el estado de tu mente, el deporte hace que el cuerpo esté más preparado por dentro y por fuera, y el yoga en particular, es uno de los nominados al Oscar en este campo. En cualquier caso, la mejora sexual es sólo uno de los múltiples motivos por los que prácticar esta técnica -y estilo de vida- ancestral.

El origen del yoga se relaciona con el culto al sexo, entendiéndose como un culto a la energía entre lo que destaca la intensificación y potenciación de la energía sexual, pero para ajustarse a la moral imperante de principios del siglo XX, los fundadores del yoga moderno en Occidente trabajaron para remover ‘el estigma tántrico’ y buscaron ‘sanitizar la disciplina’ para su aceptación.

Os animamos a que probéis el yoga -de la mano de un profesor para evitar lesiones- y, en particular, estas posturas o asanas que son los los sexejercicios más estimulantes: la Cobra, el Triángulo, la Torsión Media Espina, la Postura del Gato, el Barco (Navasana), la Mariposa, la Cuna, el Puente, el Ángulo Abierto (Upavistha Konasana), la Postura del Águila (Garudasana), Diosa Dormida (Baddha Konasana), la Guirnalda o Malasaña, entre otras.

Si no os gusta, ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que se os ponga el culillo un poco más duro?

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2 Comentarios

  1. Fer

    Gracias por ayudarnos a disfrutar más del sexo!! Hay taaaaanto por hacer… Poco a poco derribando las barreras (si no murallas en este contexto) mentales… GRACIAS!!

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