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GRIS, el esperadísimo estreno de Conrad Roset en el mundo del videojuego

Sin lugar a dudas, nadie como el ilustrador de Terrassa podía haberse introducido de una manera tan espectacular en el mundo gaming. Dos años de intenso trabajo en el que Conrad Roset ha desarrollado un universo de lo mas indie y acuarelístico en el que el jugador parece navegar entre las delicadas obras de Roset. ‘GRIS‘ es la llave para entrar a un mundo plagado de color, delicadeza y aventuras, en las Roset junto a sus compañeros y socios de Nomada Studio, Adrián Cuevas y Roger Mendoza, han conseguido hacer realidad uno de los sueños que le quedaban por cumplir al joven ilustrador.

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Las acuarelas poéticas de Jean Claude Papeix

La técnica de la acuarela es una de las más utilizadas por los aficionados a las artes, gracias a que permite grandes posibilidades. A pesar de su popularidad, su técnica hay que dominarla para conseguir los acabados que se desean, controlando tanto la cantidad de pigmento como el de agua empleados.

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Suavidad y belleza de la mano de Harusaki Suisai

Del mismo modo, las cosas hermosas llaman a otras cosas en la clase de las hermosas, las repulsivas llaman a otras en la clase de las repulsivas. Esto proviene del modo complementario en que se corresponden las cosas de la misma clase. Las cosas se llaman unas a otras, lo igual con lo igual”. El Taoísmo recoge una peculiar forma de entender la realidad y la naturaleza de todo lo que nos rodea, fruto de un profundo entendimiento del paisaje y el ambiente del que formamos parte y que ya los filósofos chinos supieron captar con gran inteligencia. También el concepto de belleza es muy diferente al ideal clásico que emana de la filosofía griega. Esta forma equilibrada y serena de calificar la realidad hace que las obras artísticas que provienen del Lejano Oriente sean mucho más profundas, siendo recogidas con una mirada cargada de serenidad por parte del espectador.

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Las acuarelas de Harusaki Suisai  están realizadas por dos artistas, Saki Kanta y Saki Yoko, ambos residentes en la ciudad de Fukuoka, en Japón, donde tienen instalado su estudio. Kanta se inició en la ilustración pero después cambió su técnica hacia la acuarela, un campo que le permitía muchísimas más destrezas y una mejor expresión de su sentimiento artístico. Por su parte, Yoko siempre ha desarrollado la acuarela en sus obras desde que iniciara sus estudios de diseño en la ciudad de Kyushu Zokei.

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Llama la atención que las obras de estos dos jóvenes artistas estén muy vinculadas a la tradición japonesa, la denominada técnica Sumi-e, aunque se ha unido a la técnica europea y al color de la acuarela tradicional. Esta antigua elaboración pictórica de Sumi-e se originó en China pero fue adoptada y rebautizada por los japoneses bajo esta denominación. Su principal propósito es representar sobre el papel todo elemento que en la naturaleza tenga vida, siguiendo así los principios de la filosofía taoísta a la que se vincula.

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Este método pictórico requiere de unos años de estudio, desarrollo y práctica. Lo primero de todo, para llegar a ser un buen artista, es preparar los materiales con los que se va a pintar y aprender a manejar el pincel y el agua para después empezar a crear motivos sencillos a través del trazo de flores, árboles, y al final poder realizar complicados paisajes. Para llegar a este punto, hay que llegar a dominar los cuatro caballeros de la pintura: la caña de bambú, la orquídea, el ciruelo y el crisantemo. Esto se consigue bajo años de práctica y esfuerzo para dominar el completo ceremonial al que se debe esta técnica y que es fruto del respeto de una sociedad por la práctica artística.

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Posiblemente sea ese respeto el que determina el cuidado y el refinamiento con el que se expresan las obras artísticas de este lado del planeta. Cualquiera puede practicar en su casa y con materiales baratos el arte de la pintura. No es necesario llegar a desarrollar una gran obra de arte para poder practicar y con ello expresar una mirada íntima y personal la vida a través del papel y la acuarela. Por ello, el arte de estas latitudes es mucho más reflexivo, particular y suave.

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Y esta última cualidad se observa no sólo al interiorizar los principios del taoísmo, basados en el respeto a la naturaleza y la vida en general. También en el uso de colores mucho más armónicos y en sintonía con el espíritu del artista.

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Una obra que sirve para contemplar y deleitar a los sentidos, que requiere una profunda reflexión y mimetización con lo representado y que consigue un efecto de calma, paz y armonía, uniendo la técnica de la acuarela con la tradición pictórica japonesa en un alarde de belleza y suavidad.

Las acuarelas arquitectónicas de Maja Wronska

Las pinturas denominadas “vistas” de una ciudad o de un monumento concreto fueron muy apreciadas durante el Barroco. Muchas de ellas servían para captar espacios y escenarios aislados para incorporarlos a obras mayores donde quedaban relegados a un segundo plano. La invención durante el siglo X de la denominada “cámara oscura” supuso un gran avance para la el campo de la pintura al proveer de imágenes mucho más potentes que el natural a los artistas que estaban interesados en los detalles y que las lentes de aumento permitían captar. Grandes artistas la utilizaron para capturar las vistas de ciudades como Delft, Venecia, Roma, Northumberland, Londres… y plasmar sus edificios y paisajes más emblemáticos y característicos, así como comprobar cómo han ido cambiando a lo largo de los siglos. La artista a la que dedicamos el artículo de hoy también es heredera de ese gusto por las ciudades y sus cambios de fisonomía, pero sobre todo por la arquitectura.

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Maja Wronska  nació en Polonia en 1989 teniendo muy claro que la arquitectura era su camino a seguir. Pero muchas veces cuando uno quiere hacer algo también se da cuenta que se le da bien alguna actividad complementaria. Cuando Maja estudiaba en la Universidad de Varsovia la pintura era una técnica complementaria a su formación como arquitecta. Dos años estuvo lidiando con los pinceles para poder sacar a la luz diseños arquitectónicos y proyectos que le exigían desde el resto de asignaturas. Pero como todo en esta vida está interrelacionado, y muchas veces te llevas grandes sorpresas, tuvo que alternar su pasión por la arquitectura con sus buenas dotes para la pintura.

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La artista polaca ejerce como arquitecta profesional pero trabaja como ilustradora freelance en sus ratos libres. Sus acuarelas han sido las más reconocidas a nivel de redes sociales pero también el dibujo a lápiz es uno de sus fuertes. La mayoría de las veces la arquitectura aparece como el tema central de sus composiciones pero bajo una mirada muy propia. Muy conocidos son los paisajes icónicos de ciudades como París, Praga, o Londres, donde muchos de sus monumentos o edificios emblemáticos son reconocidos por el observador que las identifica con un simple vistazo. El aura de ensueño y la propia interiorización de la artista le otorgan a estas pinturas un halo de melancolía muy característico.

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Actualmente ha realizado una serie sobre la ciudad polaca de Poznan, una de las más antiguas del país y que ostentó el título de capitalidad durante varios siglos. En ella la técnica de la acuarela deja ver un perfecto control del dibujo a través de los pinceles y del dominio completo del mismo. Se observa un trabajo meticuloso y perfeccionista, con una mezcla de colores variados, sutiles e irreales que permiten fijar la mirada sobre aquello que la artista quiere mostrar.

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Una obra única y con un sello personal muy peculiar, que ensalzan a esta joven y carismática artista como una futura promesa tanto del mundo de la pintura como del diseño.

Antonio Duarte y el arte de hacer lo que uno quiere

¿Eres de los que piensa que el arte se aprende en las aulas? o por el contrario, ¿crees que hay gente que nace con talento y no necesitan que nadie les enseñe a ser genios?. El arte, la creatividad y la imaginación no están reñidas con la profesión, sino con el ser y, eso, es lo que le ocurrió a nuestro artista de este mes, Antonio Duarte.

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Crisbel Robles y el arte de la poesía ilustrada

Ferias, galerías y festivales que cada día confían más en un arte que hasta «hace relativamente poco tiempo» no se consideraba un arte. La ilustración está sufriendo un proceso de transformación que para muchos eruditos de «entonces» era algo impensable. Ver, sentir y, sobre todo, conseguir que el público disfrute con la ilustración nos hace creer que, por fin, el mundo da lo que muchos años esperábamos recibir. Crisbel Robles es una de ellas. Una artista polifacética, cuyo amor por la ilustración nos hace emocionarnos en cada trazo.

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El arte «hambriento» de Sara Zin

Una artista “hambrienta”. Así es como se define Sara Zin después de presentar su último trabajo pictórico. Alguno pensará que su faceta como pintora no le da como para llevarse algo a la boca. Nada más lejos de la realidad. Estas obras recogen la época de estudiante y de primeros años de vida profesional en la que dedicaba tanta fuerza a su trabajo artístico que a menudo se olvidaba hasta de comer.

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Nacida en Seúl, Corea, Sara creció en la ciudad de Nueva York. En Detroit comenzó a estudiar ilustración, pintura y diseño. Tras graduarse en la Universidad de Washington, empezó a exhibir sus trabajos en la galería Pacini Lubel, donde recibió su primera beca que la llevó hasta la Costa Oeste para exponer sus obras.

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Zin reconoce que, como la mayoría de los estadounidenses, creció comiendo comida basura. Las frutas y las verduras eran platos ocasionales. Cuando llegó a la Universidad, sus principales comidas tenían como alimentos principales fideos precocinados y platos de microondas. En definitiva, una comida poco sana y nada equilibrada. Sin embargo, ahora se encuentra en un momento de preocupación por la salud y, sobre todo, la alimentación. Por ello, ha decidido crear una serie pictórica, realizada con acuarelas, que ha titulado Starving Artist.

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Un bache en su salud le llevó a enfermar física y psicológicamente, teniendo que abandonar la ciudad de Nueva York y su labor pictórica. Ella misma reconoce que la cocina nunca fue su fuerte. Tampoco le despertaba ningún tipo de interés. Así que, después de verle las orejas al lobo, aprendió a cocinar y decidió que la mejor manera de expresar todo este proceso de recuperación era a través de su obra. Quince son los lienzos que ha realizado hasta entonces, aunque tiene pensados plasmar muchos más.

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Estos bodegones incluyen platos de todo tipo, desde galletas de avena, ratatouille, alcachofas rellenas, ensaladas, carnes, pasteles… Gracias a este proceso, Sara ha aprendido que la cocina es todo un “arte” y que, al igual que durante la creación de sus obras, se necesita de tiempo, amor y paciencia para poder llevarla a cabo. Está claro que las mejores obras surgen de los momentos más críticos en la vida de todo artista. Sara Zin necesitó vivir una situación límite para entender que la vida y el arte van cogidas de la misma mano.

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