good-nightNo se equivocó el director Stanley Donen al escogerla como personita entrañable con cara de ángel. Audre Hepburn fue un icono de Hollywood y de la moda, una combinación de sencillez y elegancia que sin duda enamoró al mundo entero. Tal y como Godard quedó prendado de Anna Karina, millones de artistas han retratado a la actriz, bailarina y cantante, en todas su facetas y colores. Por ello, le rendimos un merecido tributo. A continuación repasamos su filmografía, descubrimos curiosidades y disfrutamos de sus mejores ilustraciones y fan arts. ¡Larga vida a Hepburn!

Vacaciones en Roma (William Wyler)

En un primer momento, el papel de la princesa Ana estaba pensado para Elizabeth Taylor, pero finalmente fue Hepburn la elegida. También fue su primer trabajo serio para Hollywood con un actor de renombre, Gregory Peck, que convencido del éxito de su compañera, exigió que el nombre de la actriz apareciera al inicio del film, junto al suyo. Y no se equivocó. Ese año ganó el Oscar. De hecho, la gente ya se había enamorado de Hepburn antes del estreno de la película y fue portada del Time. Como curiosidad o anécdota, durante el rodaje de ‘Vacaciones en Roma’ visitó un famoso taller de vestidos de novia. Allí encargo su vestido de boda, pues Audrey estaba comprometida con el industrial británico James Hanson. Pero la boda fue finalmente cancelada y la actriz dijo a las modistas que regalaran el vestido a una “linda chica italiana” que fuera a casarse pronto y que no pudiera permitirse un diseño como el suyo.

«Soñé que estaba durmiendo en la calle y que, de pronto, se acercó un joven alto y fuerte y me trató bruscamente. Un sueño maravilloso.»

Sabrina (Billy Wilder)

El tema comenzó con mal pie. Humphrey Bogart, estaba empeñado en colocar a su mujer Lauren Bacall en el papel de Sabrina, cosa que finalmente no ocurrió ya que, Wilder, buscaba a una actriz más joven e ingenua. Así que el bueno de Humphrey se pasó de morros todo el rodaje por culpa de la falta de simpatía que, tanto actor como director, expresaban el uno por el otro. Y no contento con ello, cuando le preguntaron cómo era rodar con Hepburn, dijo: «Si no te importa repetir una escena 20 veces…» Agüita colega. Disputas aparte, con esta película nació una amistad entre Givenchy y Audrey que duraría toda la vida. Participaría en el vestuario de prácticamente todos sus vestidos, tanto fuera de la cámara como dentro de ella. Originalmente pensó que diseñaría el vestuario de Katharine Hepburn, ya que nunca había oído hablar de Audrey Hepburn hasta que se la presentaron. También fue la segunda película consecutiva en la que se cortaba el pelo como símbolo de madurez, la primera fue en ‘Vacaciones en Roma’. Y tiene miga la cosa porque a lo largo de su carrera compartiría cartel con actores que perfectamente habrían sido su padre. Gracias a Givenchy comenzaría a ser considerada como uno de los máximos exponentes dentro de la moda, sin contar con que se anotó un tanto más: su segunda nominación al Oscar como Mejor Actriz.

“París es para los enamorados, tal vez por esa razón solo estuve allí 35 minutos.”

Una cara con ángel (Stanley Donen)

Se dice que Fred Astaire tenía pelusa, y parece increíble de concebir pues, en un principio, ambos estaban deseando trabajar juntos. Pero el director comenzó a sentir un gran aprecio por Hepburn y el resto del equipo la adoraba. Audrey mostró entusiasmo por participar en su primer musical, donde demostraría no sólo sus dotes como actriz, sino también como bailarina y cantante, aunque a lo largo de su carrera lo negaran. Nuevamente, Givenchy estuvo a cargo del vestuario.
En ‘Una cara de ángel’ un fotógrafo de una conocida revista de moda busca una modelo excepcional. La casualidad lo lleva a una librería parisina donde, inesperadamente, descubre a una joven y tímida dependienta que reúne todas las cualidades que busca. Decide, entonces, convertirla en la mejor modelo de París. Hepburn desprende una dulzura arrolladora en el papel, incluso para los que huyen de los musicales.

Historia de una monja (Fred Zinnemann)

La película trata sobre una joven perteneciente a la clase media belga (Audrey Hepburn), que ingresa como novicia en un convento. Ya como hermana Lucas, es enviada al Congo a trabajar como enfermera en una misión, aunque en realidad será destinada a un hospital para blancos como ayudante de un cirujano. Fue una de las mejores interpretaciones de su carrera y uno de los mayores éxitos de la Warner. Con 8 nominaciones a los Oscar, desbancó a ‘Ben-Hur’. También fue la película que animó a Hepburn a volcarse en trabajos humanitarios, y la historia de amor que se narra (muy sutil) está considerada por la crítica como uno de los mejores momentos románticos cinematográficos.

Desayuno con Diamantes (Blake Edwards)

La adaptación al cine de la novela de Truman Capote, inmortalizó a la actriz en 1961 como icono del cine, de la moda y de la mujer americana. Ya nadie podría olvidar a una despistada y extravagante Holly que desayuna cada día frente a los escaparates de Tiffanys. Por otro lado, Henry Mancini, compositor de la famosa canción ‘Moon River‘ que interpretaba la actriz en el alfeizar de la ventana (una canción que dio quebraderos de cabeza al compositor), es una de las mejores baladas de la historia a pesar de la intención de Paramount de eliminarla del metraje. Mancini, después de que transcurrieran meses, consiguió escribirla en veinte minutos gracias a Hepburn que, palabras textuales, le sirvió como musa, y también fue la propia actriz quien defendió la canción frente a la productora para que no la retirasen.

«Se tardan exactamente cuatro segundos para ir de aquí a la puerta. Yo le doy dos.»

Charada (Stanley Donen)

Mitad thriller, mitad comedia, mitad romance, dosis de acción, mucha clase… Charada toca todos los palos. Un clásico del suspense con espías, intrigas y tejemanejes que merece la pena visionar, sobretodo para poder disfrutar del dúo Hepburn-Grant. Sin lugar a dudas rescatamos la escena en la que el personaje de Hepburn acude al entierro de su difunto marido, un gag:

No viene demasiada gente. La tenemos a ella, a su amiga Sylvie y al inspector que investiga la sospechosa muerte del difunto Charlie, señor que aprovecha para cortarse las uñas en la última fila de la capilla. Entonces entra el primer tipo, Irrumpe en el ambiente mortuorio sin pronunciar palabra, se acerca al cadáver, estornuda encima, le tose, le esputa todos los gérmenes habidos y por haber, y cuando no le queda ni un sólo moco, se sienta a un lado. Entra el segundo hombre, exactamente con la misma actitud que el primero. Se acerca al cadáver, saca un espejo, lo coloca bajo la nariz del muerto para posteriormente asegurarse que el cristal no se haya empañado y después toma asiento. Entra un tercer caballero pues, éste entra a lo grande, con portazo incluido. Se acerca al muerto, saca una aguja de la gabardina y, sin miramientos, se la clava en una mano al muerto. Con lo cual, lo irrelevante no es que nadie llore su muerte. Lo irrelevante es que todo el mundo necesite comprobar que no se levanta.

«¿Cómo iba a suponer que él era un embustero tan grande como tú?»

My Fair Lady (George Cukor)

Es la versión cinematográfica de la comedia musical de Lerner y Loewe, inspirada en el mito de Pigmalión, obra teatral homónima del escritor irlandés G.B. Shaw. Una comedia divertidísima en la que Henry Higgins (Rex Harrison), lingüista y señorito, debe instruir a Eliza Doolittle (Hepburn) una vendedora de violetas barrio bajera. El poema de «La lluvia en Sevilla» o la escena que transcurre durante las famosas carreras de Ascot (caracterizada por sus opulentos y enormes sombreros) en la que Eliza Doolittle se presenta de punta en blanco, casi parece un florero, es sin duda de las mejores. Ella sólo ha de hablar del tiempo y la salud. Bonito día y qué tal esta usted. De algo tiene que habla Eliza Doolittle.

«Mi tía Gertrudis murió de la gripe. Eso dijeron. Pero yo estoy convencida de que se cargaron a la pobre vieja»

Lo que nunca olvidaría la actriz sería la falta de apoyo que mostró el director al eliminar su voz original de las canciones musicales y sustituirla por la de Marni Nixon. Audrey ya había grabado la gran mayoría de ellas cuando dicha decisión, tomada por el estudio, no le fue avisada hasta la primera semana de rodaje, causando en Hepburn un gran disgusto. Jamás perdonó al director.

Imagen de portada: ilustraciones de Julia Denos para el libro ‘Just being Audrey