Cuántas veces hemos dicho a nuestros niños eso de “¡recoge, que vamos a comer!” mientras estaban jugando con sus juguetes. Si nos remontamos tiempo atrás, somos capaces de ponernos en su piel y entender lo mal que sentaba que te cortaran, así de pronto, todo el entramado de imaginación que pasaba por tu cabeza. Más aún si era una tarde de domingo y sabías que hasta el siguiente fin de semana no era posible recuperar esa historia que estabas creando con tus juguetes.

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