Blanco y negro. Yin y yang. Día y noche. Parece que los extremos se tocan. Y cuando eso ocurre todo fluye de una manera mucho más rítmica y complementaria. La dualidad está presente en nuestro mundo, es la esencia de nuestra existencia. Como bien ya sabían las confesiones más antiguas que practicaban las primeras civilizaciones de nuestro planeta, los opuestos se atraen.

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