Snack Attack es un galardonado corto de animación que se ha vuelto viral. Creado por Eduardo Verástegui y su productora Metanoia Films, este corto está dando la vuelta a las redes haciéndonos reflexionar.

Al leer las reflexiones sobre este cortometraje, te das cuenta de que la mayoría de ellas gira en torno al valor de la generosidad y cómo se ha convertido en una cualidad descuidada en las personas, o cuasi perdida en nuestra sociedad.

Este cortometraje también habla sobre las opiniones que nos formamos en base a las primeras impresiones -incluso nosotros como espectadores detrás de la pantalla-. Habla sobre cómo creamos prejuicios o sesgos en base a dichas impresiones, en base a las apariencias incluso, afectando así a nuestra comunicación e impidiendo que veamos más allá.

En Malatinta nos gustaría añadir otra reflexión más que se despierta al final del corto, además de las que acabamos de comentar. Pero primero antes de nada, tienes que verlo, así que aquí lo tienes.

Si el chico se hubiera subido al tren, ¿qué creeis que hubiera hecho la abuelita? Probablemente la respuesta automática más obvia sería ‘disculparse’. Sin embargo, tal vez le hubiera dado vergüenza y se hubiera sentado en la otra punta del vagón, por ejemplo.

¿Cuántas veces te ha ocurrido que, en mitad de una discusión, te has dado cuenta de que no llevabas razón y aún así  has sido incapaz de parar y reconocer el error? ¿Cuántas veces has discutido porque tenías una idea fija sobre algún hecho o tema en cuestión, y te negabas a escuchar o comprender el punto de vista del otro?

Seguro que habéis experimentado estos u otros muchos malentendidos o problemas de comunicación que tienen lugar en el día a día: con tu familia, con tu pareja, con tu grupo de amigos o en el trabajo incluso.

La pregunta es: cuando te diste cuenta del malentendido o error y viste las cosas con más perspectiva, ¿fuiste capaz de disculparte después? Dicen que algunas de las expresiones más difíciles de expresar son ‘Gracias. Te quiero. Perdón‘; pero también son algunas de las más valiosas y necesarias para cuidar las relaciones cercanas.

La comunicación al final es como una película. Imagina una discusión entre dos personas. Si pusiéramos una cámara en la frente de una de las personas, sólo veríamos lo ocurrido desde su perspectiva Si la pusiéramos en la frente del otro, ocurriría lo mismo. Si llegáramos nosotros en mitad de la discusión, tendríamos otra imagen de la escena completamente distinta.

Pero para poder ver y comprender lo ocurrido necesitamos conocer toda la película, lo que se ve desde un plano o una cámara se queda corto. Por eso es importante tener en cuenta todos los planos, para poder comprender la secuencia y así crear una idea sólida de la situación y de la historia al completo.

¿Y tú, grabas películas con una cámara o tienes en cuenta el resto?