Vender humo. Así podríamos llamar a una serie de fotografías que el artista David Barstrow ha realizado, experimentado con el humo que se desprende al quemar los archiconocidos conos de incienso y que podemos encontrar en cualquier tienda esotérica. Formado como fotógrafo en la ciudad Cagayan De Oro (Islas Filipinas), su objetivo no sólo se ha detenido en la experimentación de esta disciplina artística, sino también ha retratado diferentes partes de las islas así como China.

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¿Cómo es capaz Barstrow de conseguir esos efectos ópticos y lumínicos simplemente con el humo del incienso? Hay que matizar que el secreto de esos efectos se encuentra en la disposición de las luces. El proceso no es en sí complicado aunque sí laborioso debido a la rapidez de ejecución con el que hay que realizar los disparos de la cámara. Para la mayoría de las fotos, la iluminación utilizada ha sido la misma. El humo que emplea proviene de uno o más conos de incienso que han sido enfocados desde abajo con las luces. La iluminación que utiliza es luz de estroboscopio, dotado con pestañas móviles acoplados en los focos. El estroboscopio consta de una lámpara de xenón (parecida a la de los flashes de las cámaras fotográficas), pero que en lugar de emitir un único destello al accionarse emite una serie de ellos con un frecuencia regular. Este tipo de luz es la que se utiliza en la producción de películas de dibujos para dar la sensación de movimientos rápidos o en los aviones. David crea un campo de luz alrededor del foco colocando una cartulina o cartón, con un amplio agujero central, que además sirve como base de apoyo para las piezas restantes. Encima de esta cartulina o cartón abierto se coloca trozos de gel de colores alineados entre dos hojas de papel acrílico. Un tazón de vidrio pyrex invertido y de fondo plano, colocado por encima de los geles, le permite crear una base donde colocar los inciensos y no obstruir la luz. Finalmente, para bloquear toda la luz excepto la que se refleja en el humo utiliza un objeto opaco colocado frente por frente al tazón de pyrex.

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Mientras que la cámara está colocada a 3 cm de este objeto opaco, la luz que desprenden los focos está a unos 8 cm del fondo liso negro.

El efecto de profundidad de campo, o efecto DOF, se consigue con la luz estroboscópica a máxima potencia.

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Como resultado, podemos comprobar que las imágenes obtenidas son de todo tipo, formas, colores y tamaños: desde las aparentemente humanas, pasando por otras que nos recuerdan a micoorganismos captados a través del cristal de un microscopio hasta aquellas puramente caprichosas formadas por el vaivén del humo, nunca antes ‘vender humo’ había resultado tan llamativo a los ojos del espectador.

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