El vino es una de las bebidas más antiguas que nos acompañan en el desarrollo de nuestra civilización desde tiempos remotos. Las primeras vasijas halladas por los arqueólogos con restos este caldo datan de casi el 6.000 a.C., en las regiones de las actulaes Irán e Irak. Pronto, su cultivo se extendió por todo el Oriente Medio y después lo hizo hacia el Mediterráneo. Siglos después, cuando los fenicios comenzaron a navegar y a comerciar con los pueblos mediterráneos, el cultivo de la vid se extendería por toda su cuenca marítima.  Cuando los fenicios se asentaron en nuestra Península no tardaron en dar a conocer y promover el consumo de esta bebida que, con el paso del tiempo, se convertiría en parte de nuestra seña de identidad. 


Tal es así, que este caldo entraría a formar parte de la liturgia de la religión cristiana, como representación de la sangre de Cristo para conmemorar la Eucaristía. Su cultivo se vio así incrementado, ya que en toda parroquia y en cada misa que se celebrarse el vino debía de cumplir su función metafórica al equipararse con el fluido vital del Salvador. Su popularidad creció así como la espuma. E incluso se puede decir que hoy en día, después de que los periódicos y las revistas nos invaden con artículos sobre sus maravillosas propiedades, la cantidad de vitaminas y minerales que posee y lo bueno que resulta su consumo para el corazón, el vino sigue disfrutando de un lugar privilegiado como bebida en la mayor parte de la Península Ibérica.


Portugal no iba a ser una excepción. Esta región exporta parte de los mejores vinos a nivel mundial. Los caldos portugueses gozan de buena fama y son de los más conocidos en todo el planeta. Así que no es raro que en la Quinta da Pacheca, situada en pleno valle del Duero, sigan cultivando las vides como los fenicios nos enseñaron milenios atrás. Este viñedo ofrece, además, una estancia completa a todos los amantes del buen vino. A unos metros de estas tierras vinícolas se encuentra el hotel Casa del Vino. En él se puede disfrutar de unos días en un entorno gastronómico y enológico único, donde la tradición y la modernidad conviven de una forma sencilla y sobria. Sin embargo, lo que resulta toda una novedad es la conocida como “la experiencia del Barril de Vino“.


¿En qué consiste esta “experiencia”? Los dueños han querido dar un nuevo enfoque, más actual y novedoso, a la visita y estancia en Quinta da Pacheca. Para ello, han acondicionado parte del terreno para ubicar diez enormes barriles de vino. Hasta aquí, todo correcto. Sin embargo, esos barriles de vino son cabañas para pasar la noche. La forma de barril de madera permite alojar en su interior una cama de matrimonio, un baño completo y una enorme cristalera que permite tener unas vistas envidiables de todo el viñedo. Al exterior, unas sillas permiten disfrutar del sol y el aire del valle del Duero


La iniciativa está resultando ser todo un éxito de visitas. Los amantes del buen vino ya tienen una excusa perfecta para pasar un fin de semana inolvidable en el país vecino, en un entorno único y natural. Las reservas se pueden realizar a través de la página web de Quinta da Pachecahttps://quintadapacheca.com/pages/quinta-da-pacheca-wine-barrels