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Andrea Verrocchio, el maestro a la sombra de Leonardo

Con motivo del quinto centenario de la muerte de Leonardo Da Vinci, desde el pasado 9 de marzo, el Palazzo Strozzi de Florencia ofrece una restrospectiva de Andrea Verrocchio. Esta exposición es parte de las actividades programadas por la ciudad para conmemorar el aniversario del que ha sido su discípulo más célebre. Leonardo es, a fecha de hoy, uno de esos artistas que sigue asombrando tanto a público como investigadores después de medio milenio de ausencia. Hay partes de su vida y su obra que aún permanecen inconclusas y que siguen siendo un misterio para muchos. Por ello, remontarse a los inicios del joven Leonardo aprendiz puede ayudar a comprender alguna de esas partes menos conocidas y que todavía resultan misteriosas. Qué mejor manera para ello que dedicarle una retrospectiva al que fue su maestro y, en cierto modo, culpable del genio y la fama de este artista universal.

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Elizabeth Siddall: la musa que brilló más allá de los Prerrafaelitas

El 2019 va a ser, sin duda alguna, un año de muchas conmemoraciones. Entre otras, la del quinto centenario de la muerte del célebre artista Leonardo da Vinci y el segundo centenario de la inauguración del Museo del Prado. Dos acontecimientos muy relacionados entre sí. Ambos se enmarcan dentro del ámbito de la pintura y el segundo recoge las obras de otros artistas renacentistas del Quattrocento y el Cinquecento italianos. El Renacimiento está sí más vivo que nunca y no está de más hacer una visita a alguna de las exposiciones que se celebran con motivo de sendos centenarios.

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Acércate a Leonardo a través del Victoria and Albert Museum

Uno de los privilegios que tienen quienes se dedican al cuidado o consulta de los libros antiguos es poder disfrutar de ellos. Escudriñar sus páginas es conocer de primera mano todo lo que recogen las mismas, los pensamientos y las ideas más personales del autor que las escribe.

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Leonardo y la duda de Tongerlo

La fascinación que despierta Leonardo da Vinci se debe a muchos aspectos. Sus amplios conocimientos en ingeniería le convierten en precursor de muchos inventos posteriores. Su dominio del dibujo y de las técnicas pictóricas le convierte en uno de los grandes de la pintura.

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El “Leonardo” de Bolonia

“Ruega a nuestro Creador, que yo sea capaz de mostrar la naturaleza del hombre y sus costumbres de la misma manera que describo su apariencia física”. Con esta sentencia Leonardo da Vinci expresa su idea de que la reproducción de la conducta humana sobre el papel dependía del conocimiento profundo de la apariencia externa del retratado. Con ello queda claro que para pintar un retrato no sólo basta con dibujar la apariencia exterior del ser humano, sino también el interior del mismo. Ello es aplicable, a su vez, al paisaje que rodea al retratado y a todo lo que forme parte de él. Este principio de retratar el microcosmos dentro del macrocosmos es el resultado de un profundo conocimiento de la naturaleza en todos sus campos.

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No sólo se trata de simple curiosidad. El genio de Leonardo tuvo la fortuna de entrar en contacto con la naturaleza desde su más tierna infancia y de explorarla a través de experimentos e investigaciones que él mismo desarrollaba. Siendo ya adulto y un conocido artista, Leonardo se dedicó al campo de la investigación por una razón práctica: cualquier problema que se presentaba ante él le llevaba a buscar una solución y a estudiar en profundidad cualquier rama de la ciencia. Así, sus estudios sobre óptica y perspectiva lineal responden a un anhelo por profundizar en ese campo, al arrepentirse de haber rechazado una oferta para dar clases privadas sobre perspectiva en el taller de su maestro, Verrocchio. Sus estudios sobre bóvedas y arcos responden a la necesidad de encontrar la solución del derrumbe de un edificio. Todo se debía a una cuestión puramente práctica y útil de resolver enigmas planteados en la realidad cotidiana.

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Cada una de sus investigaciones le llevó a una especialización en diferentes áreas. Sus investigaciones sobre hidráulica le sirvieron de base y apoyo para desarrollar el estudio sobre el sistema vascular humano y entender el torrente del flujo sanguíneo. A la vez, la hidráulica le sirvió para desarrollar y entender el proceso de aerodinámica y el vuelo de los pájaros. Por otro lado, sus conocimientos sobre perspectiva, topografía, mecánica y geología le sirvieron para crear esclusas y sistemas de regadío, puentes y presas. Cada especialización le llevaba a otro nuevo campo que a su vez le servía para entender y aplicar soluciones a los anteriores. Un conocimiento completa a otro y viceversa. Y, justamente, es por eso que Leonardo es el mejor ejemplo de humanista del Renacimiento.

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Nunzio Paci no es precisamente un humanista en los tiempos que corren. Es un artista consagrado al arte de la pintura. Pero su obra intenta seguir ese principio leonardesco de encontrar el microcosmos que conforma y permite plasmar el macrocosmos del que forma parte. Nacido en Bolonia, en 1977, este italiano sintió verdadera curiosidad por la naturaleza y los elementos que forman parte de la misma desde muy pequeño. No es de extrañar que, habiendo nacido y crecido en la provincia vecina a la Toscana, su principal temática a plasmar sea el cuerpo humano y los estímulos que recibe, como el célebre artista florentino.

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Ha desarrollado su actividad profesional por toda la península itálica, además de haber sido becado y haber tomado contacto con el arte que se desarrolla en China, Suiza o Bosnia-Herzegovina. A pesar de esta toma de contacto con otras influencias, es patente que su obra está totalmente desarrollada bajo la influencia toscana y en concreto, del maestro Leonardo. La distancia que separa Bolonia de Florencia es tan sólo de 90 kilómetros, por lo que es lógico que esa influencia esté presente en sus pinceles.

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A pesar de ello, su obra se distancia claramente del carácter práctico del toscano. Nunzio intenta mezclar imaginación y realidad en sus “disecciones” humanas, combinando elementos naturales de todo tipo: humanos, animales, botánicos… Podría decirse que el boloñés da un paso más en la evolución de la especie a través de sus híbridos. Uniendo cada uno de los elementos parece haber interiorizado el mensaje de que todos los elementos vivos comparten una forma única y parecida de desarrollo interior y que, en ese sentido, el sistema circulatorio humano responde con sus ramificaciones a las de las ramas de un árbol. Microcosmos dentro del macrocosmos queda totalmente asumido por el boloñés en un arte anatómico que disecciona la realidad de una forma muy particular y peculiar.

El Greco: arte y oficio

Cuando un mecenas encarga una obra de arte, se redacta un contrato en el cual queda recogido todos los detalles que debe tener dicho encargo. Desde la Antigüedad, los contratos son los documentos que mayor número de datos aportan para conocer en profundidad la obra de un artista. Es más. También nos sirve para trazar la evolución de una obra, desde su concepción, pasando por sus cambios y su resultado final, y los lugares donde trabajó y vivió.

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Del 9 de septiembre al 9 de diciembre, el Museo de la Santa Cruz de Toledo ofrece la exposición El Greco: arte y oficio. En ella, se va a mostrar los entresijos del complejo taller del que era maestro el pintor griego. Por una parte, el taller como lugar comercial, donde tenía lugar los encargos para la clientela; por otra, un lugar de creación como escenario donde surgían las ideas, se iban modificando y se plasmaban en el lienzo.

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Entre otras obras, esta exposición mostrará el Apostolado de Almadrones, que por primera vez se reunirá de nuevo después de cuatrocientos años, El Nacimiento de la Virgen de la colección Bührle o el San Pedro y el San Ildefonso de Patrimonio Nacional. Un total de 94 pinturas que viajarán desde 27 ciudades de España y de países como Alemania, Inglaterra, Suiza, México y República Checa.

AD, un artista vanguardista en pleno Renacimiento

Volviendo la vista atrás en el tiempo, allá por el siglo XV, llegaba al mundo, un 21 de mayo de 1471, uno de los mejores artistas alemanes del Renacimiento. Su padre era un conocido orfebre con ascendencia húngara de la ciudad de Nuremberg y su madre también procedía de una familia de orfebres de esa misma ciudad. Con trece años tuvo que abandonar la escuela para iniciarse como aprendiz en el taller de orfebrería de su padre. Viendo que las dotes artísticas del adolescente se decantaban más por la pintura, una vez hubo aprendido las bases del grabado, su padre le envió al taller de Michael Wolhgemut, sin duda alguna el más prestigioso y el mejor introducido en los negocios de la ciudad alemana.

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Esa formación adquirida como orfebre fue siempre la base de un Alberto Durero que plasmaba con exactitud los detalles de sus obras y que realizaba con una precisión sorprendente dibujos y calcografías. No sólo eso. El bagaje adquirido con Wolhgemut le sirvió para tomar contacto con la xilografía, el dibujo al natural, los bocetos para artesanía y vidriera y el mundo del retrato.

Para ampliar su formación y su conocimiento viajó a diferentes ciudades como Frankfurt, Maguncia, Alsacia y Basilea. En Alsacia tomaría contacto con el arte holandés gracias a  los grabados de Martin Schongauer. Este grabador alemán consiguió mejorar la obtención de volumen gracias a un sistema de rayado que perfeccionaría posteriormente Durero.

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No contento con ello, el artista alemán viajó a Italia para tomar contacto con la tradición pictórica y las técnicas que se desarrollaban por los grandes maestros del Renacimiento. Su primer viaje, en torno a finales de 1494 le puso en contacto con la tradición veneciana, aunque lo que realmente le cautivó fue la obra de Giovanni Bellini. Los ricos colores y la sensibilidad del artista hicieron mella en su paleta y en su pincel, lo que le llevó a realizar la Madonna Haller, la primera obra de una serie de muchas donde ya se aprecia la influencia italianizante. El cuñado de Bellini era Andrea Mantegna y su obra pasaría a enriquecer las calcografías, la naturaleza y las formas de la obra del alemán.

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Sin embargo, el descubrimiento más importante que realizó en tierras italianas fue el aprendizaje de la técnica de la acuarela combinada con colores cubrientes. Esa serie de acuarelas le encumbran, junto con Piero di Cosimo, como uno de los mejores artistas del arte moderno al modo de Cézanne o los primeros impresionistas y de la pintura a la tinta china asiática. La libertad, la seguridad, la espontaneidad  y la naturalidad del trazo de Durero muestran que estas obras son lo más bello de este género a través de una nueva forma de entender la naturaleza, que sería posteriormente recuperada por los artistas del plein air.

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Este primer viaje le hizo regresar hacia 1506 de nuevo para seguir desarrollando la idea de belleza que le obsesionaba por completo. Por ello se dedicó al estudio del natural, que le llevó a captar el detalle del dibujo de forma microscópica. No es de extrañar que su obra gráfica eclipsara por completo a su obra pictórica, ya que los artistas contemporáneos estaban entusiasmados por el manejo y los contrastes del uso del blanco y el negro que empleaba para lograr esa exactitud milimétrica.

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De todo lo aprendido tanto en tierras alemanas como italianas, Durero desarrolló el resto de su obra entre Nurenberg y Países Bajos. Se convirtió en el artista alemán por excelencia, elevando su categoría a un nivel internacional. Sus grabados se difundieron por toda Europa y serían conocidos y copiados por artistas posteriores. Consiguió ser el punto de unión entre la pintura de la Edad Media y del Renacimiento en Alemania. Fue el primer artista alemán en redactar documentos autobiográficos y en dar independencia al género del autorretrato, que tantos artistas posteriores desarrollarían en Alemania como en Países Bajos. Fue un verdadero teórico del arte, con tratados muy concisos a la manera de Leonardo da Vinci.  Fue el primero en su tierra natal en desarrollar el dibujo del natural y del desnudo siguiendo modelos vivos. Y consiguió desarrollar la técnica del grabado y de la acuarela con un nivel sorprendente y con una visión moderna que sólo sería entendida y completada a partir del siglo XIX. De sus obras nos quedan más de mil dibujos, un centenar de calcografías y aguafuertes, una treintena de acuarelas, a lo que hay que sumar xilografías y óleos. Un artista que sigue sorprendiendo y que creó su propio monograma como marca de un artista de calidad y vanguardista. AD será siempre la firma inconfundible de un gran artista internacional.

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