Un maravilloso mundo de oscuridad. Figuras y seres que nacen de una desbordante imaginación y que son plasmados a golpe de pincel. Elementos que se mezclan en una constante lucha entre lo tétrico, lo decadente, lo emotivo y lo sentimental. Las pinturas de Anthony Clarkson traen reminiscencias de un lugar sombrío donde se desarrolla la vida de unas criaturas que parecen vivir al margen de la realidad y que pueden evocar a las de Tim Burton.

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Graduado en el Instituto de Artes de Colorado, este artista sabe que la pintura es la única manera de entender la vida, su vida. Comenzó a trabajar como artista gráfico para la industria de la música en Los Ángeles y ha diseñado las portadas e interiores de muchos grupos musicales en diferentes formatos. Con ello se fue ganando la vida hasta que en 2005 su vida dio un giro inesperado.

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Fue en ese año cuando decidió renovar su condición artística y decidió instalar su propio estudio para vivir de las creaciones que nacían de su propia imaginación. Como artista del nuevo movimiento contemporáneo ha expuesto en numerosas galerías de Estados Unidos y del extranjero y, cada vez, atrae a un mayor número de coleccionistas y seguidores.

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Sus obras tienen una extraña mezcla de varios elementos contrapuestos. A primera vista, tienen un marcado acento surrealista, atemporal e irreal. El carácter melancólico de los personajes sugiere cierta languidez en sus posturas, marcada por el uso de colores apagados y tenues. La introducción de elementos reales, como niños, insectos y objetos da el carácter verista que queda absorbido por el uso de ciertos elementos tétricos que le dan ese halo de oscuridad y decadencia. Sin embargo, son esos personajes infantiles los que ponen el punto de bondad y humanidad al conjunto.

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Un mundo nuevo nacido de una mente con una prodigiosa capacidad creativa, donde los sentimientos de los personajes están por encima de lo lúgubre de esos seres un tanto monstruosos a la vez que tiernos que plasma a golpe de pincel.