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Yates al alcance de unos pocos

Ni piratas, ni corsarios, ni bucaneros. Menos aún filibusteros. El artículo de hoy va de barcos. Ni más, ni menos. ¿Quién no ha soñado con navegar los mares a bordo de una preciosa embarcación provista de todos los elementos básicos y algo más? Precisamente, desde Malantinta, no estábamos pensando en nada parecido a la Perla Negra, sino en algo mucho más cómodo y digno de un Marajá. Cinco son los navíos seleccionados que pasan por ser los más caros y excéntricos que cualquier millonario puede desear. Los pobres curritos de a pie nos podemos contentar con verlos y desearlos. ¿Preparados para el abordaje?

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Con un nombre tan simple, como la primera letra del alfabeto, el yate A fue todo un bombazo cuando en el año 2008 comenzó a surcar los mares, y no precisamente del Sur. El nombre elegido corresponde a las iniciales de los nombres de su poseedor y su señora, el multimillonario ruso Andrey Melnichenko y su esposa Aleksandra. El diseñador del mismo fue el francés Philippe Starck que no sólo se encargó del exterior sino también del interior, con mil y una extravagancias como los seis camarotes de invitados que albergan mamparas desmontables de cristal para transformarlos en cuatro enormes camarotes. Lo más destacable, a parte de su precio de 250 millones de euros y sus 2.200 metros cuadrados de extensión, es el exterior que recuerda la forma de un buque y que alberga  un helipuerto en su parte superior y tres piscinas, una con fondo de cristal que resulta ser el techo de la discoteca situada en la parte inferior.

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En el año 2006, el Annaliese se convirtió en el yate más caro del mundo según la revista Forbes. Sus 85 metros de eslora ascendieron a 117 millones de euros lo definen como una mansión flotante. Su propietario es el empresario griego Andreas Liveras, el cual ha construido más de 12 yates de lujo para alquilar a los hombres más ricos del planeta. Esta gran nave consta de un gran garaje con cuatro motos de agua, 2 tenders, piscina, jacuzzis, saunas, balneario, solárium y un centro de negocios con la tecnología más avanzada para estar conectado en todo momento. Todo un lujo al alcance de unos pocos.

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La actual propietaria del Maltese Falcon es la empresaria Elena Ambrosiadou, la fundadora de la firma de fondos de cobertura IKOS Ltd. El diseñador de esta maravilla fue el astillero italiano Perini Navi y lo más destacable en su exterior son los 3 mástiles con 15 enormes velas DynaRig que le permite navegar los océanos a una velocidad de vértigo. Al interior, la decoración casi futurista y la suntuosa escalera de caracol que conecta los tres puentes del velero ofrecen una gran amplitud así como la transparencia de los pisos, que permiten ver el mástil central desde la parte inferior.

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El que fuera el yate más grande del mundo en 2009 fue mandado construir por el magnate ruso Roman Abramovich en los astilleros Blohme+Voss de Hamburgo. Su precio se disparó a los 870 millones de euros por unos “pequeños” caprichos del millonario dueño: cristales blindados, sistema de radar antimisiles, sistema láser anti fotógrafos y sistema de vigilancia submarino, entre otros. Por ello le va como anillo al dedo el nombre de Eclipse. Además, consta de dos piscinas, dos helipuertos, una discoteca, jacuzzis, cine y un mini-submarino para surcar los fondos del mar.

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Para terminar, el que resulta ser toda una sorpresa es el yate History Supreme, construido por la firma inglesa Hughes Start & Company. Se tardó más de tres años en finalizarlo, simplemente porque su dueño, un multibillonario malasio llamado Robert Kuok, decidió chaparlo en oro macizo y platino.No es extraño que, siendo así, alcance el precio de 4,8 billones de dólares. Ni más, ni menos. Pero no todo es oro lo que reluce en este navío. Además, al interior cuenta, como decoración un tanto excéntrica, con rocas de meteorito en el dormitorio principal, un hueso auténtico de Tyrannosaurus Rex y un acuario de oro de 24 kilates.

Ramses, el «faraón» de la Puerta de Alcalá

A tan solo unos metros de la más que espléndida Puerta de Alcalá, se encuentra uno de los restaurantes más emblemáticos y sólo apto para unos pocos privilegiados bolsillos: el célebre Ramses. Situado en la Plaza de la Independencia, en la milla de oro madrileña, este espacio llama la atención no sólo por su ubicación, sino también por la decoración interior que fue realizada nada menos que por el extravagante y atípico decorador Philippe Starck.

El conocido y reputado decorador industrial francés no sólo nos ha dejado huella en este restaurante. Otro conocido local de la capital madrileña ha tenido el privilegio de ser escenario de su creatividad. Se trata, sin duda alguna,  del afamado Teatriz que, tristemente, tuvo que cerrar sus puertas recientemente debido a la crisis. Este artista y creador  ha tenido el privilegio de poner en práctica su genio artístico a lo largo y ancho del mundo en el Palais de l’Elysée en París, el Café Mystiquw en Tokio, el Hotel Royalton de Nueva York o el Faena Hotel+Universe de Buenos Aires, entre otros.

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Inaugurado en el 2010, el local está formado por cuatro estancias diferentes: por un lado el bar de tapas, denominado Petit y situado en la entreplanta;  el bar de copas; la discoteca y el Bistró o restaurante de alta cocina. Todo el lugar está realizado con un estilo un tanto barroquizante o recargado, donde prima el kistch como elemento decorativo. Aunque hay que destacar la mano del artista Luis Urculo en la realización de los ideogramas que aparecen en los muros del establecimiento, que consigue que el espacio sea un lugar unificado que no pierde continuidad.

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El Petit es un lugar donde se combina un mobiliario afrancesado con muros de ladrillo vivo, un tanto industrializados, revestidos de pintura negra y grafittis de Urculo. En un rincón se abre una gruta bajo un arco de ladrillo que es el lugar más mágico del espacio.

El bar de copas está articulado en torno a la barra que se concibe como una gran mesa con un tablero que se apoya en el suelo mediante unas largas patas. Las paredes están revestidas de negro, repletas de motivos y un tanto paneladas. Los taburetes son sillas altas, con respaldos y brazos siendo bastante confortables.

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Un elemento destacable es la suntuosa escalera que conduce al Bistró. Las paredes que la recubren están tapizadas en capitoné y la barandilla realizada en plata consigue un aspecto serpenteante.

El Bistró llama la atención por el color blanco de sus paredes y la luz que penetra desde los ventanales. En este espacio destaca la combinación de finas telas, dorados, rosas viejos, pieles de vaca, manteles blancos y candelabros. Pero la mayor sorpresa llega en una de las salas que alberga una cocina completa junto a una gran mesa. Aquí se mezcla lo clásico y lo industrial, con sillas toscas, cortinones y dos amplias lámparas que iluminan el interior.

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Ricard-CamarenayJose-Marin-

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Sin duda alguna, esta mezcla explosiva que resulta el Ramses sólo puede ser obra de un espíritu genial, controvertido, travieso y extravagante como el de Philippe Starck.A ello hay que sumar, sin duda alguna, la oferta gastronómica del reconocido chef Ricard Camarena. El cocinero valenciano, galardonado con una estrella Michelín y tres soles Repsol, ha conseguido hacer del Central Bar y el Bistró uno de los escaparates más adecuados para mostrar la marca “Camarena”, no sólo a nivel gastronómico sino también económico. No obstante, hay que matizar que La Terraza, que se abre a partir del mes de marzo, ha contribuido enormemente a reforzar esta apuesta del Ramses.

Así que, si un día están de visita por Madrid y les apetece disfrutar de unas vistas privilegiadas y una oferta gastronómica de envergadura, no duden en visitar el Ramses. Eso sí, si sus bolsillos son generosos y se lo permiten.

 

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