Pinceladas sueltas, empastadas y aparentemente sin ningún sentido, ése era Van Gogh, uno de los mayores genios del impresionismo que ahora parece haber vuelto a nuestros días de la mano de la artista Aja Trier.

Con sede en Scotia -NY, Trier se licenció en artes con especialidad en pintura por la Montserrat College of Art en Beverly, MA y actualmente desarrolla su trabajo para diferentes galerías de arte como La Luz De Jesus Gallery, Los Ángeles, CA , La Bodega Gallery en San Diego, CA, ArtHatch en Escondido, CA. Su trabajo se caracteriza por utilizar materiales mixtos en sus obras como el acrílico, la tinta o el esmalte, entre otros, utilizando varias capas con espátula, configurando su particular «remolino» visceral de color que nos invita de manera obligada a recordar el inconfundible estilo de Vincent van Gogh.

Un parecido que la llevó a vivir una experiencia un tanto incómoda que, en lugar de haberse convertido en algo violento, la ayudó a darse a conocer. Un blog de educación compartió erróneamente la pintura de Trier, en la que se representaba a la parisina Torre Eiffel como si Van Gogh hubiera sido el artífice de ella, sin embargo, la Torre Eiffel terminó su construcción en 1889 y Van Gogh murió en 1890, por lo que es my probable que ni siquiera la hubiera visto. La difícil situación llegó a oídos de la artista que, en lugar de tomárselo como una ofensa decidió representar todo aquello que el impresionista no pudo hacer.

Ahora, podemos disfrutar de un Totoro protagonista de la noche estrellada o a una princesa Mononoke remolinos de color, porque…¿cuánto se perdió Van Gogh?