Imagino el arte como un puente, un punto de conexión entre lo material y lo espiritual, entre lo vivo y lo ausente, entre lo personal y lo universal”. Con esta personal definición es fácil de comprender el trabajo del escultor polaco Adam Martinakis. Sus obras no pasan indiferentes ante el público que las contempla, que queda atrapado frente a una serie de figuras de forma humana de una estructura flexible pero a la vez estáticas y rígidas.

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Nacido en la ciudad de Luban, en 1972, con diez años se trasladó con su familia a Grecia. Estudió diseño industrial, artes decorativas y arquitectura de interior en Atenas para después empezar a experimentar y trabajar con animación por ordenador, imágenes digitales en 3D y nuevas tecnologías. Ha sido profesor de diseño interior, cerámica, diseño gráfico y artes digitales en muchos centros educativos, así como miembro de diferentes organizaciones dedicadas a las artes y de la Cámara griega de Bellas Artes. Actualmente, trabaja y vive a caballo entre Grecia, Polonia y Reino Unido.

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Lo que llama la atención de las figuras que crea este artista polaco es la fragilidad de sus formas y la búsqueda de luz combinada con oscuridad en sus composiciones. El concepto destaca por encima de la técnica en 3D utilizada. Para Adam, la técnica es el soporte para expresar la idea, ya que la idea es el verdadero espíritu de las artes. Si no hay un buen trasfondo o una buena historia, la técnica sobra.

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El trabajo en 3D requiere paciencia, dedicación, tiempo y desarrollo. El proceso que más tiempo requiere es el de crear los modelos que se van a utilizar. Para ello, y dependiendo del tipo de dificultad que requiera el modelo, utiliza software como Mudbos o Zhrush. Para los detalles generales destaca el uso de Autocad 3Ds Max, Vray para las representaciones, Photoshop para corregir los defectos y After Effects para editar vídeos.

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Sus obras tratan de explorar lo desconocido, a través de figuras que parecen congeladas en el tiempo y el espacio. Todas ellas parecen coexistir en un momento donde lo real y lo surreal se mezclan. Podemos observar una extraña mezcla entre la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, como si pudieran convivir en un universo paralelo ajeno a la realidad.

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Y así es como tituló su última exposición en Praga, Mundos Paralelos, para exhibir sus últimas creaciones. Un mundo que nace de la mente del autor y se materializa en forma casi humana a través del arte tridimensional, buscando intrigar a la vez que desasosegar al espectador.