Etiqueta: desamor

La vida y el amor en desgarradoras ilustraciones

¿Conoces ese momento en el que una mano fantasma entra en tu pecho y te roba o aprieta el corazón dejándote sin respiración?

¿O ese instante en el que algo provoca un pinchazo en lo más profundo de tu ser?

(Casi) Todas/os hemos perseguido amores imposibles, amores dignos de haber subido el Everest sin manos y sin pies, amores que no eran amores y que le dan la vuelta a nuestro cerebro, colocándolo del revés, a la altura exacta del corazón.

Gypsie Raleigh es capaz de plasmar en sus dibujos todos esos momentos que no siempre son fáciles de expresar con palabras, sensaciones y dolores que sólo saben explicarse desde muy dentro. 

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David Bustamante y Paula Echevarría: el fin de un amor no apto para diabéticos

Pocas esperanzas tenemos puestas en el amor tras conocerse la ruptura de Paula Echavarría y David Bustamante, que ponen punto y final a su matrimonio después de más de 12 años de relación. Ya fue duro ver a la pareja de oro de Hollywood, Angelina Jolie y Brad Pitt, echándose los trastos a la cabeza a finales del pasado año, lo mismo que sucedía con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, cuyo romance echaba aguas por doquier y, como ‘Ella baila sola’, se vieron en el dilema de ver cómo repartir los amigos. No me llevaba tal disgusto desde que Imanol Arias, en la piel de Antonio Alcántara en ‘Cuéntame cómo pasó’, le era infiel a Ana Duato –Merche- con otra señorita.

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Del Tinder al amor en tres whatsapps

¡Hola! ¿Hola? Sí, tú. El que tiene los ojos incrustados en la pantalla del móvil. Levanta la cabeza y mírala. Tienes a la chica del Tinder que te acaba de interesar delante de ti en el asiento del metro… ¡Pero deja el móvil y mí-ra-la!

¿Por qué no la dices nada? Bueno claro, para eso tendrías que darte cuenta de que está ahí delante.

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¿Cuál es el precio del amor?

Sus mejores amigos eran un boli y un papel; al menos todavía le quedaba el brazo derecho para seguir escribiendo.

¿Conocéis la historia de cómo perdió el brazo izquierdo?  

Un día se lastimó, tenía una herida que le dolía de forma intermitente, cada día. A veces se sentía muy feliz porque estaba aprendiendo a vivir con esa cicatriz constante, sólo le daba calambrazos de vez en cuando.

Sin embargo, un día el dolor fue demasiado. Tan intenso y tan profundo que, tras meditarlo y haciendo de tripas corazón, se rebanó el brazo de cuajo. No podía aguantar más.

Así, mutilada y sin brazo, lloró y sangró hasta que consiguió suturar la herida. Sabía que no volvería a ser la misma persona. Se convenció de que se acostumbraría; tal vez, con el tiempo, conseguiría una de esas piezas ortopédicas que le ayudaría a manejarse mejor, aprendería a hacer las cosas de otra forma.

Le dolía mucho, a veces incluso le despertaban los fuertes pinchazos en la sutura.

«Se pasarán. Mejor un dolor agudo puntual que un dolor crónico», se decía.

Esa noche se fue a dormir tarareando una canción que le hizo sonreír  «Here, There, Everywhere» de The Beatles. Era consciente de que había perdido un brazo, pero quizá (ojalá) había ganado una nueva vida. 

Se desprendió de aquello que tanto quería pero que tanto le daño le hacía.  

¿Y tú? ¿Has tenido que hacerlo alguna vez?

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¿Cuántas veces mantenemos relaciones que nos hacen daño porque sentimos que somos incapaces de irnos o dejar ir? Pensamos que el dolor que vamos a padecer al sufrir la pérdida de esa persona que tanto queremos será demasiado grande, nos negamos a renunciar a lo que nos aporta, creemos que sigue mereciendo la pena luchar. Lo intentamos una y otra vez, pero algo no termina de encajar, no estás completamente cómodo ni feliz pero “¿y si…?”

¿Por qué continuar? ¿Qué nos empuja a quedarnos?

Confiamos en que esa persona o esa relación cambiará, queremos, lo deseamos y por eso lo peleamos contra viento y marea desgastando nuestras fuerzas en el intento.  “Si cambiara podríamos ser felices”, “las cosas pueden mejorar”, pero la realidad es que, a pesar de todo el esfuerzo, el puzzle no termina de encajar. No estás siendo todo lo feliz que podrías y la energía que necesitas para serlo se pierde en el “todo vale por amor”.

Imagina una cuerda atada a tu muñeca. En un primer momento no aprieta, nos brinda incluso cierta seguridad: si tropiezas tal vez te ayude a mantenerte en pie y no caer. Sin embargo, esa cuerda se va estirando cada vez más por el uso y ya no resulta tan cómoda; de hecho, por miedo a que se nos  escape y perdamos lo que nos ofrece, la agarramos con más fuerza aún, tanto, que acabamos tirando de ella hacia nosotros. La cuerda se tensa, cada vez nos aprieta más; la seguridad que te brindaba se desvanece, comienza a dejarnos marcas en la piel y a cortarnos la circulación. Hace daño y duele.  

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Cierra los ojos por un segundo, deja de tirar de la cuerda. El miedo a perderla te paraliza, te impide soltarla. Pero consigues sacar valor del mismo sitio de donde sale todo el daño, todas las lágrimas que el tira y afloja ha vaciado y… Sueltas. El miedo sigue ahí pero comienzas a sentir la sangre fluir por tu mano de nuevo, puedes ver las rozaduras que te ha provocado la cuerda.

Amor sí, pero ¿a qué precio? 

¿Por qué no soltar antes?

¿De qué miedo nace la cuerda? ¿Qué miedo se esconde detrás (de ti)?

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El Museo de las Relaciones Rotas

Has roto con tu pareja, de la que estabas enamorad@ hasta los huesos. Ahora ya no está, pero cada vez que miras las paredes están llenas de sus recuerdos, de sus abrazos y de todos los rastros que su ausencia ha dejado tras de sí. Es imposible despedirse -si es que ésa es tu intención-.

Las sobras del amor que quedan tras la ruptura. Algunos restos quedan enterrados en una caja en el fondo del armario, otros se queman en la hoguera de San Juan, hay quienes prefieren arrojarlas a la basura con rencor o indiferencia y quienes los recolectan como muestra del amor que un día existió. Pero también están aquellos que los exponen cual pieza de arte.

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Así nació el Museo de las Relaciones Rotas -Museum of Broken Relationships-, una galería un poco especial y que abre sus puertas en Los Ángeles en mayo de 2016. Sin embargo, al igual que ocurre con muchos remakes, el origen de esta idea nace de un proyecto itinerante desde el año 2006 y que finalmente instaló primera sede fija en Zagreb, Croacia.

Aunque muchos puedan pensar que se trata de una exposición creada desde el morbo del despecho, lo cierto es que la idea original pretende recoger la esencia y el trasfondo de una relación que se ha acabado, un proceso de separación simbólico. Las piezas son donadas y se pide que cada objeto vaya acompañado de la explicación y su significado, pueden ser anónimas pero se antepone como condición que no sean discriminativas.

Miles de historias de amor nacieron y murieron, pero merecen su lugar en este espacio tan particular.

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¿Por qué resulta tan difícil decir «adiós»?

LET GO. ¿Habéis escuchado alguna vez esta expresión en inglés? La primera vez que la escuchas, no te llama especialmente la atención, sin embargo, a medida que vas descubriendo su uso y el contexto en el que se utiliza, comienza a captar un poco más de interés.

¿Qué significa? Dejar ir. Dejar marchar. Soltar.

“Pues vaya tontería”, dirás, “no sé qué tiene de especial esta frase”. Ahora párate a reflexionar un poquito sobre las cosas que has tenido que soltar en tu vida, sobre todo aquellas personas de las que tanto te costó desprenderte; quizás porque la relación ya no era lo mismo, porque había conflictos, o incluso porque el contacto con ellas había comenzado a hacerte daño al no recibir lo que querías.

¿Fue fácil? Seguramente no. De lo contrario, por favor, escríbenos y cuéntanos el secreto.

El vínculo es una relación íntima y cercana que se establece con alguien, puede ser una de las sensaciones más bonitas que podemos llegar a experimentar, pero también una de las más dolorosas si la relación comienza a deteriorarse y ambas partes no se esfuerzan en poner solución. Hablamos de lo que cuesta “desprenderse” de aquellos amigos, familiares o parejas que construyen una parte importante de nuestra historia personal; esas personas especiales que en algún momento (o muchos) han sido importantes para la construcción de nuestra identidad por el motivo que sea y cuya relación deja de ser lo que era. Quizás nunca lo fue, pero así lo sentías tú, y eso es lo que importa.

¿Por qué resulta tan difícil decir “hasta pronto” o “adiós” a esa persona que tanto significa para ti? ¿Por qué no seguir luchando hasta el final? Seguro que alguno de los que está leyendo esto ahora mismo está pensando en aquella pareja por la que se partió la cara hasta el final a pesar de sentirse poco o nada valorado, quizás ni siquiera bien tratado; o en aquel amigo al que te cansaste de llamar porque nunca estaba cuando le necesitabas.

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El momento en el que tienes que asumir que una relación –del tipo que sea- ya no es lo que era, es realmente duro y muchas personas se empeñan en aguantar carros y carretas con tal de salvar el vínculo, pero eso supone un gran coste y desgaste emocional que no mereces, porque te cansas de esperar esa palabra o ese cariño que nunca llega. Trae enfados y reproches que con frecuencia hacen que la relación se deteriore aún más.

No es cuestión de que haya que mandar a la gente a freír espárragos a la primera de cambio, toos pasamos por momentos duros o en los que necesitamos tiempo para nosotros mismos, o en los que uno puede invertir más que el otro, pero lo importante para mantener una relación de forma sana a largo plazo es que exista un mutuo cuidado, una reciprocidad con la que ambas partes estén satisfechas.

En ocasiones, hay que ajustar las expectativas que tenemos, revisarnos a nosotros mismos para mejorar y dejar de pedir a los demás lo que no somos capaces de darnos nosotros. Sí, claro que sí, PERO (y sobre todo al hablar de cuestiones de pareja), cuando es preciso trabajar sobre determinados aspectos, AMBAS partes son las que tienen que cargar con ese peso, a veces no basta con querer, hay que tener GANAS. En el momento en el que siempre es una de las partes la que tira del carro, la relación tiene todas las papeletas de convertirse en tóxica.

Decir adiósNo hablamos aquí de personas tóxicas, sino de relaciones tóxicas. Por eso no tenemos que sentirnos culpables si el resultado final no es el que esperábamos, no siempre significa que tú estés haciendo algo mal, significa que algo va mal en la relación y para que eso se pueda arreglar (o al menos intentarlo), no vale con que sea solo uno el que pelea contra viento y marea.

Entonces… ¿Por qué nos empeñamos? Porque duele mucho dejar ir a alguien a quien queremos, dejar de compartir con esa persona momentos y risas, o incluso lágrimas. Duele MUCHO asumir que esa persona no va a estar en tu vida de la forma en que te gustaría y que algo ha cambiado.

Cuando eso ocurre a veces nos enfadamos, nos sentimos defraudados, experimentamos rabia, ira, tristeza y una larga lista de emociones negativas que son legítimas pero de las que nos tendremos que ir despegando poco a poco si no queremos encerrarnos en un caparazón que acaba ahogándonos en la más absoluta soledad. Es necesario aprender y respetar que las personas y las relaciones cambian, si no queremos sufrir innecesariamente; las relaciones no son estáticas y no siempre vamos a obtener lo que deseamos, pero eso no significa que no podamos seguir construyendo y descubriendo. Lo importante al final del día es irse a la cama con la conciencia tranquila, sabiendo que has hecho las cosas como mejor podías o sabías.

La verdadera libertad consiste en aprender a soltar cosas y personas, quién sabe si para volver a retomar en un tiempo (o no), pero siempre poniendo por delante nuestro propio bienestar emocional. Nadie merece mendigar cariño y por eso hay que rodearse de la gente que nos quiere bien, que nos ayuda a crecer, que valora lo positivo de nosotros y nos ayuda a mejorar nuestros defectos. Nadie dijo que fuera fácil, pero desde luego os aseguramos que más difícil se hace vivir a la espera de recibir algún día aquello que necesitáis hoy en día.

Aprende a soltar para poder tener las manos (y el corazón) libres y así recibir lo que tenga que venir.

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