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La escultura que ayuda a salvar el medio ambiente

Con una población que supera los 7 mil millones de habitantes y no para de crecer, no es difícil preguntarse ¿cuándo agotaremos nuestros recursos naturales?. Desde Malatinta, ya os hemos hablado de la importancia que tiene el reciclaje en el medio y ambiente y cómo poco a poco estamos destruyendo «queriendo o sin querer» nuestro «tesoro» más preciado: el planetaPlastic Pollution CoalitionMary Ellen CroteauKhalilChishteeTim Noble y Sue WebsterElisa Insua o el famoso artista del fuego Steven Spazuk son algunos de los artistas concienciados con el medio ambiente y cuyos trabajos han girado en torno al preocupante daño que estamos generando por nuestro egoísmo y ambición. Marcas como Ecoalf han querido demostrar que, gracias al reciclaje, podemos crear prendas igual o mejor que las diseñadas con pieles o materiales animales evitando así la destrucción y crueldad animal.

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Basura convertida en arte de la mano de Elisa Insua

No es la primera vez que hablamos de la segunda vida de los objetos reconvertidos en arte. Ni será la última. El arte reciclado, a través del uso de desechos y objetos antiguos, tiene numerosos adeptos en todo el mundo y, de hecho, en nuestro país se abrió el pasado año el primer concurso nacional ARTE Y RECICLADO, a cargo ID-Arte Madrid Recicla, con el objetivo de sensibilizar al espectador sobre las diferentes posibilidades que ofrece el reciclaje de los objetos. Y es que, una vez que descubres el inmenso mundo de artistas que hacen auténticas y espectaculares obras de arte a base de basura, no quieres salir de él. Ejemplo de ello es la joven argentina Elisa Insua, quien es capaz de transformar viejos teléfonos, antiguas Games Boys, iPods, piezas de ordenador, cámaras de fotos y cartuchos de impresora en el mismísimo Darth Vader.

Licenciada en Economía Empresarial por la Universidad Torcuato Di Tella en 2012, esta joven se declara obsesionada por el “color, diseño y el arte”. Fue gracias a un viaje por diferentes lugares de toda Europa donde se “disparó” toda su creatividad y le picó el gusanillo del arte, gracias a la influencia de numerosos artistas europeos que conoció durante su aventura. A su vuelta a Argentina, con tan sólo 21 años, realizó su primera exposición en San Telmo y poco tiempo después, fue convocada para la muestra anual Arte Espacio como artista emergente. Como no era de extrañar, su obra causó mucho impacto y comenzó a despertar el interés entre coleccionistas y galeristas. Desde entonces, Elisa puede presumir de vivir de su arte al 100%. “Siempre me fascinó el arte. Desde los 16 años vengo haciendo obras con la técnica de collage. No creía que podría vivir del arte hasta que empecé a vender obras sin parar, a exponer, hacer encargos para personas y empresas… y cuando me di cuenta de que ganaba más plata como artista, y me gustaba mucho más que mi vida corporativa, hice el ‘switch’. Pero la economía también me interesa mucho. Sigue siendo la sección del diario que leo primero”, reconoce Elisa en una entrevista a Twit Político.

«El concepto transversal de mi obra es el poder, en sus variadas formas: el dinero, la fama, la fuerza. Aparece la ambición como motor vital, pero también como pecado fatal. Mis piezas reflexionan sobre el deseo, la ostentación, y sobre la delirante obsesión humana por perdurar en la historia. Lo sagrado y lo profano se unen, se contraponen y se entretejen. Lo profano se sacraliza y lo sagrado se profana. El enriquecimiento y la acumulación aparecen como mandatos bíblicos, y los dioses se reducen a meros commodities», cuenta en su web sobre su obra.

Inspirada por la cultura pop, la argentina -también conocida como la “Naranja Metálica”- cuenta con dos centros de recolección, ambos situados en su país de origen, donde numerosas personas, seguidores y amigos, colaboran en la donación de viejos objetos. Llaves, monedas antiguas, móviles, botones, juguetes,… son algunos de los elementos principales de los que se componen sus alucinantes esculturas. Toda una delicia para saborear lentamente.

La ‘basura’ que quiso ser famosa y lo consiguió

En Malatinta os hemos hablado en varias ocasiones de nuevas formas de crear arte, pero ¿y si pudiéramos reutilizar nuestra propia basura para crear arte?. Si tenemos en cuenta que el ser humano llega a crear al año más de 500 kgs de desechos, podemos crear millones de obras de arte, eso es lo que debieron pensar Tim Noble y Sue Webster. Estos artistas son capaces de crear impresionantes montajes sin aparentemente sentido, pero que luego gracias a un foco de luz, la cosa cambia. «Nada es lo que parece», así podríamos definir sus trabajos, ya que montones de basura en la que animales muertos, ramas, tubos y demás atrezzo, crean una locura pensada y medida al «dedillo».

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¿Anti-arte?

Una técnica basada en la psicología de la percepción, gracias a la que el público percibe imágenes abstractas que más tarde se transformarán en otras más figurativas, junto con una actitud punk de hacer arte de anti-arte, Noble y Webster conforman un trabajo en el que el fin de unir a los polos opuestos: forma y anti- forma, alta cultura y anticultura, hombres y mujeres, artesanía y la basura, sexo y violencia, dan como resultado unas obras a las que sus mismo autores definen como «un arte que es la peor pesadilla de lo que el arte puede ser». 

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Desde su primera exposición, bajo el título Basura británica en 1996 , Noble y Webster han gozado de reconocimiento internacional con exposiciones individuales en Rockefeller Plaza , Nueva York, 2008, el Museo Freud de Londres en 2006 y muchas más. Su gran importancia en el arte contemporáneo y el ser considerados como «influencia radical en las generaciones más jóvenes», les llevó a recibir los títulos honorarios de Doctor en Artes en la Universidad de Nottingham Trent en 2009. Unas obras compuestas por un rechazo hacia una sociedad moderna en la que la basura tiene un protagonismo vital: «en nuestras obras consideramos las influencias tóxicas de nuestra cultura de consumo contemporánea y sus obsesiones narcisistas».

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