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Los árboles más espectaculares de 2015

A estas alturas del mes de diciembre, todas las ciudades del mundo ya han inaugurado el encendido eléctrico de la decoración navideña para celebrar las fiestas más señaladas del calendario. Cada uno de los detalles ya ocupa su lugar. Y los árboles de Navidad ya han empezado a alumbrar los lugares emblemáticos de cada villa, aldea, pueblo o ciudad.  Fueron los celtas los que, para celebrar el nacimiento del dios del sol Frey que coincide con el día de Navidad, decoraban árboles para atraer la prosperidad y la fertilidad. Fue San Bonifacio quien cristianizó esta tradición para erradicar este culto pagano, aunque no fue hasta el siglo XVII cuando en Alemania aparece el primer árbol navideño que conocemos como tal en la actualidad. Muchas son las variantes para decorar este elemento tan imprescindible en esta época del año y muy diferentes y sorprendentes en los lugares más visitados y concurridos de todo el planeta. ¿Hacemos un repaso a los árboles más originales de estas Fiestas?

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Uno de los árboles más esperados cada Navidad por los parisinos es el que adorna las famosas Galerías Lafayette. Situado bajo la espectacular Cúpula Centenaria, el tema elegido este año es un tanto cósmico o sideral. La mismísima Vía Láctea ha tomado vida a través de adornos de oro y plata que representan meteoritos. El broche final corre a cargo de una lluvia de estrellas simulada que cae desde la cúpula principal.

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Otro de los árboles más famosos y celebrados cada Navidad es el que decora la ciudad de Río de Janeiro. Cada año, su inauguración se convierte en todo un espectáculo con conciertos y fuegos artificiales, siendo uno de los eventos más importantes después del Carnaval de Brasil. Con sus 85 metros de altura y unas 542 toneladas de peso, este árbol flotante se decora con más de tres millones de luces que alumbran la laguna de Rodrigo de Freitas sobre el que se levanta. La temática elegida para este año es el significado de la Luz, desde el nacimiento de las estrellas, pasando por la luz del Sol, la de la Navidad y la de las personas que han alumbrado la vida de cada uno de los habitantes de la ciudad carioca.

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Uno de los árboles que más han llamado la atención este año es, sin duda alguna, el que decora la Piazza Castello, en la ciudad de Turín. Realizado en cristal, sus luces emulan la decoración de las vidrieras de una catedral gótica medieval pero con un fin totalmente distinto: representan un calendario de Adviento.

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Sin duda alguna, el árbol más esperado por todos los niños es el que se levanta este año en la Plaza de la Federación en Melbourne y está realizado con piezas de LEGO. No podemos imaginar la cantidad de piezas que se han tenido que utilizar para alcanzar los 10 metros de altura y que ha llevado más de 2.000 horas de trabajo para levantarlo. Solo la estrella que lo culmina está formada por más de 13.000 unidades de estas famosas piezas. Además, todo el árbol se ilumina con unas 3.500 luces de LED. Toda una maravilla para los fans de estos juegos de construcción.

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A pesar de que esté feo comentarlo, el árbol más original y bonito de esta Navidad 2015 es el que decora la ciudad lituana de Vilna. Levantado en plena Plaza de la Catedral, en el corazón del casco antiguo de la ciudad, el árbol que decora este emblemático lugar, donde se celebra cada año el mítico mercado navideño, representa una casita de madera decorada con luces de colores que recuerda la mítica casa de los duendes de Santa Claus. A la vista, resulta tan acogedora que dan ganas de entrar en ella y quedarse a vivir.

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Y, aunque no fue realizado en este año, el árbol de Navidad más apetecible del mundo se encontraba en la ciudad francesa de Nantes. ¿Qué por qué era tan apetecible? Pues porque  estaba hecho, nada más y nada menos, que de chocolate. Imagínese 4 toneladas de chocolate alcanzando 10 metros de altura. En el salón de casa fijo que no entra. Pero lo mejor de todo fue el fin para el que se realizó: recaudar fondos para la investigación de enfermedades neuromusculares. El chocolatero francés Patrick Rogers puede estar orgulloso de esa golosa y dulce obra, aunque ya no quede ni un gramo de ella.

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Pintura orientalizante que hipnotiza

En el año 726, el emperador León III, el Isaúrico, ordenó destruir la imagen del mosaico que decoraba la puerta de bronce de la entrada a palacio. La imagen representaba a Cristo. Viendo lo ocurrido, el pueblo se levantó contra los destructores y llegaron a matar a uno de ellos. Empezaba así el periodo más revuelto de la historia del Imperio Bizantino y la controversia icónica con la prohibición de las imágenes sagradas. Sin embargo, la pintura bizantina consiguió resucitar después de este convulso periodo convirtiéndose en una de las más bellas, diferentes y tradicionales que ha llegado hasta nuestros días. En las universidades orientales aún se sigue enseñando las técnicas de los dorados, tan característicos de este estilo, y su conservación. Incluso la temática religiosa no se ha perdido del todo como en Occidente. No es por ello extraño que una artista como Katrina Taivane haya desarrollado un arte tan particular que tiene como fuente de inspiración Oriente y sus tradiciones.

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Nacida en 1976 en Moscú, Taivane se licención en la Academia de Bellas Artes de Letonia en el 2000. Cabe destacar que el estudio de los iconos bizantinos y ortodoxos fue su especialidad durante más de dos años. La religión, en su vertiente ortodoxa, ha sido uno de los temas predilectos en sus obras: altares para iglesias como el de Sigulda o el de Bauska, tripticos, portadas para libros de temática religiosa, pinturas murales… Resulta curioso que, en una sociedad occidental laica donde la pintura religiosa ha casi desaparecido de la temática artística, en la europa más oriental todavía tenga cabida este tipo de representaciones y que un artista pueda seguir desarrollando una carrera como si de un pintor medieval o renacentista se tratase. No obstante, hay que reconocer que su temática es mucho más amplia y no se ciñe estrictamente al ámbito religioso, aunque sí ocupa buena parte de su obra.

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Sus pinturas laicas abarcan diversos temas, desde figuras literarias a personajes infantiles, pero todos ellos guardan un halo de melancolía y cierta languidez. A menudo los escenarios parecen surrealistas, imaginarios o fantásticos y más que situar al espectador en la acción parece que le llevan directamente a las figuras protagonistas, con una intención meramente decorativa. Se vuelve así la vista a los iconos bizantinos, donde los fondos dorados quedan en un lugar secundario para que el mensaje lo transmitan las figuras que lo pueblan. Los personajes principales gozan de una carga psicológica tremenda, como si con sus gestos y actitudes hablaran con palabras. El elemento emocional queda así transmitido a través de pocos elementos pero que a su vez comunican todo el significado interior de la obra.

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Una pintura suave, surrealista y melancólica que atrapa al espectador a través de sus figuras, cuyos gestos y actitudes transmiten un mensaje completo, poético, cargado a veces de cierta frialdad característica de los países norteños. Muy lejos queda la pasión y la calidez de la pintura mediterránea para expresar con una emoción contenida todo un mundo de significados que hipnotiza al observador.

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La pintura báltica de Gediminas Pranckevicius

En un lugar situado en el Báltico se instalaron, hace ya algunos siglos, un pueblo al que se le denominó como Balto. A lo largo del tiempo fue tomando fuerza y estableciendo contactos con los países nórdicos, germánicos y eslavos que lo rodeaban hasta que finalmente se constituyó con el nombre de Lituania. Las influencias externas unidas con las nativas de estos primitivos pueblos fueron creando una personalidad y carácter único. De esas tradiciones nativas se conservan ciertos nombres medievales que aún hoy en día siguen en uso. El artista de hoy proviene de este lejano país y tiene nombre de un gran soberano medieval que supo hacer reformas administrativas, religiosas y territoriales para dejar las sólidas bases de este pequeño lugar.

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Gediminas Pranckevicius se dedica al diseño digital aunque su verdadera pasión es la pintura al fresco. Hay que recordar que la tradición pictórica lituana está bajo la influencia de las tradiciones artísticas polacas y rusas. En la actualidad, en el arte polaco, en general, predomina cierta incertidumbre o desconexión artística con el resto de los países occidentales, lo que hace dudar muchas veces de la brillantez de sus trabajos y artistas. En la pintura polaca predominan los temas religiosos de fuerte pietismo, el arte crítico, la naturaleza y la poética de la provocación. También ha sabido absorber la influencia de culturas externas al resultar uno de los países europeos más atractivos para los extranjeros. Pero la tradición iconográfica bizantina ha sido tan fuerte en este país que el colorido y la luz que muestran la mayoría de sus artistas sigue vigente gracias a día de hoy. Y ese interés por la naturaleza, el colorido y la luz se muestra en la obra de Pranckevicius.

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Rusia también tiene una fuerte tradición bizantina en su pintura heredada de la Edad Media, cuando los iconos se pusieron de moda imitando los que ya se realizaban en Bizancio. A pesar de la influencia europea en las artes, hay dos elementos característicos de la pintura rusa que son las miniaturas y la llamada pintura folclórica. Las primeras resultan obras delicadas, laqueadas y de temas populares, mientras que la segunda recoge la obra de aquellos artistas que desarrollaban sus trabajos fuera de lo marcado por la Academia. Así, Gediminas conserva el gusto ruso por la miniatura y el desarrollo de temas poco convencionales.

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Y son los temas predominantes en sus ilustraciones los que pueden resultar sorprendentes. La naturaleza se convierte en el elemento principal en la mayoría de sus obras, pero domesticada a través de su propio intelecto. Paisajes que parecen imaginarios, donde se pueden contar dos o tres historias al mismo tiempo, enlazan en un mismo espacio pero no tienen nada que ver entre sí. A veces se entremezclan con elementos urbanos, casas de madera típicas de la cultura báltica o incluso ciudades medievales que surgen de improvisto en la naturaleza. Su capacidad narrativa no tiene límites y en ello reside la fuerza de su creación.

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La fantasía también inunda muchas de sus obras en formato infantil, con animales que cobran vida en modo sarcástico e incluso irónico. A veces, pone el mundo del revés llamando a la provocación para captar la atención del espectador. Otras, recurre a la sonrisa fácil con personajes entrañables y situaciones cómicas. En todas ellas, el elemento surrealista queda expuesto de forma armónica, suave y detallista reclamando su minuto de gloria en la retina del observador.

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El Art Nouveau de Jekaterina Razina

Una ciudad de finales del siglo XIX en Europa. Un desarrollo industrial en pleno apogeo. Una sociedad activa y moderna, optimista, alegre, llena de vida y elegante. Una nueva clase social que se ha consolidado y se ha convertido en el símbolo del triunfo del progreso: la burguesía. Todos estos elementos hicieron posible la aparición y el auge de un movimiento que se dio en la totalidad de las artes y que fue bautizado con el nombre de Modernismo. En él se daba la misma importancia tanto a los elementos decorativos, como podían ser muebles y vajillas, como a las artes mayores y todo ello con el único fin de resolver todas las necesidades cotidianas de la vida del hombre a través del arte.

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De repente, una decoración basada en el mundo natural y los elementos orgánicos empiezan a invadir los edificios de las urbes. Las líneas curvas y onduladas empiezan a cobrar vida y fuerza en cada superficie donde se pueden observar formas florales, arbóreas, marinas, animales… que incluso se trasladan a las representaciones humanas y, sobre todo, femeninas. Uno de los pintores más destacados en el arte de la pintura fue, sin duda alguna, Alfons Mucha. Su tratamiento de las figuras femeninas fue suave y casi evocando a figuras mitológicas, con mujeres exuberantes a la vez que robustas y que han quedado grabadas dentro del imaginario colectivo.

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La artista a la que dedicamos el artículo de hoy tiene algún que otro punto en común con Alfons Mucha. Las figuras femeninas llenan sus lienzos de principio a fin. Aunque las formas han evolucionado y se han fusionado con elementos mucho más vivos que muestran la esencia de su creadora.

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Pocas cosas se saben de Jekaterina Razina. Nacida en Lituania en 1984 se ha dedicado a las artes desde la secundaria y se ha licenciado como pintura y diseñadora gráfica en su país de origen. Pero lo que sí se intuye es una gran capacidad creativa y una puesta en escena que recuerda mucho las del Art Nouveau. Esas figuras femeninas se yerguen como musas de la exuberancia pero con un toque de sensualidad muy delicado. La belleza de sus protagonistas es estilizada, efímera y variopinta. Llama enormemente la atención ese tatuaje que presentan en su piel cada una de estas figuras, como si los elementos decorativos florales que las acompañan se hubiesen mimetizado con la esencia de estas mujeres formando un todo. Todo ello acompañado de un colorido vivo y alegre que transmite y empatiza con el estado de vida de cada una de sus protagonistas.

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