Uno de los árboles que conforman parte del paisaje mediterráneo y es seña de identidad propia es el olivo. Cuando los fenicios llegaron a las costas de Ispnya, su intención era establecer un comercio próspero de sus productos con los pueblos que la habitaban. No tardaron mucho en establecerse y crear sus primeros asentamientos e introducir cultivos nuevos como el del olivo. Este oro verde no tardaría en ser conocido por toda la Península. Tal es así que, los romanos, extendieron su cultivo por toda la zona sur del territorio y lo convirtieron en su sello de identidad.

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