Un hamacódromo en la ciudad reivindica el ‘derecho a la pereza’

En medio de una sociedad en la que apenas nos está permitido parar o descansar, y sobre todo cuando vivimos en grandes ciudades, nacen iniciativas como ésta que os traemos hoy y que nos hacen recuperar la fe en el descanso: una hamacódromo en plena ciudad para reivindicar el derecho a la pereza.

¿A qué nos estamos refiriendo?

Ya lo hemos adelantado líneas arriba, pero se ha instalado un hamacódromo en mitad de la Finca Liana, un conocido parque en la localidad de Móstoles (Madrid).

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El proyecto surge a petición de una niña y como una iniciativa del Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles (CA2M) que se ha encargado de dar vida a esta propuesta.

¿Cómo? Pues a base de crear y colocar 40 hamacas permanentes repartidas por el espacio, elementos que los propios vecinos han ayudado a construir voluntariamente a lo largo de diversos talleres.

¿Tiene sentido instalar un hamacódromo en la ciudad?

El ritmo productivo actual, así como la presión que ejerce sobre nosotros el reloj en nuestra muñeca, nos impide con frecuencia disfrutar del ‘arte de estar‘. Esta iniciativa nos recuerda, por ejemplo, el derecho a la pereza o la importancia del descanso y sobre todo, de la vida contemplativa.

Sin embargo, al pensar sobre este hamacródromo se nos pueden venir a la cabeza muchas preguntas: ¿pero para qué sirve realmente? ¿Tiene algún sentido o utilidad?

Podríamos enfocar la respuesta desde la máxima practicidad -sentarse, reposar-, o desde el aprovechamiento de la expresión de esta pereza: aprender a parar, lo cual nos permitiría descansar, tener más tiempo para reflexionar, para cuestionar, para imaginar o dar rienda suelta al aburrimiento y la creatividad.

Pero también podríamos enfocar la respuesta desde otra perspectiva un poco menos habitual. ¿Es necesario sacar frutos hasta de nuestro momento de máxima pereza? ¿Todo ha de poseer alguna utilidad funcional?

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Sin duda este hamacódromo es una creación que nos invita a reflexionar sobre nuestro estilo de vida.

Se trata de una forma de reinventar las posibilidades dentro de la ciudad, favoreciendo un estilo de vida menos atorado, así como el contacto entre las personas la habitan. Se facilita por tanto, la conexión de los urbanitas con su entorno, con su propio –self y con la comunidad.

Una siesta al aire libre, un lugar para leer, o simplemente para estar y descansar. Esos son sólo algunos de los usos que propone este hamacódromo, pero como siempre, todo depende de la imaginación… ¡ O la pereza de cada uno!

¿Tú qué opinas? ¿Te gustaría participar mediante esta particular forma de reivindicar el derecho a la pereza?

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  1. Telmus

    Muchas gracias por el artículo Silvia. A mí me encantaría tener esa opción cerca de mi casa o trabajo. Le da una perspectiva diferente al entorno y, como dices, nos hacer reflexionar sobre nuestro estilo de vida.

  2. Silvia Lama

    Muchas gracias a ti Telmus, por leernos! A partir de las reflexiones surgen las acciones así que sigamos reflexionando juntos!

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