A tan solo unos metros de la más que espléndida Puerta de Alcalá, se encuentra uno de los restaurantes más emblemáticos y sólo apto para unos pocos privilegiados bolsillos: el célebre Ramses. Situado en la Plaza de la Independencia, en la milla de oro madrileña, este espacio llama la atención no sólo por su ubicación, sino también por la decoración interior que fue realizada nada menos que por el extravagante y atípico decorador Philippe Starck.

El conocido y reputado decorador industrial francés no sólo nos ha dejado huella en este restaurante. Otro conocido local de la capital madrileña ha tenido el privilegio de ser escenario de su creatividad. Se trata, sin duda alguna,  del afamado Teatriz que, tristemente, tuvo que cerrar sus puertas recientemente debido a la crisis. Este artista y creador  ha tenido el privilegio de poner en práctica su genio artístico a lo largo y ancho del mundo en el Palais de l’Elysée en París, el Café Mystiquw en Tokio, el Hotel Royalton de Nueva York o el Faena Hotel+Universe de Buenos Aires, entre otros.

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Inaugurado en el 2010, el local está formado por cuatro estancias diferentes: por un lado el bar de tapas, denominado Petit y situado en la entreplanta;  el bar de copas; la discoteca y el Bistró o restaurante de alta cocina. Todo el lugar está realizado con un estilo un tanto barroquizante o recargado, donde prima el kistch como elemento decorativo. Aunque hay que destacar la mano del artista Luis Urculo en la realización de los ideogramas que aparecen en los muros del establecimiento, que consigue que el espacio sea un lugar unificado que no pierde continuidad.

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El Petit es un lugar donde se combina un mobiliario afrancesado con muros de ladrillo vivo, un tanto industrializados, revestidos de pintura negra y grafittis de Urculo. En un rincón se abre una gruta bajo un arco de ladrillo que es el lugar más mágico del espacio.

El bar de copas está articulado en torno a la barra que se concibe como una gran mesa con un tablero que se apoya en el suelo mediante unas largas patas. Las paredes están revestidas de negro, repletas de motivos y un tanto paneladas. Los taburetes son sillas altas, con respaldos y brazos siendo bastante confortables.

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Un elemento destacable es la suntuosa escalera que conduce al Bistró. Las paredes que la recubren están tapizadas en capitoné y la barandilla realizada en plata consigue un aspecto serpenteante.

El Bistró llama la atención por el color blanco de sus paredes y la luz que penetra desde los ventanales. En este espacio destaca la combinación de finas telas, dorados, rosas viejos, pieles de vaca, manteles blancos y candelabros. Pero la mayor sorpresa llega en una de las salas que alberga una cocina completa junto a una gran mesa. Aquí se mezcla lo clásico y lo industrial, con sillas toscas, cortinones y dos amplias lámparas que iluminan el interior.

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Imagen-EFETUR

Sin duda alguna, esta mezcla explosiva que resulta el Ramses sólo puede ser obra de un espíritu genial, controvertido, travieso y extravagante como el de Philippe Starck.A ello hay que sumar, sin duda alguna, la oferta gastronómica del reconocido chef Ricard Camarena. El cocinero valenciano, galardonado con una estrella Michelín y tres soles Repsol, ha conseguido hacer del Central Bar y el Bistró uno de los escaparates más adecuados para mostrar la marca “Camarena”, no sólo a nivel gastronómico sino también económico. No obstante, hay que matizar que La Terraza, que se abre a partir del mes de marzo, ha contribuido enormemente a reforzar esta apuesta del Ramses.

Así que, si un día están de visita por Madrid y les apetece disfrutar de unas vistas privilegiadas y una oferta gastronómica de envergadura, no duden en visitar el Ramses. Eso sí, si sus bolsillos son generosos y se lo permiten.