Etiqueta: despedida

Decir adiós a tu perro es una de las cosas más difíciles de tu vida

Nuestras mascotas son parte fundamental de nuestra vida y aunque pueda parecer un tópico e incluso algo totalmente fuera de sentido para aquellas personas que no comparten su día a día con un perro, ahora, la ciencia ha demostrado el impacto que tiene su pérdida en nosotros.

Leer más

El desconsolado dolor de Pelayo Díaz al despedirse de David Delfín

David Delfín ha dejado con su marcha mucho dolor, pero también un grato recuerdo al que todos se aferran ahora que toca despedirse de él. Si sentida ha sido la despedida de su novio, Pablo Sáez, muy emotiva y cargada de significado es la que le ha dejado en su perfil de Instagram Pelayo Díaz, el bloguero al que le cambió la vida, rompiéndole los esquemas, para más tarde dejarle volar solo.

Leer más

Año nuevo. Viejos miedos.

¿Tienes miedo? Yo sí.

No sé cómo irán las cosas a partir de ahora pero me he propuesto seguir adelante sin ti.

Sé que tu intención ha sido protegerme, evitar que cometiera errores, pero creo que tengo que separarme de ti. Esta relación me está haciendo daño, ya no es bonita ni sana.

Soy consciente de que una parte de lo que me cuentas siempre tiene sentido pero a veces te siento tan incrustado dentro de las entrañas que creo que te apoderas de todo lo demás. Te apoderas de mí.

te has hecho muy grande y yo muy pequeña.

A veces te alojas en mis costillas y me cuesta incluso respirar, es cuando me visita tu amiga la ansiedad.

No me dejas avanzar, las ideas se convierten en “peros” y las oportunidades en nidos de dudas e inseguridades. ¿Seré capaz? ¿Gustará? ¿Me estoy equivocando? ¿Y si no sale bien?

Pero me he dado cuenta de que no pasa nada por tropezarse, el problema es encariñarse con la piedra.

Y tú eres mi piedra ahora mismo. Por eso he decidido decirte adiós, estás demasiado presente en mi vida y no me dejas ser yo misma. Me bloqueas, haces que me ponga a la defensiva o me enfade sin yo querer.

Quiero pensar en ideas para construir y no tanto en razones para desmontar.

Llevo toda la vida contigo y no sé cómo voy a separarme de ti. Recordaré todo lo que me has enseñado, siempre estarás presente, pero no puedo permitirte seguir haciéndolo de esta forma porque así no es sano vivir. No va a ser nada fácil, sé que a veces te llamaré a gritos, pero te pido que por favor guardes las distancias si de verdad quieres cuidarme.

Quiero poder vivir el presente y disfrutarlo, ser feliz sin preocuparme tanto por lo que digas. Y para eso sólo conozco una solución:

Tengo que despedirme de ti, tienes que dejarme ir para que pueda volver a ser grande. 

Es hora de que construya mi vida sin tanto miedo. Tengo que decirte adiós, miedo.

¿Te suena?

El miedo. La sustancia base de todas nuestras inseguridades. La preocupación por el rechazo, por no gustar, por quedarse solo, por equivocarse, por no ser lo suficientemente bueno, inteligente, divertido o guapo. El miedo a la inestabilidad, a fracasar, a decir adiós, a perder a las personas que queremos, (¡ese gran encendedor de los celos!). El miedo, un sentimiento muy conocido que se instala en nuestra tripa y nos aprieta el corazón dejando a nuestro cerebro sin palabras de aliento.

Lo curioso es que este sentimiento acaba provocando aquello que más tememos, porque no nos permite intentar lo que deseamos con toda la fuerza, ya que una gran parte de ella está concentrada en controlar esos pensamientos que nos destruyen y nos incapacitan.

El miedo a ser lo que no queremos ser puede convertirnos precisamente en ello sin querer, ya que de la mano de las inseguridades se nos escapan todas las armas que tenemos, y que como personas nos hacen diferentes, especiales y resilientes.

Tener miedo no es malo, es algo normal que experimentan todas las personas, cumple una función de protección y puede expresarse de muchas formas; está muy relacionado además con la ansiedad, rabia, tristeza… El verdadero problema se pone de manifiesto cuando hace que dudemos con mucha frecuencia de nosotros mismos, paralizándonos, entonces es necesario rebuscar, ver qué es aquello que me hace sentir tan inseguro y cambiarlo. Cuando nosotros asumimos la responsabilidad sobre nuestras emociones, se hace más fácil tomar control y manejarlas.

Si sientes que te invaden los miedos o las dudas, pide ayuda, háblalo con las personas de tu entorno, acude a un profesional, pero sobre todo, habla con tu propio miedo; sí, sí, en serio, como si fuera una persona. No hace falta que lo hagas en medio de la calle dando vueltas de un lado a otro como el vagabundo de la esquina con los pantalones orinados. Manten un diálogo interno, pregúntale qué es lo que le preocupa para que puedas tomar conciencia y actuar de otra forma.

También ayuda tratar de encontrar frases positivas cada vez que te visite uno de estos pensamientos destructivos; por ejemplo cambia un «no sé hacer ni un huevo frito sin quemarlo»  por un «esta vez me ha salido mal pero la próxima vez me saldrá mejor», «cocinar no se me da tan bien pero soy un experto arreglando bicis». Cuando cometemos un error en un espacio y tiempo, tendemos a hacer un juicio de valor y generalizarlo a toda nuestra vida: «un hoy metido la pata haciendo x» se convierte en un «soy un desastre y siempre meto la pata». Lo que nos inseguriza y nos crea aún más miedo en el futuro.

Piensa qué te diría alguien que siempre te haga sentir mejor o con más confianza, ese amigo o familiar que siempre nos recuerda todo lo bueno de nosotros, y no pensar precisamente en lo que nos dice ese cuñado tiquismiquis y toca***** en la cena de Navidad sobre el equivocado rumbo que está tomando nuestra vida.

Hay que tirarse a la piscina de vez en cuando si de verdad es algo que nos importa.

Adiós miedo. Hola 2016.

 

 

 

¿Por qué resulta tan difícil decir «adiós»?

LET GO. ¿Habéis escuchado alguna vez esta expresión en inglés? La primera vez que la escuchas, no te llama especialmente la atención, sin embargo, a medida que vas descubriendo su uso y el contexto en el que se utiliza, comienza a captar un poco más de interés.

¿Qué significa? Dejar ir. Dejar marchar. Soltar.

“Pues vaya tontería”, dirás, “no sé qué tiene de especial esta frase”. Ahora párate a reflexionar un poquito sobre las cosas que has tenido que soltar en tu vida, sobre todo aquellas personas de las que tanto te costó desprenderte; quizás porque la relación ya no era lo mismo, porque había conflictos, o incluso porque el contacto con ellas había comenzado a hacerte daño al no recibir lo que querías.

¿Fue fácil? Seguramente no. De lo contrario, por favor, escríbenos y cuéntanos el secreto.

El vínculo es una relación íntima y cercana que se establece con alguien, puede ser una de las sensaciones más bonitas que podemos llegar a experimentar, pero también una de las más dolorosas si la relación comienza a deteriorarse y ambas partes no se esfuerzan en poner solución. Hablamos de lo que cuesta “desprenderse” de aquellos amigos, familiares o parejas que construyen una parte importante de nuestra historia personal; esas personas especiales que en algún momento (o muchos) han sido importantes para la construcción de nuestra identidad por el motivo que sea y cuya relación deja de ser lo que era. Quizás nunca lo fue, pero así lo sentías tú, y eso es lo que importa.

¿Por qué resulta tan difícil decir “hasta pronto” o “adiós” a esa persona que tanto significa para ti? ¿Por qué no seguir luchando hasta el final? Seguro que alguno de los que está leyendo esto ahora mismo está pensando en aquella pareja por la que se partió la cara hasta el final a pesar de sentirse poco o nada valorado, quizás ni siquiera bien tratado; o en aquel amigo al que te cansaste de llamar porque nunca estaba cuando le necesitabas.

Looking

El momento en el que tienes que asumir que una relación –del tipo que sea- ya no es lo que era, es realmente duro y muchas personas se empeñan en aguantar carros y carretas con tal de salvar el vínculo, pero eso supone un gran coste y desgaste emocional que no mereces, porque te cansas de esperar esa palabra o ese cariño que nunca llega. Trae enfados y reproches que con frecuencia hacen que la relación se deteriore aún más.

No es cuestión de que haya que mandar a la gente a freír espárragos a la primera de cambio, toos pasamos por momentos duros o en los que necesitamos tiempo para nosotros mismos, o en los que uno puede invertir más que el otro, pero lo importante para mantener una relación de forma sana a largo plazo es que exista un mutuo cuidado, una reciprocidad con la que ambas partes estén satisfechas.

En ocasiones, hay que ajustar las expectativas que tenemos, revisarnos a nosotros mismos para mejorar y dejar de pedir a los demás lo que no somos capaces de darnos nosotros. Sí, claro que sí, PERO (y sobre todo al hablar de cuestiones de pareja), cuando es preciso trabajar sobre determinados aspectos, AMBAS partes son las que tienen que cargar con ese peso, a veces no basta con querer, hay que tener GANAS. En el momento en el que siempre es una de las partes la que tira del carro, la relación tiene todas las papeletas de convertirse en tóxica.

Decir adiósNo hablamos aquí de personas tóxicas, sino de relaciones tóxicas. Por eso no tenemos que sentirnos culpables si el resultado final no es el que esperábamos, no siempre significa que tú estés haciendo algo mal, significa que algo va mal en la relación y para que eso se pueda arreglar (o al menos intentarlo), no vale con que sea solo uno el que pelea contra viento y marea.

Entonces… ¿Por qué nos empeñamos? Porque duele mucho dejar ir a alguien a quien queremos, dejar de compartir con esa persona momentos y risas, o incluso lágrimas. Duele MUCHO asumir que esa persona no va a estar en tu vida de la forma en que te gustaría y que algo ha cambiado.

Cuando eso ocurre a veces nos enfadamos, nos sentimos defraudados, experimentamos rabia, ira, tristeza y una larga lista de emociones negativas que son legítimas pero de las que nos tendremos que ir despegando poco a poco si no queremos encerrarnos en un caparazón que acaba ahogándonos en la más absoluta soledad. Es necesario aprender y respetar que las personas y las relaciones cambian, si no queremos sufrir innecesariamente; las relaciones no son estáticas y no siempre vamos a obtener lo que deseamos, pero eso no significa que no podamos seguir construyendo y descubriendo. Lo importante al final del día es irse a la cama con la conciencia tranquila, sabiendo que has hecho las cosas como mejor podías o sabías.

La verdadera libertad consiste en aprender a soltar cosas y personas, quién sabe si para volver a retomar en un tiempo (o no), pero siempre poniendo por delante nuestro propio bienestar emocional. Nadie merece mendigar cariño y por eso hay que rodearse de la gente que nos quiere bien, que nos ayuda a crecer, que valora lo positivo de nosotros y nos ayuda a mejorar nuestros defectos. Nadie dijo que fuera fácil, pero desde luego os aseguramos que más difícil se hace vivir a la espera de recibir algún día aquello que necesitáis hoy en día.

Aprende a soltar para poder tener las manos (y el corazón) libres y así recibir lo que tenga que venir.

I love me

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén