Color, geometría y multitud de piezas que parecen ensamblar a la perfección dan sentido a la obra del artista estadounidense Lui Ferreyra. Conjuntos sin forma, capaces de recrear espectaculares retratos y paisajes que, estudiados al milímetro, se convierten en auténticas obras de arte modernistas llenas de color y profundidad.

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Colorado, Ferreyra utiliza miles de formas que, cómo él mismo define: “hay un doble movimiento. El primer movimiento se fundamenta en una matriz geométrica que funciona como superficie: abarca y enfatiza el aspecto de la planitud dentro de una red compleja de formas geométricas, cada una de ellas única. El segundo movimiento se realiza con el efecto acumulativo de todas las formas que funcionan juntas como un campo de color en el que cada forma contextualiza cada una de las otras formas, proporcionando así todas las indicaciones visuales necesarias para manifestar una especie de ventana por la que se puede mirar.”

Una compleja y estudiada técnica que gracias a la ayuda del pastel comienza a tejer enredados retratos llenos de color. El resultado es muy parecido al tratamiento de las imágenes digitales en baja resolución; lo que provoca que el espectador sea partícipe de la obra, dándole pleno derecho para continuar su trabajo.